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Mujeres fuera de serie

Mujer, cirujana y madre

Raquel Sánchez, Jefa del Servicio de Cirugía General del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, es la primera mujer en presidir el comité científico de la Asociación Española de Cirujanos y la primera presidenta de la Sociedad Española de la Cirugía de la Obesidad. Su pasión: mejorar vidas

La doctora Raquel Sánchez, en el exterior del Hospotal Álvaro Cunqueiro de Vigo

La doctora Raquel Sánchez, en el exterior del Hospotal Álvaro Cunqueiro de Vigo Alba Villar

Cuando Raquel acudía de niña a los campamentos de verano, su mayor entretenimiento no eran las excursiones, la piscina ni las veladas nocturnas. Lo que más le gustaba a esta navarra era ayudar a curar en el botiquín a los niños que se caían o tenían cualquier problema.

Raquel no había mamado en casa esa vocación tan clara por la medicina. De hecho, no hay en su familia ningún médico: su madre trabajaba como profesora de Infantil y su padre, en un banco. Incluso cuando en BUP realizaban a los alumnos test de aptitudes para ayudarles a elegir carrera, a Raquel le recomendaron que estudiara una ingeniería o arquitectura. Nada convenció a la joven, que tenía muy claro que ella quería curar a las personas.

  • ¿QUIÉN SOY?

    “Inquieta, curiosa y en constante movimiento. Enamorada de la cirugía, que me permite ayudar de forma inmediata”

Raquel Sánchez Santos (Tudela, 1973) es la Jefa de Servicio de Cirugía General y Digestiva del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. En una especialidad tan masculinizada como la cirugía, la doctora ha derribado muros invisibles al ser la primera mujer en presidir el comité científico de la Asociación Española de Cirujanos (AEC) y la primera mujer presidenta de la Sociedad Española de la Cirugía de la Obesidad. Sin pretenderlo, aunque con mucho trabajo previo, Raquel ha abierto un camino ya imparable.

  • Vigo, a la vanguardia en cirugía bariátrica
    La facultativa del Chuvi Raquel Sánchez es la primera mujer en presidir la sociedad española de esta especialidad

Estudió en Pamplona y muy pronto quiso poner en práctica lo que iba aprendiendo. “Tenía mucha relación con los jesuitas, así que comencé a pasar los veranos en sus campos de trabajo por todo el mundo”, cuenta. Fue en uno de ellos, en Albania, donde descubrió la cirugía.

“Me comentaron que el cirujano se había quedado solo ese verano en el hospital y necesitaba alguien que le ayudase. Estuve dos meses con él y me enganché definitivamente a esta especialidad”

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A su vuelta, solicitó ser alumna interna del servicio de cirugía de la clínica de la Universidad de Navarra y estuvo un año con ellos. “En aquella época era una especialidad muy masculina; cuando la elegí en Bellvitge (Barcelona) algunos compañeros me decían que no era para una mujer. Tenía que escuchar cosas como que las chicas nos íbamos a marear en el quirófano, que no tendríamos fuerza suficiente o que no podríamos compaginarlo con una familia”, recuerda. El carácter decidido de Raquel hizo que aquellos comentarios no le afectaran. “Cuando tienes una vocación y quieres conseguir una meta no tienes que dejar que nadie te diga lo que no puedes hacer”, aconseja.

Para ella, especializada en colon y tubo digestivo, era habitual ser la única mujer que presentaba sus investigaciones en congresos. También tuvo que lidiar con las dudas de los pacientes, que preferían que les atendiera un cirujano hombre.

“Cuando tienes una vocación y quieres conseguir una meta no tienes que dejar que nadie te diga lo que no puedes hacer”

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Sin embargo, Raquel sabe que no todas las mujeres son tan fuertes ante la presión social y por ello nunca ha dudado en colaborar en acciones para desmontar estereotipos de género. Por ejemplo, participó con la asociación Referentes Galegas con charlas en institutos donde contaba su experiencia a los alumnos. “Siempre insisto en que si quieres algo y te esfuerzas, la mayoría de veces lo consigues”, destaca.

Esta realidad está en plena transición. Raquel explica que los alumnos de Medicina ya son mayoritariamente mujeres, por lo que el porcentaje de cirujanas también está creciendo.

“En 2015 hicimos una revisión en la Sociedad Española de Cirujanos y había solo un 22% de mujeres; en el MIR de hace 2 años, el 60% de los que eligieron cirugía eran chicas”

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Raquel Sánchez, Jefa del Servicio de Cirugía General del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo Alba Villar

En Pamplona, durante la carrera, Raquel se enamoró de un gallego. Se casaron y tuvieron una hija. La doctora trabajó durante 8 años en el Hospital de Bellvitge y se especializó en cirugía laparoscópica. Cuando tuvieron la oportunidad, decidieron trasladarse a Galicia y la pareja comenzó a trabajar en el Hospital de Pontevedra.

Raquel siguió progresando en su carrera y, tras realizar un master de gestión y dirección hospitalaria, se presentó al puesto de jefa de servicio y lo ganó, al tiempo que se enfrentó de nuevo a las opiniones machistas. “Yo era joven, 40 años, y tradicionalmente los jefes de cirugía eran hombres y mayores. Cuando me dieron la plaza algunos me preguntaban si iba a ser capaz de gestionarlo… Te hacen dudar”, admite. Pero Raquel demostró durante 4 años su indudable valía como jefa de servicio en Pontevedra. La navarra destaca por su capacidad de organización y liderazgo, además de motivar a la gente que le rodea y mantiene la pasión por innovar y crear proyectos conjuntos.

