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La empresaria que conecta al rural

Beatriz Estévez dirige una pequeña teleoperadora que ha logrado que todo el entorno de Ponte Caldelas disfrute de fibra óptica de alta calidad. Hace un siglo fue su bisabuela, “Mamá Clotilde”, la emprendedora que llevó la electricidad al mismo municipio.

Beatriz Estévez, en la casa de Ponte Caldelas que perteneció a su bisabuela. Gustavo Santos

Más de un siglo las separa, pero las une una magnífica genética marcada por la valentía y el espíritu emprendedor. Clotilde Fernández llevó la luz eléctrica a Ponte Caldelas en 1906 y su bisnieta, Beatriz Estévez, ha logrado que este municipio del interior de Pontevedra goce en todos sus rincones de una conexión de fibra óptica mejor que la de muchas grandes ciudades. Ambas buscaban el crecimiento económico y social de su querido entorno rural y, de hecho, ambas han sido parte esencial en este desarrollo.

Seguir el camino de la empresa familiar, iniciada por su bisabuela, no fue, sin embargo, un camino de rosas para Beatriz (Ponte Caldelas, 1973). Tanto su padre como su tío, que fueron los continuadores del negocio iniciado por “mamá Clotilde” consideraban que no era un trabajo para mujeres.

Beatriz estudió, siguiendo el consejo de su padre, Empresariales en la Universidade de Vigo. Ni siquiera dudaba que su padre querría que ella, al igual que su hermano y su primo, se incorporara a la empresa familiar, donde desde muy niña había participado haciendo pequeños recados. Pero estaba equivocada.

“Mi sorpresa fue total cuando mi padre me dijo que ese no era un trabajo para mujeres y que no contaba conmigo”

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Pero Beatriz no es de las que se amilanan ante los cambios de planes. La pontevedresa amplió sus estudios en la Hogeschool Zeeland en Holanda y luego comenzó a trabajar en distintos sectores. Sus primeros pasos fueron en el Hotel Club La Santa en Lanzarote y después regresó a Galicia para incorporarse a la empresa de transportes TNT, primero en las oficinas en Santiago y posteriormente en las de Vigo, llevando varias áreas de la empresa.

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Ese gesto machista de su padre no se corresponde con la educación que Beatriz recibió. “Mi madre es brasileña y era una adelantada de su época ya que en esos momentos Brasil era en todos los aspectos más moderno que Galicia. Tanto ella como mi padre nos educaron a los cuatro hermanos para que fuéramos en el futuro autónomos e independientes, pero mi padre a veces caía en esas contradicciones”, justifica la empresaria.

Sin embargo, el progenitor reclamó su presencia cuando montó en Ponte Caldelas el restaurante El Balneario, un negocio que sí consideraba apropiado para una mujer, y legó la gestión a Beatriz durante tres años.

Cuando aquel negocio finalmente se vendió, Beatriz se fue introduciendo poco a poco en la gestión del grupo de empresas familiar, primero en Servaux y posteriormente en Elermol, aportando todos sus conocimientos en la parte administrativa y financiera, hasta el momento en que se hizo imprescindible.

Beatriz forma parte de la cuarta generación de su familia que continúa el legado que inició su bisabuela. “Somos 42 primos y ninguno la llegamos a conocer, pero gracias a lo que nos fueron contando y a la correspondencia que encontramos, hemos descubierto a una mujer sorprendentemente emprendedora, que estaba muy al tanto de cómo avanzaba el mundo y que levantó ella sola el negocio de la eléctrica en un momento en el que las mujeres ni siquiera tenían el derecho a votar”, destaca con orgullo su bisnieta.

Primero el abuelo y luego el padre y el tío de Beatriz fueron los que continuaron el negocio y ahora son Beatriz, su hermano y uno de sus primos los que llevan el peso de la empresa.

Pero Beatriz, como su abuela, no se conformó con continuar la línea que ya estaba marcada. Ella quiso embarcarse en la creación de una operadora de telecomunicaciones de fibra óptica y telefonía en pleno rural, Áurea Telecom, que vio la luz en 2016. Un desafío parecido al que su bisabuela se enfrentó en su momento ya que, de nuevo, se trata de un sector masculinizado y dominado por las grandes compañías.

El trabajo concienzudo de esta pequeña empresa ha sorteado muchísimas dificultades y, para sorpresa de todos, ha conseguido llevar a todo el municipio de Ponte Caldelas (un total de 33 parroquias) fibra óptica de alta velocidad, siendo uno de los primeros de España en lograrlo.

