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Elena García Armada Ingeniera Industrial especializada en exoesqueletos

La robótica más humana

Elena García Armada es pionera en robótica pediátrica y diseñadora del primer exoesqueleto biónico del mundo, con el que ayuda a caminar a niños con enfermedades neuromusculares. Ingeniosa y generosa a partes iguales, destaca entre los diez científicos más brillantes de España

Elena García Armada, con uno de sus exoesqueletos

Elena García Armada, con uno de sus exoesqueletos Marsi Bionics

El juego más divertido de Elena, desde que tiene memoria, era desmontar aparatos; sacar todas las piezas y descubrir cómo funcionaban. “Era una niña muy curiosa y creativa”, dice. Esta vallisoletana, hija de gallegos, es hoy una de las diez científicas más brillantes de España. Creadora del primer exoesqueleto biónico del mundo, ha conseguido que muchos niños que no podían andar por diversas enfermedades neuromusculares, den sus primeros pasos. Y la sonrisa de esos niños al lograrlo, asegura, es su mayor premio.

  • ¿QUIÉN SOY?

    “Una mujer decidida a ayudar a caminar a quien no puede hacerlo. Muy orgullosa de mis raíces y, a veces, superwoman” los proyectos liderados por mujeres reciben menos financiación; Romperlo es complejo y requiere un cambio global”

La robótica es el campo en el que Elena García Armada (1971) encontró el espacio perfecto para desarrollar toda la creatividad que le motivaba desde niña. El entorno en el que se fraguó el tremendo talento de esta mujer fue, sin ir más lejos, su propia casa. La madre de Elena, María del Pilar Armada, nació en Pereda, un pueblo muy pequeño de la comarca de Celanova. Hija mayor del Comisario Jefe de Policía de Santiago, creció y estudió en esta ciudad la carrera de Ciencias Físicas, algo muy poco habitual para una chica de esa época. Posteriormente, se doctoró en Ciencias Físicas y se casó en la Catedral de Santiago de Compostela cuando ya había recibido el título de catedrática de Ingeniería Técnica. Eligió como compañero de vida a otro gran científico, un catedrático de Electromagnetismo.

Elena durante el predoc, con una de sus piernas biónicas FdV

Tras la boda, la pareja se estableció en Valladolid, donde ambos impartían clases en la Universidad. Tuvieron tres hijas. Para el nacimiento de la mayor, Pilar se desplazó a su Santiago natal, pero Elena, la segunda, nació en Valladolid. “El viaje en esos años era realmente pesado y mi madre prefirió no repetirlo”, sonríe la científica.

  • Elena García Armada: “Mi sueño es seguir esbozando sonrisas”

    Gracias a su pasión y entrega ha logrado cambiar la vida de los demás.

Cuando otorgaron al padre la cátedra de Electromagnetismo en la Universidad de Santander, la familia entera se trasladó allí, donde nació la hermana pequeña y donde Elena vivió hasta que comenzó la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Madrid.

“No sé si el carácter se forja en esos viajes o más bien en el entorno familiar, la educación, la cultura… Yo estoy muy orgullosa de mis raíces y he tenido la inmensa fortuna de vivir en un entorno muy estimulante”, asegura.

“Crecer en una familia de científicos te da una mirada especial a la hora de cómo afrontar un problema. La educación que nos dieron, pero sobre todo su ejemplo, fueron fundamentales en mi carrera profesional y en la de mis dos hermanas”

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Elena posa sonriente con el exoesqueleto

Elena posa sonriente con el exoesqueleto FdV

Elena asegura que como estudiante no era la primera de la clase. Destacaba en Física y en Matemáticas, pero también en Arte. Sin embargo, criarse en una familia de científicos tiene un peso incuestionable y finalmente se decantó por la ingeniería industrial, en la especialidad de robótica. “La verdad es que tenía una inteligencia lógico-matemática muy útil para la robótica, que es pura creación. Es concebir algo desde la nada, programarlo, desarrollarlo, darle forma, buscar soluciones... Es fácil apasionarse con ello”, describe.

En la carrera de ingeniería se sumergió en un ambiente eminentemente masculino. “Éramos muy pocas chicas aunque, en general, nunca noté un trato diferente por parte del profesorado”, asegura. Sin embargo, la científica opina que este panorama está en pleno cambio. “Ahora tiene mucha más visibilidad y cada vez son más las mujeres que se apasionan por la ciencia y la ingeniería”, dice.

García Armada completó su formación en el prestigioso Leg Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts, “que me aportó una visión fundamental para el desarrollo posterior de los exoesqueletos”.

  • "Cuando un proyecto está liderado por una mujer recibe menos financiación"

    Elena García Armada, creadora de un exoesqueleto biónico pediátrico para facilitar la movilidad de los niños que no pueden andar, busca fondos para su comercialización

Y un día llegó Daniela a su vida, una niña que, tras un terrible accidente de tráfico, se había quedado tetrapléjica. Elena se encontraba desarrollando exoesqueletos industriales cuando los padres de la pequeña le pidieron ayuda, momento en el que su carrera dio un giro decisivo. “Empezamos con un proyecto para aplicar esta tecnología a la rehabilitación de la marcha en el paciente infantil, algo que no existía en el mundo. Ahí descubrimos que la robótica podía suponer una ventaja diferencial a la hora de ayudar a caminar a niños que no pueden hacerlo”, explica la ingeniera.

