Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Gallegos a la vanguardia

“La ciencia de vanguardia debe ser colaborativa”

La noiesa Carla Vázquez González, doctora en Ecología, investiga las interacciones entre plantas y herbívoros en un laboratorio puntero de la Universidad de California en Irvine

Carla Vázquez, tras una jornada de surf en Laguna Beach, California.

Las plantas son capaces de lanzar una llamada de socorro para que lagartos, arañas, avispas o aves las liberen de los insectos herbívoros que las atacan. Los enemigos naturales de unos son los guardaespaldas de las otras. “Expresan determinados caracteres que los atraen. Pero no es una ayuda altruista, sino que los depredadores también obtienen un beneficio en forma de alimento”, revela Carla Vázquez González (Noia, 1990) sobre las interacciones tritróficas que estudia en el laboratorio de Kailen A. Mooney, un grupo pionero en el estudio de este tipo de relaciones dentro de la Universidad de California en Irvine (UCI).

Bióloga por la USC y con un máster en Ecología de la Universidad de Barcelona, Carla hizo una estancia en Siberia y después desarrolló su tesis en la Misión Biológica de Galicia-CSIC, en Pontevedra. Analizó la influencia de los factores ambientales y genéticos en la producción de defensas del pino marítimo frente a los insectos y en 2020, poco después de decretarse el confinamiento, protagonizó una de las primeras defensas por videoconferencia en nuestra comunidad.

A principios del pasado octubre se incorporaba a la UCI con una beca de la Xunta y de la Comisión Fulbright de EE UU para seguir estudiando las interacciones planta-herbívoros desde una perspectiva más amplia de comunidad.

Carla, en el campus de la Universidad de California en Irvine (UCI)

“Tradicionalmente, se han abordado de manera aislada, pero ahora se está empezando a tener en cuenta que hay otros organismos que las pueden modular. Las interacciones tritróficas están despertando mucha curiosidad e interés porque las plantas liberan unos compuestos volátiles cuando son atacadas como una señal de socorro. Y estos depredadores actúan como agentes selectivos, porque al final también influyen en la diversificación y evolución de las poblaciones vegetales”, explica.

El grupo del profesor Mooney, añade Carla, “ha jugado un papel importante en la unificación de la ecología de comunidades y la evolutiva”. E incluir este tercer nivel trófico ayuda a tener “una visión más holística y lo más acertada posible de cómo actúan los ecosistemas en su totalidad”.

Para poder profundizar en estas interacciones, los científicos combinan experimentos de laboratorio con manipulaciones y estudios de campo. “California ofrece muchas oportunidades porque cuenta con ambientes naturales de mucho contraste a poca distancia y la UCI dispone tanto de invernaderos como de reservas ecológicas para nuestras investigaciones”, destaca.

Carla, en los invernaderos de la Universidad de California en Irvine (UCI)

En uno de estos espacios naturales se lleva a cabo un experimento de la red internacional DroughtNet sobre el impacto del cambio climático y las sequías dentro del que Carla está a punto de empezar un trabajo para conocer el efecto de las aves sobre las interacciones entre plantas e insectos herbívoros.

Además, la bióloga y ecóloga gallega inició el año con “una noticia genial”, la Asociación Española de Ecología Terrestre le concedió uno de sus proyectos para jóvenes investigadores. Lo llevará a cabo en las Channel Islands, un archipiélago situado a pocas millas de la costa sur de California.

“Evaluaré cómo varían las interacciones planta-herbívoro en un ambiente insular y si los patrones que encontramos están mediados por el efecto de las aves. Me centraré en una especie de roble y también muestrearemos poblaciones paralelas en el continente”, detalla.

"La ciencia de vanguardia debe ser colaborativa, sin una buena red de expertos no es posible"

decoration

“Al final, todo es resultado del esfuerzo de mucha gente. La ciencia de vanguardia debe ser colaborativa, sin una buena red de expertos no es posible. Antes, existía más la idea del científico que trabajaba aislado, casi como un ermitaño, pero hoy en día no hay nada más lejos de la realidad. Hay que hacer networking y aunar diferentes puntos de vista y experiencias”, subraya.

Carla sigue vinculada a la Misión Biológica, en concreto, al grupo de Ecología Evolutiva de las Interacciones Planta-Herbívoro, cuyo responsable, el doctor Xoaquín Moreira, también trabajó en el grupo de Mooney en la UCI.

Carla, en uno de los experimentos que desarrolla en California

Carla, en uno de los experimentos que desarrolla en California

En principio, su contrato en California se prolongará hasta marzo de 2023, pero también ha solicitado una ayuda europea Marie Curie, por lo que podría ampliar su estancia después de esa fecha. “Me gustaría hacer carrera en la ciencia y en la academia. Pero la motivación no lo es todo. La situación en España es bastante complicada, aunque parece que hay movimientos de mejora. A veces, da la sensación de que el científico, por amor al arte, debe soportar cosas que no se le pasarían por la cabeza a ningún profesional de otro ámbito”.

También apunta a las dificultades añadidas que tienen las mujeres, por ejemplo, para conciliar carrera y familia. “La Misión Biológica es la excepción a la regla porque hay bastantes figuras femeninas en puestos de responsabilidad, la directora, la gerente, jefas de grupo... Y eso está muy bien. Es algo que nos enorgullece mucho y siempre es una inspiración tener cerca referentes femeninos. Aunque se hayan querido acallar, las mujeres han tenido un papel relevante en la ciencia y es nuestra responsabilidad darlo a conocer”, sostiene.

"El surf, como la ciencia, es bastante frustrante y muy de resistencia. pero un día coges una ola que te hace sentir genial y superviva y entonces sigues adelante"

decoration

Carla procede de una familia de mariscadores, pero acabó centrada en los hábitats terrestres. “Fue un poco por rebeldía”, comenta entre risas. “Mi padre es una persona muy combativa y siempre me decía que me dedicase a estudiar las rías gallegas para intentar cambiar la forma de gestión, pero al final me fui por tierra firme. De todas formas, me hubiese gustado también. Podría haber estudiado cualquier carrera científica, pero tuve una buena profesora de Biología y eso decantó la balanza”, comenta.

A pesar de todo, no ha perdido la vinculación con el océano y su estancia en California le está permitiendo perfeccionar sus habilidades sobre la tabla. “El surf, como la ciencia, es bastante frustrante y muy de resistencia. Pero un día coges una ola que te hace sentir genial y superviva y entonces sigues adelante”, compara.

Carla vive en Irvine, en el condado que da nombre a la famosa serie de surferos Orange County: “Aquí la vida es muy diferente a Europa. Necesitas el coche para todo, la gente tiene un nivel adquisitivo muy alto y es bastante conservadora. Quizá lo que más me ha costado es que todo se monetiza. Pero en la UCI estoy muy a gusto y me gustaría aprovechar esta oportunidad al máximo Y además el clima y las playas son increíbles. Es un paraíso”.

Compartir el artículo

stats