Cuando una cámara sustituye al fusil

Desde 1991, el cámara gallego Miguel De la Fuente ha estado en los conflictos bélicos más importantes de las últimas tres décadas. También ha cubierto calamidades como el terremoto de Haití, ha estado al lado de los refugiados en Lesbos o siguiendo los pasos de narcos y grupos terroristas. Ha recibido varias distinciones por su trabajo, la última, el año pasado, el Premio a la Trayectoria, otorgado por la Asociación de Periodistas de Defensa.

Salvador Rodríguez

Salvador Rodríguez

“Con 27 años contaba las cosas en 16 milímetros; y en u-matic para TVE, ahora en digital, con 60 años”. Si alguien desea comunicarse con Miguel de la Fuente a través de Twitter, se encontrará con esta frase como bienvenida. Nacido en Ourense, la adolescencia de Miguel estuvo muy marcada por la natación. Llegó incluso a proclamarse campeón de Galicia en categoría juvenil. Pero no tardaría en abrazar la “pasión por la imagen”. En 1985 se traslada a Madrid y realiza filmaciones de todo tipo, desde trabajos periodísticos hasta cinematográficos. Cinco años después, aprobado el concurso de acceso a RTVE, es fichado por una de las leyendas españolas del reporterismo, Manuel Leguineche, quien lo incorpora a su equipo del programa “En Portada” para el que realizó reportajes en Brasil, Filipinas, Cuba, Tailandia, Perú, Camboya… casi siempre coberturas informativas en “zonas de tensión bélica” o en calamidades devastadoras. En 1991 estalla la primera guerra del Golfo y se piensa en él. “Ocurrió de manera muy simple. Me llamaron y me preguntaron: ¿Te vienes? Y dije que sí. En principio no nos íbamos a meter en Irak, pero cuando llegamos a Egipto decidieron que nosotros relevaríamos a los corresponsales que TVE tenía allí, porque todos eran árabes. Estuvimos en Irak en plena guerra. Y se ve que debió gustar mi trabajo porque, pocos meses después, ya en 1992, volvieron a llamarme”. Esa vez el destino era Sarajevo y, la misión, cubrir la guerra de los Balcanes. “Fue en Sarajevo -confiesa Miguel De la Fuente- donde sentí por primera vez eso que llaman las mariposas del miedo. La sensación de que me podía morir en cualquier momento. Son esas mariposas, que parece que se te meten en el estómago, pero que son muy jodidas, te hacen encoger el cuerpo porque transforman la felicidad en todo lo contrario. Allí aprendí a controlarlas porque te paralizan, tienes ganas de permanecer inmóvil, quieto… y esa es la peor decisión que puedes tomar. ¡Tienes que moverte! Junto a Arturo Pérez Reverte, en Sarajevo, que es una ciudad no mucho más grande que Ourense, lo pasamos muy mal, viviendo situaciones límite casi todos los días y, ya te digo, con tantas bombas que arrojaban, temiendo que en cualquier momento podía alcanzarte una de ellas mientras nosotros nos movíamos por auténticas ratoneras”.

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En Bagdad, durante la primera guerra del Golfo (1991). / Cedida por Miguel de la Fuente

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En Sarajevo, con Arturo Pérez Reverte (a la derecha), durante uno de los escasos momentos de tregua en los bombardeos (1992) / Cedida por Miguel de la Fuente

Controlar el miedo. Hete aquí una cuestión fundamental en este tipo de tesituras: “El miedo -explica- es algo que nunca se sabe cuando lo vas a tener. Yo no digo que los que vamos a estas guerras no tengamos miedo pero sí creo que si te envían a una guerra tienes que saber a lo que vas. Conozco a colegas que ni siquiera habían pensado qué es una guerra. Por eso recomiendo que si tomas la decisión de ir, tienes que saber qué es una guerra, enterarte de lo que va a pasar, de que van a caer bombas, de que vas a estar metido en tiroteos y que en una de esas puede ser que no vuelvas a casa, y eso lo tienes que interiorizar. No se trata de ser más valiente que los demás, sino más responsable. Porque nosotros no estamos allí para marcharnos en cuanto la situación se pone peligrosa, sino precisamente para todo lo contrario, para quedarnos. Cuando una bomba cae, cuando las cosas se tuercen, mientras los demás salen, un periodista tiene que ir en dirección contraria a la que va la gente Por eso mueren tantos los periodistas”.

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Con sus compañeros, camuflados en una ambulancia en Siria. / Cedida por Miguel de la Fuente

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En el desierto de Mauritania. / Cedida por Miguel de la Fuente

Y a fe que la muerte de compañeros es otro “efecto secundario” que hay que superar. A Miguel ya se le han muerto unos cuantos, algunos muy cercanos. Ahora que revolvemos en su memoria le vienen a la cabeza su querido José Couso (“mi amigo del alma”), Julio Fuentes (“al que estaba esperando en Kabul en un convoy que nunca llegó”), Julio Anguita Parrado, Miguel Gil, Ricardo Ortega (“asesinado en Haití y con el que coincidí mucho en Afganistán, donde estado unas veinte veces)...”.

-¿Y cuando eso sucede, qué pasa por su cabeza?

-Toda una lucha mental en la que debes ganar. Quiero decir que no puedes resignarte a pensar que eso te puede pasar a ti. ¡Hay que seguir!

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En un refugio en Ruanda. / Cedida por Miguel de la Fuente

Hay redactores, cámaras, fotoperiodistas que han confesado que llega un momento en que “estás enganchado”a este tipo de trabajo, que aunque sepan que se están jugando la vida, semeja como que no pueden dejar de volver. De La Fuente lo entiende así: “Sí, algo hay de eso. Manu Leguineche inventó un nuevo significado de la palabra tribu para referirse a aquellos que solemos coincidir en todas las guerras. Los españoles, y los europeos en general, formamos un grupo estable, nos conocemos desde hace mucho tiempo, casi siempre somos los mismos. Quienes han cambiado mucho en los últimos años son los americanos, a quienes relevan continuamente”.

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“A bordo” de un helicópetro del ejército norteamericano en la segunda guerra del Golfo (Irak, 2003). / Cedida por Miguel de la Fuente

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En Lesbos, entre chalecos salvavidas para los refugiados. / Cedida por Miguel de la Fuente

Después de Sarajevo, vinieron Ruanda, Kosovo, otra vez Irak, varias veces Afganistan, Líbano, Mali... aunque a Miguel le gusta que se sepa que no todo son coberturas de desgracias en su curriculum. También están las Olimpiadas, el Tour de Francia, eventos culturales... Pero de eso ya hablaremos en otra ocasión. Él lo sabe perfectamente, mejor que nadie: “La actualidad manda”.

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