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PEDRO ALONSO | ACTOR

“Si hay algo que yo soy es un tipo leal”

Pedro Alonso, en el centro, en una escena de “La Casa de Papel”.

Por razones más que sobradamente conocidas, la serie “La Casa de Papel” ya forma parte de la historia de oro del audiovisual español, al haber conseguido cifras astronómicas de audiencia en todo el mundo, sobre todo a partir de su emisión a través de la plataforma Netflix.El pasado viernes se emitían los episodios de la quinta parte y,para el próximo 3 diciembre, está prevista la de los capítulos finales de este producto televisivo que ha lanzado a la fama internacional al actor vigués Pedro Alonso, quien durante cinco años ha encarnado a un personaje que ya se ha hecho famoso en todo el mundo: un ladrón de joyas de guante blanco llamado Andrés de Fonollosa, alias “Berlín”, que pese a aliarse con los “malos”, al cabo resulta que no es tan malvado como parece.

Pedro Alonso, Berlín en La Casa de Papel IG

-Ahora que se avecina el final de la serie, me gustaría que volviésemos atrás para recordar cuándo y cómo le llegó a usted la propuesta de participar en “La Casa de Papel” y qué le atrajo de ella para que aceptase.

-¿En qué coincidían ambos personajes?

-Pues, paradójicamente, en que tanto el Padre Casares como “Berlín” no se parecían absolutamente en nada a mí ni a mi realidad, y sin embargo con ambos experimenté un pálpito y una conexión muy intuitiva y, a la par, muy directa, algo que se manifestó en las primeras pruebas de casting, y que no sólo noté yo, sino también quienes me rodeaban. De manera que sí, ahí acabé de descubrir que a “Berlín” tenía que interpretarlo yo, que en aquella altura, y en ésta, a fin de cuentas no era ni soy más que un actor de clase media española.

-Desde fuera pueden elucubrarse varias razones para explicar el espectacular éxito de “La Casa de Papel” pero, desde dentro, ¿cuáles cree que han sido las claves de este éxito?

-La verdad es que si alguien consiguiese la fórmula química del éxito se convertiría en millonario, seguro. “La Casa de Papel” empezó como un proyecto pequeñito y que, sinceramente, nadie podía imaginar que llegase a convertirse en un éxito y, mucho menos, en prácticamente un fenómeno social. Hay que darse cuenta de que pretendíamos competir en un género que, habitualmente, es patrimonio de los anglosajones y, no obstante, el proyecto no estaba falto de ambición ni de factura, como ha quedado claramente demostrado. Es decir, que íbamos a jugar en una Liga que nos era ajena, por eso lo primero que se hizo fue añadirle un sello propio a base de proporcionarle más potencia a los personajes, algo que no suelen hacer los norteamericanos, cuyos personajes son más fríos. A eso yo le sumaría el hecho de que a la serie, siendo un producto de entretenimiento, sus creadores, que venían del mundo del periodismo, tuvieron un olfato muy especial para dotar sus guiones de un atractivo muy propio, muy nuestro y muy latino, ¡muy caliente , ¡vaya!

- Y en esto que llegó Netflix.

-Sí, claro. Netflix nos proporcionó unos medios que nos permitieron hacer verdaderas locuras pero, eso sí, la serie continuó manteniendo siempre su espíritu inicial, sus señas de identidad. En ese sentido, no se renunció a nada. Continuamos siendo los mismos y haciendo lo mismo pero, claro, con mayores posibilidades de producción, sí, y también sin dejar de pensar que lo nuestro era un David (latino) que, competitivamente, se enfrentaba a un Goliat (americano).

-Será consciente de que, especialmente en Latinoamérica, donde la serie ha sido un auténtico bombazo, a usted lo conocen más por “Berlín” que por Pedro Alonso. ¿En algún momento percibió el peligro de ser devorado por su personaje?

-No, pero esto te lo digo porque, de alguna manera, aunque en menor escala, lo que he experimentado con “Berlín” ya me había sucedido antes con el Padre Casares. Todavía hoy hay gente empeñada en identificarme con ese personaje, e incluso no falta quien me diga que “hagas lo que hagas, tú serás siempre el Padre Casares” o que nunca conseguiré superar aquel personaje. Lo cual me parece muy bien (risas). Lo que te quiero decir con esto es que las etiquetas no las coloco yo, las colocan los demás, y esto suele suceder cuando has hecho algo que ha trascendido, que no ha pasado desapercibido. Pero mi vida no funciona bajo esos parámetros. Desde que hice Padre Casares me han pasado muchas cosas y, con “La Casa de Papel” también, incluso muchas más: he publicado un libro, he pintado, he escrito artículos en FARO DE VIGO, he viajado por el Amazonas, voy a rodar una película y estoy metido en la dirección y producción de un documental…Y sin embargo eso no quita que yo tenga una potencia de vida muy fuerte durante estos últimos cinco años, y todo gracias a “La Casa de Papel”, pero mi vida no es solo el tiempo que paso rodando. En general, para todos los que hemos participado en esta serie, ha sido como haber tenido la oportunidad de vivir en una película . Y a mí, personalmente, esta etapa me ha pillado además en un momento de mi vida en el que he procurado concentrarme en todo aquello que me llevaba a reforzar mis deseos e intenciones y, a la vez, en la que he disfrutado de una estabilidad profesional que incluso me ha permitido decir que no a propuestas a las que antes probablemente hubiese dicho que sí.

