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Faro de Vigo

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¿Qué pasará en 2022?

Gente paseanado por la calle Príncipe tras la imposición de nuevo de la mascarilla en exteriores

No sé si estoy escribiendo sobre 2022, cuando estamos cruzando el ecuador de la pandemia, o sobre el 2020/21/22... Mientras el mundo se estaba reconstruyendo después de la Primera Guerra Mundial, John Maynard Keynes escribió que el futuro es “fluctuante, vago e incierto”. Y llegó la década de 1930 con un desempleo masivo que acabó en un desastre internacional que podía y no podía preverse.

La pandemia nos enfrenta brutalmente con la incertidumbre que acompaña la historia de nuestra especie. Aunque creamos lo contrario, no podemos predecir lo que sucederá en el espacio de un segundo, un minuto, una hora o un día. De un momento a otro, la pandemia parece girar y señalar con el dedo a cualquiera, incluso a los que creían que eran inmunes.

  • Dos pandemias y un siglo con los mismos errores

La expansión del virus y el programa de vacunación en diferentes países ha sido cruelmente desigual, pero mientras COVID siga siendo global, tendremos oleadas de gravedad variable en cualquier lugar y en cualquier momento. La pandemia más mortal del siglo XX, la gripe de 1918 al final de la Primera Guerra Mundial, pasó ola tras ola y duró casi cuatro años.

El 4 de marzo de 2020 escribí esto en mi blog: “El control de pasajeros puede ralentizar la expansión, pero no evitarla. Ya sucedió con el cólera en el siglo XIX, o las crisis de Ébola en la última década. Los confinamientos protegieron algunas poblaciones en la gripe de 1918 y 1919 pero también hicieron que países como Portugal no recibiera ayuda. Mientras tanto los grandes diseminadores de la enfermedad, las tropas de la I Guerra Mundial, se movían libremente y sin control a través de las fronteras.”

“Los virus son maestros del engaño. La evidencia acumulada es que este nuevo coronavirus tarda unos cinco días en producir síntomas y los pacientes son contagiosos antes de que estos síntomas aparezcan. En muchos países el virus estaba presente antes de que se lo buscase activamente. Se está demostrando que algunos fallecimientos por neumonía, anteriores a la alarma sanitaria, podrían haber estar relacionados con la presencia de este nuevo coronavirus.”

Casi dos años después, la gente está desesperada por sentir que hemos pasado el ecuador, que tenemos el final a la vista, solo para enfrentarnos otra vez a un futuro que parece una de nuestras borrascas más negras. Nadie sabe, con cierto grado de confianza, qué sucederá a continuación. Cualquier afirmación rotunda sobre el futuro es un fraude.

Sigmund Freud dijo una vez que nadie cree en su propia muerte. En el inconsciente, hay un espacio en blanco donde debería estar el conocimiento de esto hecho cierto sobre nuestro futuro. Si la pandemia ha cambiado la vida para siempre, podría ser porque esa incapacidad para tolerar la muerte ha sobrepasado los umbrales de lo que no vivíamos desde hace muchos años en el mundo occidental.

Muchos científicos piensan que la variante Ómicron es el primer paso en un proceso de adaptación del virus a la población humana en el que la enfermedad cursaría con síntomas más leves. De momento no ha transcurrido el tiempo suficiente para comprobar si esta hipótesis es sólida.

Mientras tanto, necesitamos aumentar la cobertura de vacunación, no solo en nuestro entorno privilegiado, realizar cribados masivos rápidos, mejorar la ventilación interior, animar a seguir usando mascarillas (incluso mascarillas de mayor protección) y ayudar a las personas a saber cuándo están infectadas. Existe información preliminar de que recibir un refuerzo aumenta la protección superior proporcionada solo por las primeras dosis de vacunas.

Adoptar estas medidas mientras se despejan las incógnitas ayudará a lograr un equilibrio entre la reducción del riesgo y al mismo tiempo disfrutar de nuestras vidas. Eso es lo que esperan los científicos, como todos los demás. 2022 será un año mejor.

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