Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Miguel Costas Músico. Ex componente de Siniestro Total

“Discutimos, pero nunca llegamos a las manos”

“La decisión de despedirse en Madrid fue tomada por el grupo, al que ya no pertenezco. En estos dos conciertos actúo como invitado, no como miembro de la banda”

Miguel Costas. Pablo Vázquez.

La presencia de Miguel Costas en los conciertos del fin de la trayectoria en directo de Siniestro Total, que se celebrarán los próximos viernes y sábado en el WiZik Center de Madrid, será uno de los polos de atracción de esta fiesta de despedida. Charlamos con Costas para tomar sus pulsaciones y, avisamos: cuando se refiere a Siniestro, no se extrañen de que hable en tercera persona del plural (ellos). ¿Por qué? Lo averiguarán inmediatamente.

— El del próximo fin de semana viene a ser, para usted, una especie hola y adiós, esta vez definitivo, a Siniestro Total. Cuando le llamaron ¿dijo que sí inmediatamente o tuvo que pensárselo?

— No es exactamente un hola y adiós, porque yo de Siniestro me fui ya hace 27 años. A mí, cuando me llamaron, no era para hacer un último concierto sino para conmemorar el 40 aniversario del grupo, que en principio iba a constar de varias actuaciones en directo. Poco después, ellos decidieron que estos de Madrid fuesen los últimos, y cuando digo ellos quiero decir que fue una decisión absolutamente suya, en la que yo no tengo nada que ver, porque en esta despedida soy un invitado, no un miembro de la banda, al igual que ocurre con Segundo Grandío o Alberto Torrado, que también estarán.

— En cualquier caso es un reencuentro: ¿Inesperado?

— Un poco sí y un poco no. En parte lo deseaba porque, con la edad que tenemos, o lo hacíamos ahora o probablemente ya no lo hiciésemos nunca.

— Aquí no ha sentado bien que los últimos conciertos de Siniestro se celebren en Madrid. Si de usted dependiese, ¿el adiós sería en Vigo?

— Ha sido una elección en la que yo no tengo nada que opinar. Se trata de una decisión tomada por un grupo en el que yo no estoy. A mí si este concierto se celebrase en Vigo, y me invitasen, también iría, lo haría encantadísimo y me haría muchísima ilusión.

— La versión oficial de la causa de su ruptura con Siniestro fue una discrepancia con el “nuevo” rumbo musical del grupo pero ¿había algo más?

— ¡Pues claro que había algo más! Los planteamientos musicales en realidad no eran muy distantes. Hubo un momento en que una parte de Siniestro quiso llevar adelante un proyecto de banda paralela, formada por los mismos componentes de ST, dedicada a hacer versiones, y eso a mí desde luego no me pareció bien, al menos en ese momento. Esa fue la principal razón por la que me fui.

— ¿Y no hubo también razones personales?

— Sí, claro, también las hubo. Si no las hubiese, seguramente no habría roto con Siniestro. Y es cierto que tuvimos nuestras discusiones, pero sin llegar nunca a las manos.

— ¿Cuál sería la expresión más adecuada que definiese esa situación: “Me fui” o “Me echaron”?

-Me quedo con las dos. No es que me echaran, pero se produjeron una serie de desavenencias que desembocaron en eso.

"Julián y yo no somos como los hermanos Gallagher de Oasis, siempre en peleas, ni tampoco como Lennon y Maccartney, aunque esta comparación me gusta más”

decoration

— Me consta que Julián y usted no eran como los hermanos Gallagher de Oasis (por las peleas) ni Lennon y MacCartney con su lucha de egos. ¿Como funcionaba en la composición Siniestro en los tiempos en los que estaba usted?

— ¡Esto de las comparaciones…! La verdad es que, puestos a elegir, prefiero la de Lennon & McCartney (risas). Por mi parte, y aunque escribí bastantes letras, sobre todo en los primeros discos, yo a lo que me dedicaba era a la parte musical mientras Julián encargaba más de los textos. Pero todos nos repartíamos el trabajo, porque en el repertorio también había composiciones de otros miembros como Torrado, Soto… Solía ocurrir que alguien llegaba al estudio con una idea y, entre todos, se concretaba.