“No pretendemos competir con las grandes operadoras de telefonía, eso es imposible, pero estamos muy orgullosos de haber dotado de fibra a todo este municipio y haber contribuido con ello a mejorar la calidad de vida del rural”

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Más aún en tiempos de pandemia, Áurea se convirtió en la razón definitiva para que muchas familias decidieran instalarse en esta zona y teletrabajar. “No solo eso, aunque sea un poco triste, nos encontramos con que disponer de internet hace que las familias visiten más a sus mayores”, comenta.

Beatriz Estévez, delante de la empresa Áurea Telecom GUSTAVO SANTOS

Para poner en marcha esta aventura, Beatriz supo rodearse de las personas adecuadas. “Nosotros sabíamos muy poco de telecomunicaciones, no teníamos ni idea de las reglas del juego que funcionaban aquí, pero buscamos a un director técnico que nos guiara”, describe. Junto a ellos, el equipo lo forman unas poquitas personas que se cuentan con los dedos de una mano pero que “están muy implicados y yo confío mucho en ellos y les dejo hacer”, asegura la gerente. Otros servicios, como la instalación, los externalizan, “pero siempre apostando por empresas gallegas”, advierte Estévez.

Lo que se encuentran los clientes de esta empresa es muy diferente a una gran operadora. “Aquí no sale un contestador que te tiene en una larga espera hasta que logras resolver tu problema. Aquí te cogen el teléfono Carmen o Maite, o te devuelven con rapidez la llamada. Ellas entienden perfectamente la solicitud y en poco tiempo buscamos soluciones. Esa es nuestra fortaleza”, describe la responsable de Áurea.

El padre de Beatriz murió sin ver los logros de su hija pero su tío sí ha sido testigo de ellos. “Me siento satisfecha de haberme ganado su confianza”, asegura la empresaria.

No se equivocaba el padre de Beatriz en que la joven entraba en un mundo predominantemente masculino. “Aún hoy en algunas reuniones las miradas se dirigen exclusivamente hacia Aurelio, nuestro director técnico, en lugar de hacia mí. Pero bueno, en esos casos yo pienso que lo importante es el éxito de la reunión e ignoro ese trato”, apunta.

La entrega total que Beatriz ha dedicado a la empresa y que, en muchas ocasiones implica acudir a ferias, congresos, etc., dificulta la conciliación con su vida personal. Es madre de Carolina, una preciosa niña de 11 años. Está separada del padre, por lo que aún es más complicada la crianza. “Las mujeres trabajadoras seguimos sintiendo el peso de la culpa allá donde estemos: en el trabajo, por no estar más tiempo con los hijos; y en casa, pensando en las muchas cosas que te quedan pendientes en la oficina. Pero tenemos que convencernos de que no somos superhéroes y que lo hacemos lo mejor que podemos”, considera.

“Las mujeres trabajadoras seguimos sintiendo el peso de la culpa allá donde estemos: en el trabajo, por no estar más tiempo con los hijos; y en casa, pensando en las muchas cosas que te quedan pendientes en la oficina"

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La positividad de esta pontevedresa conquista al final todas las adversidades y asegura estar muy feliz con lo que ha conseguido.

A pesar de que el tiempo libre escasea, no duda en disfrutarlo a tope. “Mi padre nos aconsejaba siempre: ‘Celebradlo todo’, y tenía razón. Hay que tratar de disfrutar de todos los momentos bonitos con la gente a la que queremos, y no posponer los encuentros para otros momentos”. La pandemia no le ha puesto fácil este objetivo, pero, “con todas las precauciones necesarias”, lo sigue teniendo siempre muy presente.

Clotilde Fernández, la empresaria que iluminó Ponte Caldelas

Clotilde Fernández, conocida como “Mamá Clotilde”, (bisabuela de Beatriz Estévez), fue una mujer emprendedora y visionaria que logró poner en marcha en 1906 una central eléctrica que llevó la luz al municipio de Ponte Caldelas (Pontevedra).

Clotilde Fernández

Clotilde Fernández

Clotilde se casó con José Estévez, médico de Pontevedra y luego alcalde de Ponte Caldelas, y tuvieron 10 hijos. La mujer había heredado unos terrenos con varios molinos en los que habían tenido curtidurías y después aserraderos. Ella tuvo la idea de instalar una turbina con la que llevar la luz hasta este municipio pontevedrés.

Su marido no estaba interesado en los negocios, pero apoyaba el espíritu emprendedor de su esposa. De hecho, era él el que tenía que firmar los contratos ya que a principios del siglo XX como mujer, Clotilde no podía ejercer legal ni fiscalmente como empresaria. Murió poco después de los 50 años.

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