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Gallegos a la vanguardia

“No hay que temer a la inteligencia artificial, mejora nuestro bienestar”

El vigués Enrique Sánchez Lozano es investigador senior en el Samsung AI Center de Cambridge

El ingeniero vigués Enrique Sánchez, en el Samsung AI Center de Cambridge. FDV

Nos beneficiamos de la inteligencia artificial a diario. Cuando el móvil reconoce nuestro rostro, cuando nos hacemos un selfie con un gesto de la mano o cuando recibimos recomendaciones personalizadas de las plataformas audiovisuales. Pero todavía quedan muchos retos, por ejemplo, que las máquinas aprendan más rápido y sean capaces de identificar correctamente nuestros estados de ánimo. Y en el Samsung IA Center de Cambridge se desarrollan las investigaciones de vanguardia que algún día llegarán a nuestros hogares. El vigués Enrique Sánchez Lozano, doctor en Ciencias Computacionales por la Universidad de Nottingham, está especializado en visión artificial dentro del equipo Future Interaction desde marzo de 2019.

Algunas de sus últimas publicaciones científicas están relacionadas con la integración del contexto temporal de las emociones en los modelos avanzados de reconocimiento, pero también ha participado en proyectos para intentar detectar el estado de ánimo del usuario de un móvil a través de su voz, su cara o los textos que escribe, y en programas que generan caras de personas que no existen.

"Puede detectar fatiga, estrés, cansancio o niveles de depresión. Y es posible utilizarla para advertir de caídas de personas mayores o predecir enfermedades"

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“El ocio se ha beneficiado mucho de la inteligencia artificial. Mientras hacía la tesis en Nottingham, una start-up de EE UU se interesó por mi modelado geométrico de la cara en tiempo real para integrarlo en su aplicación, que desarrollaba un avatar del usuario a partir de su rostro. Pero a mí me gusta cómo ayuda a mejorar la calidad de vida. Puede detectar fatiga, estrés, cansancio o niveles de depresión. Y es posible utilizarla para advertir de caídas de personas mayores o predecir enfermedades. En la Universidad de Cambridge hay un grupo que aplica estos avances en medicina”, destaca.

Pero como todas las tecnologías disruptivas, la inteligencia artificial también genera temores, entre otros, el acceso no autorizado a datos personales y la pérdida de la intimidad. “No hay que tenerle ningún miedo. Mejora nuestro bienestar. La gente piensa en una invasión de la privacidad, pero es todo lo contrario. De hecho, uno de los primeros trabajos que hice en Samsung tenía como objetivo entrenar a la máquina para detectar la cara sin utilizar datos, solo a partir de la imagen. Y además recibimos mucho entrenamiento legal en estos temas”, subraya.

Se trata, sin duda, de un campo con muchísimo futuro y las principales compañías tecnológicas del mundo dedican esfuerzos y recursos para situarse en la punta de lanza del conocimiento. “En los últimos cinco años se ha producido un evolución rapidísima. Un auténtico boom. Pero todavía quedan muchos retos por delante como conseguir que las máquinas aprendan cada vez más rápido y sin utilizar datos públicos”, apunta Enrique, que reconoce entre risas haber llegado “de rebote” a este ámbito hace algo más de una década, cuando empezaba a despegar.

“Me plantearon tres temas para hacer el proyecto fin de carrera y elegí el que más riesgo tenía. Ahí descubrí que la visión artificial contenía muchas matemáticas, que a mí me apasionan, y me empezó a interesar. Y me siento muy agradecido y afortunado por todo lo que vino después”, reconoce.

Enrique estudió Ingeniería de Telecomunicación en la Universidad de Vigo –su padre era profesor y llegó a darle clase en primero–, después realizó un máster en Teoría de la Señal y trabajó en Gradiant durante 4 años. Durante ese periodo también realizó una estancia en la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh. Y, tras un año en el Grupo de Tecnologías Multimedia de la escuela olívica, se trasladó a Nottingham para hacer el doctorado con una beca Barrié.

Finalizada la tesis, su siguiente objetivo era convertirse en profesor universitario, pero sobre su mesa, además de la posibilidad de hacer una estancia postdoctoral en Cambridge, aparecieron ofertas de Huawei y Samsung.

“Las grandes compañías como Google o Facebook quieren incorporar a gente que tenga un doctorado y publicaciones en revistas de impacto, pero hay muchos puestos y pocos candidatos. Se pelean por ellos y es un trabajo muy bien remunerado. La demanda es muy elevada y las condiciones de Samsung eran irrechazables. Además de hacer investigación en las líneas de futuro de la empresa te dan libertad y recursos y sigo haciendo publicaciones científicas”, señala Enrique, que también colabora con la Queen Mary University de Londres y tiene varios estudiantes a su cargo.

"Debajo de nuestra oficina esta Amazon, enfrente Microsoft Research y, al lado, Apple. Y desde casa veo la sede de Astrazeneca. A Cambridge le llaman el pequeño Silicon Valley. Hay pocos sitios tan conectados con el resto del mundo"

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El Samsung AI Center de Cambridge es uno de los cinco centros globales dedicados a este ámbito que la compañía tiene repartidos por todo el mundo y cuyas oficinas, donde trabajan medio centenar de expertos europeos, indios, chinos y coreanos, se encuentran en la última planta del edificio más alto de la ciudad británica.

“Las vistas son imponentes. Debajo de nosotros está Amazon, enfrente Microsoft Research y en el edificio de al lado, Apple. Y desde casa veo la sede de AstraZeneca. A Cambridge le llaman el pequeño Silicon Valley”, recuerda Enrique.

Por su cuenta, sigue estudiando Física y Matemáticas para satisfacer su curiosidad y su interés por ambas disciplinas –”Me ha ido de maravilla pero una parte de mí se arrepiente de no haberlas elegido”, dice entre risas–, y también avanza con el griego, que es el idioma natal de su pareja.

De su etapa en la UVigo mantiene contacto con su exprofesor José Luis Alba, que recientemente le invitó a ofrecer una charla dentro de su asignatura en el máster de Visión por Computador, y también con el que fue su tutor en Gradiant, Daniel González.

Pero no se plantea regresar: “Echo mucho de menos Vigo, sobre todo, a mi familia, a mis hermanos y a mi madre, la comida, el mar y las Cíes. Pero no volvería, porque hay pocos sitios tan conectados con el resto del mundo como Cambridge o Londres. Y las condiciones laborales serían mucho peores”.

Lo cual no quiere decir que no ejerza de gallego. Aunque nació en Madrid en 1986 –su madre es de Aranjuez y su padre, de origen coruñés, daba clases en la Politécnica–, se mudó siendo un niño, cuando se creó la escuela viguesa: “Soy de Vigo y me siento gallego, es un sentimiento arraigado en mí. En la colección de libros que me traje aquí está Sempre en Galiza”.

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