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La detective gallega del ADN

La genetista compostelana Victoria Lareu dirige el Instituto de Ciencias Forenses de la USC, referencia mundial en su campo. La prestigiosa investigadora, que acaba de recibir el premio María Josefa Wonenburguer, asegura que su mayor satisfacción es ayudar a resolver los casos criminales más complejos, como la identificación de agresores sexuales

Victoria Lareu, en uno de los laboratorios del Instituto de Ciencias Forenses de Santiago. Xoán Álvarez

El hallazgo de ADN en mínimas muestras de saliva o de sangre, a veces muy antiguas y deterioradas, ha llevado al equipo del Instituto de Ciencias Forenses de Santiago a ayudar a resolver los más complicados casos de asesinatos, desvelar paternidades e identificar cadáveres en terribles atentados de todo el mundo. Victoria Lareu Huidobro (Santiago, 1960) es la mujer que dirige a este excepcional equipo de investigadores internacionales, labor que compagina con la docencia y con su propia investigación en la unidad de genética de este centro. Acaba de recibir el premio María Josefa Wonenburguer de mujeres investigadoras.

  • ¿QUIÉN SOY?

    “Una mujer responsable, trabajadora, que desea que el futuro mejore para la gente joven y tener paz interior”

Cuando Victoria decidió seguir los pasos de su padre, también médico, no imaginaba que su futuro estaría en un centro de este tipo. Recuerda con claridad que sintió la vocación desde muy pequeña y que no se vio de ninguna manera influida por sus padres, aunque es cierto que el entorno le era propicio ya que en su propia casa su padre tenía un laboratorio de análisis.

“Tanto a mí como a mis dos hermanos menores mis padres nos dieron siempre libertad para elegir lo que quisiéramos ser y nos educaron de la misma forma; por ser chica tenía algunos privilegios y no más obligaciones en casa, como se podría pensar"

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Victoria Lareu, en uno de los laboratorios del Instituto de Ciencias Forenses de Santiago Xoán Álvarez

La experta reivindica que la vocación debería de ser condición sine qua non para ser médico. “Hoy hay muchos jóvenes con expedientes brillantes que creen que solo por el hecho de tener tan buenas notas deben de elegir Medicina y, al contrario, también hay jóvenes con calificaciones más normales pero una enorme vocación que no logran acceder a la carrera y eso es un gran error”, advierte.

Lareu asegura que ella era una estudiante “normal”, pero que trabajó mucho. Al finalizar la carrera, la compostelana realizó la tesis en marcadores genéticos y, aunque estuvo durante un tiempo en urgencias en el hospital, su camino iba cada vez más dirigido a afianzarse en el ámbito universitario. “La relación directa con los pacientes me resultaba bastante dura; me llevaba sus problemas a casa y me sentía responsable de todo”, recuerda. Esa realidad, unida a su cada vez mayor interés por la genética forense, le decidió a abandonar la clínica y volcarse en la investigación.

“Colaborar en la resolución de casos reales es muy satisfactorio y nos hace tener los pies en la tierra y buscar continuamente nuevas técnicas y marcadores genéticos para los casos que aún no se han podido resolver”

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Victoria Lareu, en uno de los laboratorios del Instituto de Ciencias Forenses de Santiago / Xoán Álvarez Xoán Álvarez

La genetista realizó estancias en el extranjero, en Coimbra y en Inglaterra, una experiencia que le aportó relaciones internacionales y le abrió la puerta a otros proyectos, “pero sobre todo me valió para descubrir que fuera de España se valora mucho más el trabajo científico; la inversión económica es mucho mayor y eso hace que avancen más rápido y obtengan mejores resultados”, advierte. La científica sufre al ver cómo muchos compañeros “en los que se ha invertido tanto en su formación en España, finalmente se ven obligados a irse a trabajar fuera”.

Cuando Victoria comenzó en la investigación de genética forense, los hombres eran mayoría, especialmente en las jefaturas, pero asegura que también había muchas mujeres. La gallega insiste que “en ningún momento me sentí discriminada por el hecho de ser mujer ni tuve menos oportunidades que mis compañeros hombres”. Sin embargo, en la Medicina Legal la prevalencia masculina sí era total. De hecho, Victoria se convirtió en el 2007 en la segunda mujer catedrática de Medicina Legal en España. Esos días en que se decidía su habilitación, su hija cumplía 3 años y, además, cuidaba de su madre con alzhéimer.

La maternidad tardía de esta mujer sin techos de cristal -sus hijos tienen ahora 19 y 17 años- fue una ventaja no buscada para el desarrollo de su carrera. “En ningún momento pusimos una fecha para ser padres, no fue algo programado, pero es cierto que fue bueno para mi carrera que sucediera más tarde de lo habitual en esa época”, admite.

