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Un pintor llamado Isaac Díaz Pardo

Aunque pintó toda su vida, el creador de Sargadelos abandonó la actividad pictórica profesional, harto de hacer retratos de encargo para los ricos y tras que le propusiesen decorar el monumento del Valle de los Caídos

Díaz Pardo, ante su cuadro “Concerto de zanfona” (1939).

Algunas de las más importantes obras de pintura de Isaac Díaz Pardo se exhiben en la muestra “As miradas de Isaac” que , organizada por la Xunta de Galicia, acoge la sede de la Fundación Abanca en Vigo hasta el próximo 27 de noviembre. Y es que existió un Díaz Pardo pintor, sí, una faceta que, sin embargo, ha quedado en buena parte oculta por su compromiso con la puesta en marcha de proyectos como el de Cerámicas do Castro o el del propio Sargadelos.

Aunque su sueño había sido estudiar arquitectura, finalizada la guerra civil, y tras el fallecimiento de su madre, Isaac Díaz Pardo se matriculó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, donde muy pronto destacó como un alumno aventajado. Licenciado en 1942, Díaz Pardo completó su formación con un viaje de estudios a Italia, donde visitó Florencia y Siena. Tres años después, poco antes de casarse con Carmen Arias Montero, firmó un contrato como profesor en la Academia de Bellas Artes de San Jordi de Barcelona.

Fue a partir de ese momento cuando se decidió, por fin, a mostrar sus obras pictóricas regularmente. En los siguientes años realizó exposiciones, además de en Galicia, en Madrid, Barcelona, Zaragoza y Londres, todas con un muy positivo eco mediático.

El éxito de estas exposiciones fue de tal magnitud que, con tan solo 25 años de edad, ya comenzó a ser considerado uno de los pintores más prometedores del arte gallego de la época. Particularmente existosas fueron, en este sentido, las muestras realizadas en Madrid y, sobre todo, la de Londres, cuando creativamente ya se encontraba en una segunda etapa de su trayectoria artística, caracterizada por las obras en gran formato (entre ellas, a destacar “Los ahogados”).

“A barca de Caronte” (1947)

Durante esa década de 1940, Díaz Pardo desarrolló la primera etapa de su obra pictórica, definida por la especialista M.ª Luisa Sobrino como etapa académica. En ella, influenciado por los clásicos de los siglos XV y XVI, se aprecia una presencia importantísima de la figura de la mujer, elemento que se hizo constante con el paso de los años, junto a bodegones y grandes composiciones. Sin embargo, en aquella altura, con lo que realmente Díaz Pardo ganaba dinero era con sus retratos. De hecho, era el retratista más demandado por la burguesía madrileña de aquellos años.

Pero, en ese momento de éxito de su carrera, cuando ya empezaba a ser aupado como nuevo genio de la pintura española, cuando escribían elogios de él desde Eugenio D’Ors hasta Camilo José Cela, decidió sorpresivamente abandonar este tipo de pintura para “explorar otras formas de creatividad”.

“Xentes que ollan” (1971)

¿Que fue lo que motivó esta decisión? En realidad, fue el resultado de un cúmulo de razones que estallaron cuando, en 1947, convocado por el también pintor gallego Fernando Álvarez de Sotomayor, que dirigía el Museo del Prado desde 1939, le pide a la “joven promesa” que participe en la decoración mural de Cuelgamuros, el que va a ser el Valle de los Caídos, es decir, el grandioso monumento bélico para gloria del franquismo.

“Aquello colmó el vaso”, ha declarado su hijo Xosé Díaz al respecto. “¿Como iba acceder a semejante propuesta el hijo de un asesinado por el fascismo?”. A sabiendas de que su negativa podía “costarle muy cara”, se marchó a Argentina.

“Adán e Eva” (1962)

Mas (o menos) allá de esta razón, felizmente Isaac Díaz Pardo dejó escrito un artículo en el que explicó su cese como “pintor profesional”, aunque ciertamente continuó pintado ocasionalmente hasta casi el final de su días. De hecho, entre 1949 y 1955, desarrolló, eso sí, fuera de los ámbitos profesionales, una segunda etapa pictórica caracterizada por la influencia del grupo de los renovadores gallegos, especialmente por Maside y Colmeiro, además de Renoir y Cezanne si bien, temáticamente, continuó instalado en la figura de la mujer asociada a la madre, y ahora, más acentuadamente, a la patria (gallega) y a la fertilidad.

Entre 1955 y 1971, experimenta una importante evolución estética influenciada por el contacto directo con el arte internacional y con Luís Seoane. En esta etapa, aborda la temática social, en la que aparecen trabajadores y campesinos, y juega con colores planos, líneas rectas y siluetas bien definidas.

“A nave espacial” (1964).

En el antes citado artículo, titulado “O meu cabalete”, escrito en Buenos Aires en 1956, se refiere a su época de pintor profesional con desprecio: lo definía como “O tempo en que eu era vendedor de cadros”. Y escribe también: “Os homes podentes chamábanme pra pintar as súas facianas nos lenzos, brilante na man prantada sobor do brazo da cadeira, a cravata de seda natural sobor da camisa de puro fío, as donas burguesas en traxe de festa con fondo de estanza pazal, e, co sinceiro ser dos que desexan agacharse detrás de traxes e caretas, meus cadros tiñan tamén de ser testigos e retrataban o que ollaban... Os ricos eran así i eu era unha cámara escura que pintaba por catro cartos o que me mandaban”. “Mais -continúa- a miña ialma adoecía na miña propia ruindade porque outra vida quedaba na miña terra, que era a que me correspondía, e chegaba a min non sei por onde atordoándome, coma un río chimpado, e cansei dos ricos cos seus traxes e alfaias, do canto de rá das súas gabelas e da súa ben gobernada xordeira; e chegueime a cansar até do xenio requintado dos homes se non resolvía o meu problema. Pensei que sobexa pintar para pintar aquilo e cambiei de profesión para deixarte ceibe”.

Isaac Díaz Pardo realizó su última exposición, “Pinturas e fracasos”, en 2011, en la Casa da Parra de Santiago. Una muestra en la que efectuó un balance de su trayectoria, con obras pintadas desde 1944 hasta 2004. 

La mayoría de su obra pictórica se conserva en colecciones particulares, así como en la de la Fundación Abanca y la de la Diputación de A Coruña.

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