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Larga vida a la ley del divorcio

Los matrimonios se pueden disolver legalmente desde hace cuarenta años. La reforma social impulsada en 1981 permitió la ruptura de más de 2,2 millones de parejas en cuatro décadas. En Galicia se registra una media de 5.450 casos anuales. La mujer es la que toma mayoritariamente la iniciativa y ejerce la custodia de los hijos

Montaje con el ejemplar del 23 de junio de 1981 de Faro de Vigo

Montaje con el ejemplar del 23 de junio de 1981 de Faro de Vigo FDV

“No podemos impedir que los matrimonios se rompan pero sí podemos impedir el sufrimiento de los matrimonios rotos”. Con esta frase el ministro de Justicia Francisco Fernández Ordóñez defendía en las Cortes la ley del divorcio, aprobada en España el 22 de junio de 1981 con la férrea oposición de la Iglesia Católica, la derecha política entonces copada por Alianza Popular y el sector democristiano del partido en el gobierno, la UCD. Cuarenta años después, la disolución de los matrimonios se ha normalizado en la sociedad española, y desde la puesta en marcha de esa norma se han divorciado más de 2,2 millones de parejas.

En Galicia, a falta de datos oficiales sobre esas cuatro décadas, un total de 87.243 uniones conyugales se han roto legalmente desde 2005 hasta 2020, lo que equivale a una media de 5.450 divorcios anuales. La comunidad autónoma presenta una tasa ligeramente inferior a la media nacional, con un 1,78 divorcios por cada mil habitantes frente al 2,02.

La primera ley del divorcio de la actual democracia trataba de recuperar una norma ya regulada por la República en 1932 y derogada por la dictadura de Franco. Salió adelante incluyendo cautelas temporales y formales, ya que era necesario que la pareja llevara dos años casada, haber pasado por una separación previa y alegar causas, desde el alcoholismo o las drogas, a la infidelidad, el abandono del hogar o la violación de los deberes conyugales.

“Al principio los clientes que llegaban al despacho insistían en la razón por la que querían divorciarse, diciendo desde que “mi marido es infiel” o “mi mujer no cumple conmigo en la cama, justificando la causa”, explica el abogado Carlos Borrás, que lleva desde 1995 ejerciendo en Vigo. “Incluso hay un hecho curioso, que es cuando uno de los cónyuges dice que se niega a darle el divorcio a otro y hay que explicarle que aquí el divorcio lo concede el juez y es automático en cuanto alguien lo pide”, explica este abogado.

"La decisión suele ser muy meditada y se toma como último paso, después de agotar todas las posibilidades. Claramente la mujer es la que siempre ha tomado la iniciativa, ahora más que antes”

Carlos Borrás - Abogado

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Carlos Borrás, abogado Alba Villar

El primer año de vigencia de la ley se divorciaron en el país casi 9.500 parejas; una década después, en 1991 se registraron más de 27.000 y diez años más tarde, en 2001, se superaron los 39.000. “Al principio había más separaciones que divorcios. La separación era una especie de concesión que se le había hecho a la Iglesia mostrando que no se rompía el vínculo matrimonial. Ahora poca gente se separa a no ser por motivos estrictamente religiosos; el 95% de la gente se divorcia directamente sin pasar por una separación como paso previo”, explica Carlos Borrás.

La entrada en vigor de la nueva ley con el gobierno de Rodríguez Zapatero en 2005 agilizó los trámites para disolver los matrimonios. Ya no era necesaria la separación previa ni alegar causas para la ruptura, estableciendo que las parejas podían optar al divorcio tres meses después de celebrarse el matrimonio. Si bien esta nueva norma conllevó un repunte de datos -en el año 2006 se observa un récord en España con casi 127.000 divorcios y también en Galicia, donde se superan los 7.500 frente a los 4.358 registrados en 2005-, el llamado divorcio exprés no supuso un incremento de rupturas en años posteriores. “No diría que el hecho de que haya más facilidades para divorciarse haya aumentado el número de casos. En general la gente no es tan inconsciente de divorciarse a los tres meses de casarse; la decisión suele ser muy meditada y se toma como último paso, agotadas antes otras posibilidades”, comenta el abogado Carlos Borrás.

En cuanto a las causas y aunque ahora no es necesario presentar un motivo, Borrás indica que siempre es la misma: la falta de entendimiento. “He observado lo que dicen nuestros mayores de que ahora se aguanta menos. Hay casos de malos tratos que, afortunadamente, van por otra vía y hay casos en que se prefiere cortar antes de que se produzca esa falta de entendimiento. En este último caso son matrimonios que se casan rápido y también se divorcian rápido”.

