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Faro de Vigo

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Entre comillas

Manel Monteagudo, pseudónimo de José Manuel Blanco Castro Alba Villar

Cuna del realismo mágico, Galicia ha vuelto a alumbrar una historia extraordinaria que algunos descreídos intentaron desacreditar. El gallego Manel Monteagudo –un pseudónimo, naturalmente– dijo haber estado más de tres décadas en coma fijo-discontinuo y después despertado, habiendo siendo capaz, en ese largo letargo sobrevenido tras un accidente, de casarse y procrear.

El noiés José Manuel Blanco Castro, nombre real de Monteagudo, habría sido acreedor del Guinness de los comatosos felizmente vueltos en sí, tras haber permanecido en ese estado entre 1979 y 2014 sin que ningún medio de comunicación se hubiera hecho eco de tal extraordinario desenlace, salvo hasta hace un par de años, y pasando prácticamente inadvertido. Algunos desconfiados dudaron del relato del escritor, que recuerda vagamente a la película “Despertares” (1990), con Robert De Niro y Robin Williams. Tras el revuelo en las redes sociales, la inconsciencia devino en un “estado de amnesia”, un coma de Schrödinger que le habría permitido a Castro casarse in artículo somnis e incluso consumar el matrimonio. Hay incluso en la hemeroteca una noticia en la que el coma, o la convalecencia encamado, se reducía a 3 años. “Estaba en coma, pero salía esporádicamente de casa”, apuntó un testigo para la estupefacción general. Así, entre periodos de lucidez y comillas, Monteagudo habría dispuesto de tiempo para tener descendencia y escribir varios libros.

Literario más que literal, todo esto hubiera hecho las delicias de los paisanos Cunqueiro y Fernández Flórez, grandes fabuladores. Para redondear más su relato, a Monteagudo le faltó contar que por las noches se unía a la Santa Compaña o que se iba de vinos con José Tojeiro, aquel ya legendario gallego al que dos prespitutas echaron droja en el Cola Cao para poder robarle.

Como era de esperar, el asunto despertó –valga la expresión– el siempre agudo ingenio popular. Algunos se maliciaron en las redes de que algún ministro ha sido capaz de llevar varios años en coma (laboral, al menos) sin que le destituyan, por lo que el caso de Monteagudo no sería tan excepcional. Otros lamentaron, con retranca, que un señor sin sentido ni tono muscular hizo el amor con su esposa más veces que ellos en plena forma.

Los periodistas no pararon de llamar a Blanco Castro para que precisara qué hay de real y qué de ficción en su fabulosa historia, hasta que no tuvo más remedio que admitir que nunca estuvo en coma, y que todo respondía a su desbordante imaginación. Así que pelillos (y comillas) a la mar. De todos modos hay muchos políticos que nos mienten de continuo y no se forma tanto escándalo.

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