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Oroza, desde un lugar más alto que el cielo

Uxío, Elba, Oroza,  Xoan Rolo y Carmen, en Prado do Caurel.

Uxío, Elba, Oroza, Xoan Rolo y Carmen, en Prado do Caurel. Latinapaterson

Uno no tuvo más que escaramuzas con el género biográfico, esos tragos cortos propio de la itinerancia periodística, salvo cuando me aproximé a la vida de Enrique Peinador Lines por fraterna presión de Xosé Martínez, “Pepiño”, convertido en libro por el editor y sobre todo amigo Bieito Ledo. En los últimos años lo hice en pequeñas dosis adaptándolo a los tiempos y espacios del periodismo a lo largo de una s 17 o 18 decenas de memorias de personajes gallegos a doble página, narradas en primera persona. Suficiente experiencia de todos modos para constatar que biografía y vida no son lo mismo, pero se parecen y a veces se aproximan, cuando no se recrean o ficcionan demasiado. Ya se sabe que la memoria es un arma cargada de pasado. Pero no me lío: en todo este magma biográfico o bioficcional vivido, el poeta Carlos Oroza fue siempre en mis esporádicos encuentros con él en Vigo una imposible pieza a abatir, asignatura pendiente que ahora es ya perdida. Siempre rehusó, aunque fuera con elegancia a que husmeara en su pasado.

Oroza FdV

Fue Uxío Novo Rey, hijo de Novoneyra y presidente de la Fundación que lleva el nombre paterno quien lo sacó de su trasmundo para traerlo otra vez a mi vida. Cálido, cordial y positivo como por instinto este Uxío, que me descubrió una etapa de Oroza desconocida para la mayoría: su estancia en O Caurel, al calor hospitalario de Uxío Novoneyra, poetas ambos aunque cada cual tuviera texto y pretexto diferente. Por escrito, Uxío me hizo el favor de dar luz a mi penumbra.

El cuarto de Carlos Oroza

El cuarto de Carlos Oroza FdV

Esa imagen de flaneur que dejó Oroza en Vigo, paseante incansable por las zonas llanas de la geografía urbana, tuvo un antecedente radicalmente opuesto en el corazón más hermoso, salvaje y si se quiere selvático del rural gallego. Buf, O Caurel, qué fuerte. Me cuenta Uxío que Oroza escribió a su padre desde un Madrid en cuyos circuitos culturales era conocido pero que ya le cansaba. Quería pasar una temporada con él y allí llegó en 1973 y convirtió lo que iba a ser espacio pasajero en ocho años de estancia, con algunas idas y venidas. Allí el azar le hizo coincidir con Carmen Latorre, la mejor amiga de Elba Rey, mujer de Uxío, a la que, al verla por vez primera, le dijo: tienes cara de Elena y así te voy a llamar. He ahí la construcción en su poesía de la musa Eléncar, Elena-Carmen. Sería su pareja diez años en los que también se hizo muy amigo de Elba. La Eva de “Évame”, quizás diría él. De Uxío ya lo era antes, tras pasar muchas juntos.

Carlos Oroza en Caurel en 2973 FdV

¡Qué hermosa historia, entre las historias de Oroza! Allí, en la Casa da Fonte familiar de la aldea de Parada, dormía él y Carmen en el “Cuarto do Sete”, que antes ocupara la madre de Uxío Novoneyra, donde el mismo poeta había nacido y donde ella pasó su enfermedad y muerte. Donde ahora duerme cada vez que va a la casa Uxío hijo. En Parada, me cuenta, le llamaban “o señor Carlos” y aún sobreviven mujeres en la aldea que se acuerdan de él. “O camiño de Currelos” era su ruta preferida, ese que va a la aldea de Moreda y sube 500 metros a la de Campelo.

“Emporiso -me dice Uxío- o primixenio poema En el Norte hay un lugar que es más alto que el cielo”

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Es la aldea más alta del Caurel. Con su voz pregrabada, yo mismo utilicé ese poema para abrir un magno desfile de Galicia en Madrid y en el hi-tech de la moda de España: Cibeles.

Novoneyra se fue a vivir a Santiago en 1983 y Oroza ya no quiso volver más al Caurel, según él porque no se torna a los lugares donde uno fue feliz. Y siguió su camino hacia Vigo, donde pasó los años suficientes para morir e hizo la transición, de paseante bucólico por las anchuras del Caurel, a urbano flaneur que vaga por las calles sin objetivo fijo. ¿Cómo no le van a gustar a uno las vidas de interiores?

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