En el año 2018, Raquel se presentó a la plaza de jefa de Servicio de Cirugía del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo y la ganó, por lo que desde entonces trabaja en la ciudad olívica.

Al tiempo que crecieron profesionalmente, a la familia se unió un nuevo miembro. Actualmente tienen dos hijos de 13 y 16 años. Ser ambos padres médicos, con sus guardias y horarios complicados, hizo que a veces la crianza fuera una operación compleja. “Lo más importante es que, desde el primer momento, hemos compartido obligaciones y nos hemos apoyado mutuamente. Es un viaje compartido”, advierte Raquel, que agradece que siempre contaron además con la ayuda de sus familias.

Raquel ha sido la primera mujer en presidir el comité científico de la Asociación Española de Cirujanos (AEC) y es también la primera presidenta de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad (SECO). Estos cargos no son casualidad, sino fruto de un trabajo constante y comprometido con su profesión. Durante años, la cirujana colaboró con ambas sociedades científicas, organizando cursos, proyectos de investigación… “Creo que es muy importante ayudar con nuestra experiencia a que se formen otros cirujanos. A mí me sirvió muchísimo cuando lo necesité y sentía que era esencial devolver todo eso que yo había recibido”, considera.

Y es que la docencia es otra de las pasiones de la cirujana. Los seminarios virtuales que impartió durante el COVID semanalmente, acompañados de vídeos, fueron muy bien recibidos y se llegaron a conectar hasta 1.000 cirujanos en cada una de las sesiones.

Además de sus aportaciones en las sociedades científicas, Raquel fue profesora en la escuela de Enfermería de Pontevedra y ahora en Vigo es docente asociada de la Universidade de Santiago e imparte clases prácticas a los alumnos de Medicina en el hospital vigués.

“Veo a los jóvenes con ganas e ilusión, aunque la pandemia fue dura porque tuvimos que cancelar durante un tiempo las prácticas y para ellos es esencial el contacto directo con los pacientes”

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Raquel Sánchez, Jefa del Servicio de Cirugía General del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo Alba Villar

Raquel es una de las mayores expertas en cirugía bariátrica de España. Tuvo como mentor en el Hospital de Bellvitge al doctor Carlos Masdevall, uno de los pioneros en esta especialidad que apasiona a la navarra. “La cirugía bariátrica cambia la vida tan limitada de las personas que sufren obesidad; algunos no pueden abrocharse los zapatos, jugar con sus hijos ni relacionarse con amigos. Cuando les operas, pierden peso y comienzan una nueva vida y eso es maravilloso. Es una cirugía muy agradecida y con escasos riesgos, la pena es que necesitaríamos unos circuitos más fluidos para poder ofrecerla a un mayor número de personas”, advierte.

“La cirugía bariátrica cambia la vida tan limitada de las personas que sufren obesidad"

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Durante los dos años que lleva como presidenta de la SECO, Raquel ha tratado de dar un mayor protagonismo al paciente. “Hemos creado un portal en el que incluimos material audiovisual para que conozcan perfectamente la cirugía. También intentamos reducir el estigma social que tiene la obesidad; muchos olvidan que es una enfermedad crónica e incluso culpan al paciente”, lamenta.

Por otra parte, están trabajando en un proyecto de atención integral a la obesidad en Galicia para ofrecer soluciones desde la infancia. “Estoy muy sensibilizada con este problema porque en la familia de mi padre hubo muchos casos de obesidad y vi cuánto sufrieron”, confiesa.

La cirugía bariátrica está en plena evolución gracias a la robótica, por lo que Raquel siempre está actualizando sus conocimientos en cursos. La montaña sigue siendo, como cuando era niña, su refugio en el tiempo libre que le queda. Su muy escaso tiempo libre. Pero Raquel siempre llega al hospital con una sonrisa.

 

Las pioneras: James Barry, la cirujana que se hizo pasar por hombre

Antes de que Elizabeth Blackwell se convirtiera en la primera mujer en ser aceptada en la universidad de Medicina en 1847, la vocación de salvar vidas tenía un alto precio para las mujeres. Este es el caso de Margaret Ann Bulkley, que tuvo que vivir toda su vida como James Barry para poder trabajar en la sanidad.

A la izquierda Margaret Ann Bulkley, a la derecha James Barry, el hombre en el que se tuvo que convertir toda su vida para poder ser cirujano

Nació entre 1789 y 1799 y su tío James Barry, un renombrado pintor irlandés, habría montado una operación para que su sobrina, fascinada por la medicina, pudiera cursar los estudios.

Barry le prestó el nombre y Margaret ingresó en el cuerpo de cirujanos del ejército tras licenciarse en la Universidad de Edimburgo.

Recorrió gran parte de los territorios del imperio como la India, Jamaica, Malta, Corfú o Crimea. En Sudáfrica realizó la primera cesárea conocida en la que sobrevivieran la madre y el hijo.

Se esforzó por aplicar las normas de higiene y logró importantes avances en el control de la lepra.

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