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¿Dónde está Antonio David? Se preguntó el pueblo inquieto

Ahí tenéis a los recreadores de plató de la nueva historia de España.

España pasó por un estado de pánico. ¿Dónde estaba Antonio David Flores? ¿Serían los cerebros del área cardíaca de Mediaset quienes decidieron esconderlo para crear expectación entre los seguidores de la telerrealidad? Ya antes, esas cabezas pensantes habrían jugado con otras piezas en este ajedrez telebasúrico: una infusión serial y lacrimógena de su ex mujer, Rocío Carrasco, la inclusión y triunfo de su mujer actual, Olga Moreno, en un programa playero llamado Supervivientes... Había que crear a su salida una sensación de crisis de su pareja, batir un poco el cóctel prohibiendo a las partes hacer declaraciones, añadir unas gotas picantes con la aparición de una reportera televisiva llamada Marta Riesco... ¡y Antonio David desaparecido! ¿Qué más quieren las marujas y marujones de la España toda sino esta tele que les distrae de su tedio?, es posible que dijeran en las altas instancias del grupo televisivo frotándose las manos.

El país estuvo embobado, inquieto ante preguntas de grave transcendencia cultural. Las redes ardieron, pobladas por incontables filósofos de baratillo. ¿Dónde está el Antonio David? ¿Se habrá separado y tendrá una amante? se preguntaba la Patiño hinchada la vena. Ya se sabe que mientras se ve la televisión, el cerebro tiene menos actividad incluso que cuando se está durmiendo. ¿Por qué? No hay que imaginar, no hay que reflexionar, tampoco hay apenas nada que leer. La tele lo da todo hecho y,  cuando se ve, todas las categorías imaginativas del ser humano están adormecidas. Pero no es suficiente Antonio David ni Olga ni la Riesco. En programas diversos se entrecruzan historias inventadas: un Omar Sánchez al que se le ha mandado casar con una sobrina de tonadillera convertida de la nada en la “influencer” Anabel Pantoja; un Jorge Javier Vázquez que en un momento de su Sálvame , mira a la cámara espantado y dice: “Me informan de que ha ocurrido algo que puede romper la escaleta del programa”, con cara de que se va a romper la historia de España; a su lado, la princesa del pueblo llano, Belén Esteban, rompe pero a llorar como una pendeja, sin clase, como una plañidera.

Entretanto, la Pantoja recibe reclamaciones dinerarias de la señora del kiosco, una cuñada suya dice que fue infiel el día anterior de la boda al torero Paquirrín, su hijo Kiko Rivera se reconcilia con ella tras haberla mandado a los infiernos, Kiko Matamoros se casa casi con una menor mientras lucha contra su adición al tabaco, la hija de Jesulín se lía con un jugador de fútbol, María Teresa Campos sufre por la ausencia de Bigote Arrocet, sus hijas, las Campos Sisters, discuten entre sí en diferentes programas por ver quien cuida mejor a su madre, Alba Carrillo se pone intensa, histriónica, insoportable a ratos defendiendo a su progenitora (que es peor que ella), Víctor Sandoval se enrabieta porque se casa su ex Nacho Polo y una tal Lucía Sache, que es “influencer” como todas y que conocemos por poner y que le pongan los cuernos en ese programa de apareamientos y sano fornicio sin fronteras llamado La Ultima Tentación, cuenta su malhumor con una amiga que a su vez también se aparea ante España como puede.

¿Eres más de Terelu o de Carmen? Tantísimas preguntas sin respuesta. ¡Ah, qué buena la telerrealidad, qué fantástica la telebasura, ahora que hemos perdido la plaza del pueblo, el habitáculo de las porteras, y lo hemos sustituido por el plató! Los de Mediaset hacen sonar sus cajas registradoras, los invitados y los tertulianos que los revuelven se hacen millonarios diciendo naderías y encabalgándose, encorajinándose y delatándose entre ellos, se crean y mantienen muchos puestos de trabajo y nosotros nos olvidamos de la factura de la luz. Somos cotillas por naturaleza (unos más que otros), nos encantan las vergüenzas del género humano y la vida real ya no es suficiente, hay que recrearla, reinventarla. Pero no seamos catastrofistas. La telerrealidad no es más que la gama baja de la tele, la barata, fácil y satisfactoria. La que da más dividendos. Puedes elegir mejores productos de la nevera si quieres.

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