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Victoria y su marido, también genetista forense, compartieron la crianza en plena igualdad. “No es fácil; te pasas corriendo todo el día y te conviertes en la eterna insatisfecha: en el laboratorio pensando que eres una mala madre y en casa pensando en las cosas que deberías de estar haciendo en el trabajo… Pero al final sales adelante”, dice. Para lograrlo, Victoria asegura que siempre se ha apoyado en su equipo. “No estás solo y, además, somos flexibles con los horarios: algunos días termino el trabajo en casa, otros estoy más tiempo en la universidad y el laboratorio… depende de cada día”, describe la investigadora. La pareja, además, fue capaz de ajustarse a las circunstancias sin renunciar a las oportunidades que les surgían. “Nos llevamos muchas veces a los niños a los congresos y uno cuidaba de ellos mientras el otro asistía a las ponencias que más les interesaban”, cuenta. Ahora su hijo mayor estudia Medicina, aunque los padres aseguran que nunca les influyeron para seguir sus pasos.

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La misma flexibilidad con la que trabaja Victoria se la proporciona a todo su equipo del Instituto de Ciencias Forenses. “El único momento del día en que estamos todos juntos es el del café; a partir de ahí cada uno se organiza como prefiere. Y funciona bien: la gente trabaja incluso más así, pero de manera más libre”, justifica la directora. Y los datos avalan que el sistema funciona perfectamente. El Instituto de Ciencias Forenses de la USC está considerado el mejor del mundo según el último informe de Thomson Reuters, superando a instituciones como el FBI o el prestigioso Forensic Science británico.

Victoria asumió las riendas de esta institución hace 9 años, sustituyendo al prestigioso genetista Ángel Carracedo. En el centro trabajan cerca de 40 personas de todo el mundo. Además, la compostelana es la responsable directa del grupo de Genética Forense, en el que ella misma investiga y abordan servicios de criminología biológica y de parentesco. A este laborioso trabajo se une la dirección de numerosas tesis doctorales y la docencia en distintas facultades. “Habría preferido no aceptar la dirección del instituto, pero me lo pidieron y a veces hay que asumir responsabilidades que no querrías”, admite.

Como directora, la compostelana tiene clara su filosofía:

“En el grupo todos somos importantes: el engranaje debe de estar bien pulido y esa es la única forma de que el trabajo salga adelante”

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Victoria es discreta a la hora de hablar de los casos en los que han participado, muchos de ellos muy mediáticos como la identificación de las víctimas de los atentados del 11-S y del 11-M, fusilados durante la Guerra Civil o el caso de las niñas asesinadas en Alcàsser. A Victoria le atraen los retos y asegura que siente una gran satisfacción al solucionar casos reales. “Cuando ayudamos por ejemplo a encontrar al asesino de una mujer británica 18 años después de la agresión, sientes que el esfuerzo ha merecido la pena y eso me agrada más que publicar 20 artículos científicos”, afirma.

Cuando la genetista sale del laboratorio cuenta que le encanta estar en casa, leer novelas, pasear y disfrutar los fines de semana con su familia junto al mar. También practica yoga y pilates.

Busca la paz interior, una herramienta esencial para poder sobrellevar los dramas que rodean esas pequeñas muestras de ADN que analiza a diario. 

Las pioneras: Jimena Fernández de la Vega, precursora de la genética médica

Jimena Fernández de la Vega (1895-1984) siguió, junto a su hermana gemela, Elisa, los pasos de su padre, el médico lucense Wenceslao Fernández de la Vega, convirtiéndose en las primeras mujeres en estudiar en una universidad gallega. Fueron admitidas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago y obtuvieron la Gran Cruz de Alfonso XII por sus excelentes expedientes.

Jimena Fernández de la Vega

Jimena Fernández de la Vega

Jimena logró una beca de investigación y se perfeccionó en Italia, Suiza, Alemania, Austria y Génova. Entre 1923 y 1927 realizó estudios sobre genética experimental, publicando numerosas contribuciones.

A su regreso, animada por profesores como Nóvoa Santos y Marañón, desarrolló una intensa labor científica que culminó en 1933 con la creación de la Sección de Genética y Constitución, de la que Fernández de la Vega fue nombrada directora. Ese mismo año su gemela falleció de neumonía y Jimena se hizo cargo de sus tres hijos. Tras la Guerra Civil, su carrera profesional se orientó hacia la Hidrología. Fue la primera mujer directora de balnearios en España. 

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