— Ya mencionados Lennon y MacCartney, y visto con el paso del tiempo, ¿quizás les hubiese hecho falta un Brian Epstein, manager, sí, pero también protector?

— Siempre tuvimos un road manager, que era el que gestionaba el grupo en todas las cuestiones que no estuviesen relacionadas con la música. De hecho, aún es el que tienen ahora. Lo que pasa es que, claro, cuando tienes 20 años no te importa ir a Alicante en furgoneta y volver por la noche inmediatamente después del concierto, pero a medida que cumples cierta edad… ya no está para esos trotes.

— Cuando se fue de Siniestro, usted ya se había hecho un nombre en el panorama musical. ¿Fue un error fundar Los Feliz en vez de recurrir, como hizo más tarde, a un “aquí estoy yo”, Miguel Costas, con su seña de identidad por delante?

— Sí, aquello fue un error por mi parte, y tengo que reconocerlo, porque la gente me perdió un poco de vista. Y a eso hay que añadir que, aunque el primer disco de Los Feliz tuvo buenas críticas, lo grabamos con una compañía que quebró, no por mi disco, conste (risas), y en una coyuntura en la que en la industria de la música estaban cambiando muchas cosas y muy rápidamente. Además, en los conciertos se anunciaba a Los Feliz nadie sabía quiénes éramos, lo cual repercutió en la poca asistencia de público a nuestros directos. Lo cierto es que estuve desencantado de todo durante unos años, decidí incluso dejar la música y, cuando volví, me costó bastante retomar el ritmo.

Miguel Costas a la guitarra, en un concierto con su banda propia FDV

— ¿Sintió que a usted no le perdonaban lo que siempre le habían perdonado a Siniestro? ¿Que una cosa era jugar en el Real Madrid y otra muy distinta el Celta?

— Evidentemente no es lo mismo estar en una compañía internacional que en una muy pequeñita, pero que fue la primera que me llamó y con la que grabamos. Yo recuerdo esa época como muy convulsa y muy confusa. Se creó una corriente de “julianistas” y otra de “costistas”…En fin, todas las opiniones son válidas, pero a mí lo que me importa es la música. Y si de algo me siento orgulloso es de haber permanecido fiel a un estilo y a lo que mí gustaba y me gusta hacer musicalmente.

— ¿Ha sentido que el Vigo “oficial” no ha tratado a Siniestro Total como se merece? ¿Que no les tienen el más mínimo respeto ni se reconocen sus méritos de proyección de la ciudad?

— A mí eso de la palabra “respeto”…Bueno,si te refieres a las calles que le dedicaron a Los Suaves en Ourense o a Rosendo en Carabanchel, la verdad es que eso personalmente no me importa nada. Lo que sí creo es que en Vigo siempre se tiende a admirar más a la gente de fuera que a la de casa. Y conste que esto no lo digo solo por Siniestro. En otras ciudades,sus grupos de rock o de pop son lo máximo, hay miles de ejemplos así…

— ¿Concretando?

— La gente quiere que toquemos en Vigo pero, si nota que la entrada es un poco carilla, van doscientas personas. En cambio, si fuese Rigoberta Bandini seguro que nadie se plantearía el precio y abarrotaría allá donde actuase. Es decir, y a ver si me explico: no es que los vigueses valoren menos lo de aquí, simplemente ocurre que valoran más lo que les viene de fuera.

— Siniestro se acaba pero el show debe continuar...

— Yo voy a seguir tocando, por supuesto. Para este verano ya tengo conciertos confirmados y también he recibido una propuesta para grabar un disco con canciones nuevas, lo que pasa es que hay que ver cómo lo hago.

— ¿A qué se refiere?

— A que si es un disco más para poner en la estantería, prefiero no hacerlo. Las canciones ya están compuestas y algunas grabadas, pero hay que esperar en qué condiciones sale el disco al mercado. Me refiero a cuestiones de marketing, de promoción, de total apoyo de la compañía…

— No está usted para bromas a estas alturas de su carrera.

-Cuando tienes veinte años y sacas un disco, aunque solo lo compren tus amigos, ya eres feliz. Pero después de, entre unas y otras cosas, 28 discos, como es mi caso, pues como que ya no te vale cualquier cosa ¿no?

Compartir el artículo

stats