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Los viejos oficios: José Luis Tejedor, vitralista

A través del vitral

Las obras de José Luis Tejedor pueden verse desde Nueva York a Galicia. Uno de sus vitrales más famosos es el del Parlamento gallego, que realizó a partir de un diseño de Díaz Pardo. Heredero de los maestros compostelanos, lleva toda una vida consagrada al oficio

José Luis en su taller con una vidriera encargada por Díaz Pardo. XOÁN ÁLVAREZ

A lo largo de la Historia el vidrio se hizo arte y los maestros dejaron su trabajo en los muros de las catedrales, palacios, museos y conventos. Los artesanos de hoy trabajan casi igual que los de antaño, tanto para particulares como para instituciones, y su oficio es tan delicado como el material que utilizan. Cada vez quedan menos vitralistas, y Galicia cuenta con la suerte de tener uno de los mejores. José Luis Tejedor –hermano del famoso cocinero Marcelo Tejedor– lleva más de treinta años dedicado a una labor fascinante que deja su huella entre el espacio y la luz.

José Luis creció en Vigo y se formó en Santiago de Compostela. Apuntaba aptitudes para el dibujo, requisito básico en el oficio de vitralista. Un día su hermana le dijo que impartían clases de vidriería artística en la ciudad del Apóstol, aunque a él al principio no le llamó la atención. Yendo por la calle vio el cartel en el que anunciaban la formación, y esta vez sí se decidió. No sabía que empezaría una etapa que iba a cambiar su vida. Hoy realiza vitrales para el mundo desde su taller de Os Batáns, en el concello de Ames.

José Luis Tejedor en varias fases de trabajo en su taller. X. Álvarez

Trabajó con maestros como José Mosquera Vieites, quien le hizo coger aún más afición por el mundillo artístico. Vieites fue a su vez aprendiz de Roberto González del Blanco, por lo que Tejedor lleva en su carrera la sabiduría de los grandes. Las inquietudes del joven vitralista no se quedarían ahí porque su afán de conocimiento lo llevó primero a Barcelona –con beca en la famosa Escola Massana– y después a París para seguir formándose. Erudito y amante del saber, se licenció en Bellas Artes en Pontevedra y cursó Historia del Arte. Además de los numerosos encargos que tiene en el taller también imparte clases de Volumen en la Escuela de Artes y Oficios de Santiago.

Cada vidriera tiene una historia y cada una es única. Una de las más conocidas es el arco de 13,5 metros de largo y 3,5 de alto que preside el hemiciclo del Parlamento gallego. Lo realizó a partir de un diseño de Isaac Díaz Pardo. Era todo un reto porque se trataba de 50 paneles y 1.200 piezas aproximadamente. En un mes, dentro del plazo fijado, estaba finalizado. Representa dos figuras antropomorfas que sostienen un escudo con un dolmen y el lema “Gallaecia”. Enmarcan el conjunto “los pájaros de la imaginación” y los caracoles “de la realidad”, tal como explicó en su día Díaz Pardo.

Hay que pintar el vitral sobre cartón y cortar el vidrio, entre otras tareas. X. Álvarez

La primera fase del oficio es dibujar en papel o cartón –la maqueta– y ver cómo va a ser el despiece de la vidriera. Es la antesala del trabajo, la parte que permite antever el número de piezas que la va a componer. Porque fabricar un vitral requiere destreza tanto para pintar como para el resto de tareas: desde cortar el vidrio a dibujarlo, cocerlo para imprimir los colores, realizar la emplomadura, montar la vidriera… A Tejedor la parte que más le gusta es pintar “porque ya permite ver lo que se mostrará después”.

La historia de los vitrales va en paralelo a la de la pintura, la escultura y otras artes, pero no ha tenido la misma continuidad. El oficio resurgió en el siglo XIX debido al mayor reconocimiento y la recuperación de las artes medievales y a un renacimiento de los vitrales de la mano del eclecticismo arquitectónico, el modernismo, el Art Nouveau y Art Déco. Estos movimientos introdujeron las vidrieras en el mundo cotidiano; en viviendas, restaurantes y espacios públicos diversos; una tendencia que se mantendría en el siglo XX y el actual. Tejedor realiza encargos tanto para instituciones como para particulares, para quienes los trabajos suponen un importante valor sentimental. 

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