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Faro de Vigo

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Terrorismo en directo

La televisión actuó como un fascinante testigo que fijó para siempre en nuestras retinas una nueva dimensión del acontecimiento, inédita e inolvidable

Una imagen de las torres gemelas tras recibir el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001. Reuters

El 11 de septiembre de 2001 es ya una fecha para la Historia. El ataque terrorista de ese día utilizando aviones civiles contra las Torres Gemelas de Nueva York y contra el edificio del Pentágono en Washington, junto al intento de estrellar otros dos aparatos contra la Casa Blanca y el Capitolio, fijaron un antes y un después como sólo pueden hacerlo los grandes acontecimientos.

El 11S en Nueva York : 3.000 muertos en directo Vídeo: Agencia ATLAS | Foto: Archivo

Estos hechos tuvieron a la televisión como un fascinante testigo que fijó para siempre en nuestras retinas una nueva dimensión del acontecimiento, inédita e inolvidable.

La televisión tuvo aquel día el privilegio de haber protagonizado la información de unos acontecimientos trascendentales de manera simultánea a cómo se producían. Un 81 por ciento de norteamericanos declaró haberse enterado de los ataques del 11-S a través de la televisión frente al 11 por ciento que lo hicieron a través de la radio y el 1 por ciento por la prensa, porcentajes extrapolables también a Europa.

Aquel día todas las televisiones emitieron los telediarios más largos de su historia. El consumo de televisión en España fue de 229 minutos por persona, un 24,5 por ciento más de lo habitual. El acontecimiento cogió a las televisiones europeas en plena emisión de las ediciones de mediodía de sus telediarios (en Asia coincidió con la emisión de los de la noche) y sus responsables decidieron prolongar su duración suspendiendo incluso todo tipo de anuncios: las televisiones españolas perdieron ese día alrededor de cinco millones de euros en ingresos por publicidad.

Además, el intervalo de 18 minutos entre el primer y el segundo impacto de los aviones en las Torres Gemelas hizo que tuviesen los objetivos de sus cámaras en directo pendientes de la acción terrorista. Ningún telespectador vio en directo el impacto del primer avión, pero no tardaría mucho en divulgarse esa imagen desde otro punto de vista, tomada por los hermanos Jules y Gedeon Naudet, dos cineastas franceses que se encontraban rodando cerca de las Torres Gemelas un documental sobre el trabajo de los bomberos de Nueva York.

Una imagen de las torres gemelas tras recibir el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001. Reuters

De pronto, cuando todo parecía indicar la posibilidad de un dramático accidente, los espectadores vieron cómo un objeto brillante que parecía otro avión se empotraba sobre la segunda torre. Sólo desde ese momento se hizo evidente la certeza de un atentado terrorista. Mientras tanto las imágenes en directo de cuerpos humanos que se precipitaban desde los pisos superiores de los edificios incendiados proporcionaban una idea del infierno que se vivía en su interior. Después, el hundimiento de una torre y en pocos minutos, el de la otra. Antes, el Pentágono en llamas. Las televisiones trataban de conseguir todos los planos, todo el material el gran reportaje de una dramática realidad.

En los Estados Unidos todas las grandes televisiones generalistas (ABC, CBS, NBC, Fox) se convirtieron a partir de las nueve de la mañana, hora del atentado en Nueva York, en cadenas 24 horas todo noticias. Mientras la CNN ponía en marcha una programación bajo el título de “America under Attack”, las nuevas cadenas como MSNBC y Fox News tuvieron aquí su bautismo de fuego. Las estrellas de los informativos Dan Rather, Peter Jennings y Tom Brokaw, se transformaron en las principales fuentes de información para millones de norteamericanos que siguieron, entre incrédulos y aterrorizados, los ataques terroristas.

Imágenes inéditas desde un helicoptero el 11-S Youtube

Algunos analistas consideraron que la sofisticación de este atentado incluía la previsión por parte de los terroristas de que cientos de millones de espectadores estuvieran ante las pantallas en el momento de los ataques. La realidad es que el impacto mediático se multiplicó por el hecho de contemplar en directo el mayor atentado terrorista de la historia y sobre todo sus efectos: el derrumbamiento de los edificios, el pánico de la gente, las reacciones de los líderes mundiales y de la opinión pública… La fascinación de las imágenes impregnó también en buena medida a los medios impresos, cuyas ediciones, desde el mismo día del atentado y en los posteriores, plantearon un tratamiento icónico espectacular en las portadas y en las páginas interiores, y en algunos casos publicaron cuadernos y suplementos especiales en cuyos contenidos predominaban los elementos iconográficos, emulando así el tratamiento televisivo del acontecimiento.

Los atentados del 11-S, recogidos por los medios nacionales FdV

LA ELIPSIS DE LA MUERTE

Uno de los elementos del tratamiento informativo que más se destacaron de los atentados fue la autocensura de las imágenes más violentas y desagradables de la catástrofe: cadáveres, cuerpos mutilados, restos humanos… ni siquiera heridos. Imágenes que a buen seguro e inevitablemente tendrían que haber sido tomadas durante la cobertura panóptica de este trágico episodio por cientos de cámaras de la que era capital mediática del mundo y uno de los centros de la industria audiovisual televisiva. Después apenas algunos funerales y entierros, casi siempre sin féretros. Víctimas invisibles, ocultadas, terror opaco, sufrimiento inexistente a los ojos del mundo. La cadena ABC incluso decidió, a partir de un determinado momento, evitar la repetición de los aviones impactando contra las torres mientras no fuera estrictamente necesario. La tendencia a mostrar imágenes de las víctimas, insinuada en un principio por las tomas de algunas de las personas que se precipitaron al vacío desde las torres, fue cortada de manera fulminante. No se ha explicado suficientemente si la decisión de no emitir las imágenes más duras fue tomada por los responsables de las cadenas de televisión, en un inédito ejercicio de autocontrol, se debió a la imposibilidad de los equipos de las televisiones no institucionales para penetrar en la Zona Cero del desastre, por el temor a que las familias de las víctimas impusieran denuncias contra los medios que divulgaran estas imágenes o solicitada por el Gobierno de los Estados Unidos para evitar los efectos incontrolables que podrían haber provocado en la población. La CNN señaló también que no quería que sus periodistas se expusiesen al peligro de nuevos derrumbamientos. Durante las 48 horas que siguieron al atentado algunos pool de televisiones a los que se permitió acercarse a la Zona Cero fueron escoltados y canalizados por la policía y los bomberos de Nueva York y autorizados sólo a filmar las ruinas desde una considerable distancia durante diez minutos. Sea cual fuere la causa, este hecho ha sido analizado como una de las decisiones mediáticas más polémicas. Nadie pudo ver los efectos de los atentados en los seres humanos, como tampoco nadie había visto los efectos de los bombardeos sobre Irak durante la primera Guerra del Golfo, más allá de las luces de los fuegos y las bengalas, y las “imágenes de videojuego” que los militares norteamericanos distribuían entonces a los medios de comunicación. No toda la opinión pública coincidió con la decisión de que no se emitieran esas imágenes. De hecho, aún es materia de discusión en algunos foros.

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