.¿Quiere decir que ha rechazado propuestas en cine o TV importantes por ser fiel a la serie?

-Me gusta que digas esto porque si hay algo que yo soy es un tipo leal, y por lo tantro siempre he procurado estar en las mejores condiciones posibles para “La Casa de Papel”. Y, sí, claro, he rechazado propuestas, algunas muy tentadoras. La prueba está en que, durante cinco años, no he hecho nada de cine, por ejemplo, pero esto es porque yo procuro ser consecuente con mis compromisos, y “La Casa” ha sido para mí un compromiso básico, algo a lo que entregar mi fidelidad porque consideré que era necesario, que valía la pena, como así lo considero día de hoy.

Con el personaje de “Berlín” me ha ocurrido lo mismo que con el padre casares: que, sin parecerse en nada a mí ni a mi realidad, sentí un pálpito y una conexión inmediata con ellos”

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-Y, no obstante, ha escrito artículos, ha publicado un libro, ha pintado cuadros. A eso sí que le ha dado tiempo. Por cierto: ¿Qué balance ha hecho de su estreno literario, “Libro de Filipo”?

-Yo ya venía escribiendo mucho desde hace 7 u 8 años pero es verdad que, con el libro, y con las colaboraciones en este suplemento ESTELA de FARO DE VIGO, fue cuando empecé a mostrar en público lo que yo escribía. En cuanto a la experiencia literaria pues, qué quieres que te diga, la verdad es que yo no he leído ni una sola critica, ni positiva ni negativa, sobre “Libro de Filipo”. Pero, contestando a tu pregunta, lo que ha supuesto ha sido como un darme a mí mismo un permiso para ir más hacia dentro con mi propia búsqueda. Yo siempre he sido un actor que trabaja por cuenta ajena, expuesto al mercado y a la vista de todos, por eso la escritura, lo mismo que la pintura, las practiqué al principio para mí, como una clase de relación más directa con lo que realmente me mueve, con el mundo sensible, con mi yo interior. Y ese es un espacio que cada vez procuro cuidar más porque siento que tiene que ver con mi forma de vivir, de entender la vida, de ponerme al servicio de mis intenciones y, por qué no, también una manera, mi manera, de disfrutarla. Al final se trata de un intento de montármelo de la mejor forma posible según lo que a mí me interese y me guste. Esto es como un jardín, mi jardín personal, al que que yo no puedo por menos que dedicar lo mejor que tengo. Y esto es algo que me mueve más allá de la repercusión que tenga o deje de tener.

-La pintura también era una actividad privada hasta que decidió incluir obras suyas para ilustrar sus artículos de FARO y obras realizadas mano a mano con su pareja en “Libro de Filipo”. ¿Tiene en mente montar una exposición?.

-La pintura es algo que me ha gustado desde el principio compartir, pero de manera privada, con amigos, porque para exponerme ya me llegaba con mi faceta de actor. Pero, bueno, te voy a ser sincero. A estas alturas ya tengo una buena cantidad de obras, tanto mías como realizadas con Tatiana, mi pareja; y te voy a confesar una cosa: durante el último año Tatiana y yo teníamos ya apalabradas dos exposiciones en Italia, pero que finalmente no pudieron llevarse a cabo debido a la pandemia.

-¿Qué me puede adelantar de la película que va a empezar a rodar a las órdenes de Rodrigo Sorogoyen?

-Desgraciadamente, muy poco, porque no se trata de una producción mía. Solo puedo decirte, y no sé si estoy metiendo ya la pata, que su título va a ser “As Bestas”, que rodaremos en el Bierzo, que la temática es muy gallega y que, profesionalmente, va a ser un trabajo muy complicado para mí, todo un reto.

-¿Y sobre el documental?

-Que va a ser mi debut como director y productor y que tocaré un tema que a mí me apasiona: el chamanismo. La verdad es que tengo una gran ilusión en este proyecto.

-Si a medio o largo plazo, le propusiesen rodar una “segunda parte” de “La Casa de Papel”, ¿prevé que volvería a aceptar?

-Que conste que no me parece un escenario imposible, incluso a corto plazo pudiera ocurrir. Pero para nada pienso en ello. Lo que a mí me ha ido dejando claro la vida, y la ficción también, es que no se puede perder el tiempo con las expectativas porque, al final, la vida siempre te sorprende. Por eso vivo día a día y, a día de hoy, valga la repetición, para mí “La Casa de Papel” está muerta y enterrada. Se ha cerrado un ciclo y ahora lo que debo hacer es concentrarme en lo que tengo delante de mis narices.

-¿Ha descartado un regreso al teatro, donde usted empezó?.

- Yo he hecho mucho teatro y a su vez el teatro me ha marcado mucho, lo reconozco. Pero desde que escribo y pinto ya no tengo la sensación de que vaya a volver a la escena. Y no es que lo descarte, es que no siento la necesidad de hacerlo.

-A mí la propuesta de participar en “La Casa de Papel” me llegó en la ciudad de México D.F., cuando justo había terminado el rodaje de una serie anterior. Me puse a leer las primeras separatas del guion y, la verdad, me pasó algo muy parecido a lo que, años antes, me había ocurrido con el Padre Casares, que enseguida sentí como una especie de llamada.

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