Elena con un miembro de su equipo, trabajando en el exoesqueleto FdV

Elena y su equipo desarrollaron el primer exoesqueleto pediátrico del mundo, al que bautizaron como ATLAS. La Agencia Europea del Medicamento acaba de concederle el marcado CE, lo que significa que, tras ocho años de lucha y dura investigación, éste podrá comercializarse.

Esta estructura está basada en soportes que se ajustan a las piernas y al tronco del niño y al incorporar motores que imitan el funcionamiento del músculo le aportan fuerza para caminar. Es la esperanza de los niños que sufren atrofia muscular espinal, una enfermedad degenerativa sin cura, y se estima que gracias a él podrían volver a caminar más de 120.000 menores en todo el mundo.

“El exoesqueleto mejora la vida de los niños tanto a nivel físico como psicológico. A nivel físico, la terapia permite reforzar toda la musculatura del tronco de una manera mucho más eficaz que con terapia manual. Además, el hacerlo caminando y de una manera lúdica aporta más motivación, con lo que podemos trabajar con más intensidad y efectividad”, describe su creadora. Y si el aspecto físico es importante, el psicológico no lo es menos. “Con el exoesqueleto los niños se sientes superhéroes; caminan, juegan, se divierten... Tiene un impacto impresionante en su confianza y autoimagen del niño”, añade la investigadora.

La robótica construye máquinas, pero el trabajo que realiza Elena es lo más alejado a la frialdad de una máquina. “No hay sensación más bonita que ver la cara de un niño que camina por primera vez en su vida. Compartes sus alegrías y también sus preocupaciones. Es un trabajo que se realiza desde la empatía. Pero la satisfacción solo será completa cuando lo puedan utilizar todos los niños que lo necesiten”, afirma.

Elena en el Centro de Automática y Robótica del CSIC FdV

Actualmente, Elena desarrolla su labor en el Centro de Automática y Robótica del CSIC. Es fundadora de Marsi Bionics, empresa cuyo objetivo es la investigación y creación de estos exoesqueletos pediátricos.

Llegar hasta este punto no ha sido sencillo. Elena asegura que las mujeres tienen más dificultades para ascender en las escalas científicas, “cuanto más arriba, menos mujeres”. Y especialmente en proyectos de transferencia tecnológica, como es Marsi-Bionics, se topan con la cruda realidad:

“Los proyectos liderados por mujeres reciben menos financiación. Romperlo es complejo, es cultural y es una transformación social que verá sus frutos en los próximos años”

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Elena García Armada FdV

Para alcanzar ese cambio profundo, la científica advierte que “hay que trabajarlo desde la cuna. Además, opina que los planes de estudio deben renovarse desde las edades más tempranas. “Menos memorizar y más nuevas tecnologías”, destaca.

Por otra parte, Elena anima a que “nos esforcemos en demostrar que las científicas, las ingenieras o las inventoras son, ante todo, mujeres normales. También debemos ayudar a que comprendan cómo a través de la ciencia y la ingeniería es posible resolver grandes problemas sociales”.

La científica ha compaginado su brillante carrera con la maternidad y confiesa que, “aunque no me hizo retroceder, sí me lo puso más difícil”. “Supone una dedicación añadida: tienes que robar el tiempo de otros sitios, principalmente del sueño y a veces ser una superwoman. No me ha ralentizado, me ha enriquecido, pero me ha supuesto mucho más trabajo”, concede.

Un niño probando el exoesqueleto de Elena y volviendo a caminar

Un niño probando el exoesqueleto de Elena y volviendo a caminar

Elena García Armada siente verdadera pasión por su trabajo y tiene el convencimiento de que la robótica cada vez será más eficaz. “En nuestro campo, en la rehabilitación física, estamos en un punto muy inicial, somos pioneros. Hay tecnología, pero el trabajado físico sigue siendo manual. Ahí es donde queremos operar un cambio que permita una mayor efectividad terapéutica”, advierte.

La niña que jugaba arreglando máquinas y que ahora sueña con ayudar a todos los niños que no pueden caminar. Sin excepciones. Esa es Elena.

Las pioneras: Elisa Leonida Zamfirescu, la primera ingeniera de Europa

 

Elisa Leonida Zamfirescu (1887-1973) fue una de las primeras mujeres ingenieras reconocida en la historia. Rompió con todos los cánones que estaban establecidos para una mujer en su época.

Elisa Leonida Zamfirescu, la primera ingeniera de Europa

Nacida en Rumania, tras acabar los estudios secundarios intentó matricularse en la Escuela Nacional de Puentes y Caminos de Bucarest, pero fue rechazada por prejuicios sexistas. Decidió emigrar a Berlín para inscribirse en la Universidad Técnica de Berlín y, aunque su matriculación tampoco estuvo exenta de polémica, fue aceptada y se graduó en 1912 con honores.

Elisa Leonida Zamfirescu, con su equipo

Desarrolló su trayectoria en los campos de las matemáticas, física y química, llegando a ser nombrada directora de los laboratorios del Instituto Geológico de Rumanía. Realizó importantes estudios en torno a la identificación y análisis de nuevas fuentes de energía y fue la primera mujer en la Asociación Rumana de Ingenieros.

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