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Faro de Vigo

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GALLEGOS A LA VANGUARDIA

“En Galicia hay capacidades tremendas pero falta confianza”

El vigués Víctor Tobío Torrejón lidera proyectos para grandes empresas europeas desde la sede de Múnich de la consultora Strategy&

Víctor en los Alpes

Acabó la carrera con “hambre” de ver mundo y además de trabajar con grandes empresas ha colaborado en acciones de voluntariado. Víctor Tobío Torrejón (Vigo, 1988) lidera proyectos para las grandes compañías europeas desde la consultora internacional Strategy& pero sin perder de vista las otras realidades del mundo: “No necesitamos tanto para ser felices, pero hay que experimentar a menudo cómo es vivir sin internet ni electricidad”, recomienda.

Su primer empleo tras titularse como ingeniero industrial fue en Airbus, primero, en su sede de Madrid y, durante casi tres años, en la ciudad alemana de Bremen. Hasta que decidió dejarlo todo y dar un nuevo impulso a su trayectoria profesional: “Es una empresa muy potente, pero en la industria de la aviación las decisiones son lentas, entre otras cosas, para garantizar la seguridad. Yo tenía ganas de más velocidad y me fui a Shanghái para estudiar un MBA en la China Europe International Business School (CEIBS) y complementar mi formación, que era más técnica. Fue un poco cerrar los ojos y tirarse a la piscina, pero se trata de tomar una decisión y dar lo máximo de ti. No hay nada correcto o incorrecto”.

En China, con su diploma del MBA

CEIBS es una de las diez mejores escuelas de negocios del mundo y su MBA es el primero de Asia. Víctor era el único español en un grupo de alumnos procedentes de todo el mundo: desde EE UU a Corea pasando por Sudáfrica. Y, tras acabar sus estudios en 2018, comenzó a trabajar en la sede de Múnich de Strategy&, una compañía con más de 100 años de experiencia que incluye entre sus hitos los sistemas de contratos para las películas de Hollywood en los años 50 o haber salvado a Chrysler de la bancarrota a principios de los 70.

“Me dedico a la consultoría estratégica en temas de automoción, aeroespacial y productos industriales"

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“Me dedico a la consultoría estratégica en temas de automoción, aeroespacial y productos industriales y trabajo en todo tipo de proyectos para dar respuesta a casi cualquier pregunta que tengan los altos gestores, desde cómo mejorar las líneas de montaje hasta planes estratégicos para competir con China”, explica Víctor, cuyos clientes, que no puede revelar por requisitos de confidencialidad, son la mayoría de las grandes empresas que cotizan en las bolsas europeas.

El vigués reconoce que su día a día conlleva altas cargas de exigencia: “Tienes cierta presión por el impacto de las decisiones y por los tiempos tan definidos que hay para tomarlas. Y además debes tener mucha capacidad de adaptación porque un día estás con el proyecto de digitalización de una gran empresa y otro, con un tema relacionado con la cadena de montaje. Vengo de una familia de médicos y siempre digo que los consultores somos como los médicos de familia, que tienen que saber adaptarse a todo”.

Y es que su labor cada vez es más requerida en un mercado globalizado. “Las empresas tienen que adaptarse a un mundo cada vez más especializado y exigente, deben estar en constante renovación y nosotros tenemos la fortuna y la presión de poder ayudarlas en temas muy complicados”, reflexiona.

"Las empresas tienen que adaptarse a un mundo cada vez más especializado y exigente. Todo está en constante evolución y ahora mismo, tras el covid, la consultoría está al 100%"

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Por eso, la pandemia apenas ha afectado al sector. “Estuvimos unos meses parados, pero el negocio se relanzó muy rápido para dar respuesta a la situación postCOVID. Había que enfrentar la crisis de suministros o los temas estratégicos de la automoción frente el empuje cada vez más fuerte de EE UU. Ahora mismo, la consultoría en todo el mundo está al 100%. De hecho, se buscan profesionales urgentemente”, asegura.

Ingenieros como él y matemáticos que añaden a su capacidad analítica un perfil de negocios son muy valorados en este mundo, donde impera la mentalidad up-or-out y el continuo avance dentro de la empresa. Él mismo ya ha ascendido a manager en menos de tres años. “Te desarrollas muy rápido, pero no es para todo el mundo y mucha gente lo deja después de unos años. Pero es muy interesante para aprender y yo sigo estando entre los que les gusta este trabajo y sigo empujando”, reconoce. 

Pero Víctor también ha aprovechado su recorrido por el mundo para conocer otras realidades menos elitistas y ser solidario, una aventura en la que le ha acompañado su novia Noemí. “Es maestra y también le gusta viajar. El máster era como una burbuja y gracias a ella pisamos la calle y conocimos la China más profunda. Estuvimos en una boda de casi 200 personas y nosotros éramos los únicos extranjeros. Vivimos cosas muy chulas”, celebra.

Víctor y su novia Noemí, en Shanghái

Durante esa época también pasaron una breve temporada en Da Nang (Vietnam) y se fueron durante dos meses a Kenia para hacer voluntariado: “Antes de volver a Alemania queríamos poner los pies en la tierra y limpiar nuestros ojos y nuestras mentes. Contactamos con una ONG independiente de una zona muy rural, a 4-5 horas de Nairobi, y con una población de agricultores y ganaderos. Noemí trabajó en una guardería, entrenó a la gente local y ayudó a crear otra nueva. Y yo di clases de Matemáticas y Física y les ayudé en temas de microfinanzas. Cosas tan básicas como aprender a ahorrar o elegir qué productos eran más rentables”.

Una de las iniciativas de la que está más satisfecho es la creación de una pequeña cooperativa. “Una o dos veces a la semana se desplazaban en bus o en moto a vender la leche, pero no tenían cantidad suficiente para ponerle un precio mayor. Entonces juntamos a varios y empezaron a ganar un 20-30% más. Son cambios sencillos pero necesitan que les motiven. Y ya tengo la sensación de que nos va haciendo falta otra limpieza de cerebro. El próximo viaje podría ser a Asia”, avanza.

Como voluntarios en Kenia

Tanto él como su pareja, también viguesa, ya se han adaptado a la cotidianidad alemana: “Los dos hablamos el idioma y, aunque de vez en cuando nos entra la morriña, nos gusta el país. Ya hemos superado muchos clichés y son menos fríos de lo que parecen. Hay que vivir en los lugares para entenderlos mejor”.

Víctor está muy orgulloso de su paso por la UVigo. “Ahí empezó todo y tengo recuerdos muy positivos. Recibimos una educación menos guiada, más de retos, y esto lo noté en Airbus, donde compañeros de universidades más conocidas no tenían tanta iniciativa”, compara.

Víctor y su novia, en el Taj Mahal

Durante su época estudiantil, también formó parte del equipo del XaTcobeo, el primer satélite gallego, y creó con otros compañeros la asociación CEMVI. “Eso fue la joya de la carrera. Organizamos conferencias y adaptamos un coche para que funcionase con energías renovables. Fue una de las más valoradas de Galicia. Estos proyectos son muy interesantes porque motivan a los alumnos a seguir empujando por una idea. A mí me cambió, gané toda la confianza que me hacía falta”, reconoce.

Desde la distancia cree que ésa es precisamente una de las carencias de nuestra comunidad: “En Galicia hay unas capacidades tremendas. Conozco a jóvenes que aplican a sus explotaciones ganaderas sistemas programados por ellos mismos y hacen cosas increíbles que aquí no se ven en las empresas top. Pero falta confianza y esto no se consigue de un día para otro. Hay que experimentar”.

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