El récord de matrimonio más corto cuyo divorcio ha llevado este abogado duró siete meses, mientras que el más longevo decidió poner fin al vínculo conyugal pasadas sus bodas de oro, a los 52 años de matrimonio. Las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial y del INE reflejan que en Galicia las parejas que más se divorcian son las que llevan más de 20 años casadas -1.779 de las 4.637 divorciadas en 2019 se corresponde con matrimonios de más de dos décadas de antigüedad-, seguidas de las que estuvieron de cinco a nueve años (821), de diez a catorce (720) y de dos a cuatro (518). “Por mi experiencia, el tramo de edad que se lleva la palma es el de personas de edades comprendidas entre los 35 y 45 años”, añade Carlos Borrás.

El mayor protagonismo de la mujer en la sociedad se refleja en varias cuestiones relacionadas con el divorcio en matrimonios de cónyuges de diferente sexo. “Claramente ellas son las que toman más la iniciativa, siempre ha sido así pero ahora es más acusado”, comenta Borrás. La esposa presentó la demanda de divorcio en 1.116 casos de disolución matrimonial en 2019 en Galicia, frente a 573 casos en que la decisión fue tomada por el varón y los 2.916 en que la determinación fue de ambos. Una década atrás, en 2009, la diferencia no era tan acusada: ellas tuvieron la iniciativa en 1.739 casos, ellos en 1.480 y ambos en 2.214.

Pleno del Congreso de los Diputados que aprobó la Ley del Divorcio en 1981. A la izquierda el presidente en aquel momento, Leopoldo Calvo-Sotelo FDV

La incorporación de la mujer al mercado laboral también se ha reflejado en dos de los aspectos que más discusiones suscitan a la hora de llegar a un acuerdo post-divorcio: la custodia de los hijos y el pago de pensiones alimenticias y compensatorias.

Borrás recuerda que cuando comenzó a ejercer, a mediados de los 90, “nos encontrábamos con la situación de que la esposa no trabajaba y teníamos que luchar por una pensión compensatoria; además se daba por hecho que la mujer se iba a quedar con los hijos y necesitábamos también regular la pensión alimenticia. Conozco casos escalofriantes de mujeres que aguantaban una situación, sin llegar al maltrato, porque no tenían a dónde ir, no habían trabajado nunca y dependían exclusivamente del salario de su marido. Hoy la norma es que haya una custodia compartida y el tema que más debate genera es el económico, incluso en los casos de mutuo acuerdo, si bien es raro que una mujer de 35 a 40 años nunca haya estado en el mercado laboral, algo que era más común cuando empecé”, apunta.

Las cifras de la última década en Galicia reflejan esa evolución que apunta el abogado, aunque de manera muy ligera si contemplamos la comunidad autónoma en su globalidad. En el año 2009 se concedieron 2.358 custodias de hijos a la madre frente a 188 en que se otorgó al padre y otras 188 en que se acordó que la ejercieran ambos. En 2019 la mujer sigue siendo la que se queda a cargo de los hijos mayoritariamente, en 1.497 casos frente a los 121 en que el hombre se encarga de este cometido y 664 en que ambos progenitores ejercen la custodia.

El pago de pensiones es la cuestión que genera más conflictos a la hora de llegar a un acuerdo

El pago de la pensión alimenticia a los hijos también ha cambiado y se observa que cada vez se comparten más los gastos de los descendientes. Así en 2009 la pensión alimenticia correspondió a ambos excónyuges en 114 casos y en 2019 esa cifra subió a 562. La comparación entre ambos años refleja que el hombre es el que más debe correr con ese gasto: 2.662 en 2009 frente a los 175 en que hubo de asumirlo la madre en 2009 y 1.874 frente a 124 en 2019.

La crisis económica del 2008 se hizo notar en una caída en las cifras de divorcios en los años posteriores. Ese año hubo un descenso del 12,5% y al siguiente otro de un 10,6% a nivel estatal. Galicia se comportó de la misma manera, pasando de más de 7.200 divorcios en 2007 a menos de 5.500 en 2009. Y es que aunque los gastos de los trámites para disolver un matrimonio no son elevados, sobre todo en los casos en que se produce de mutuo acuerdo, el problema llega a la hora de establecer el contrato post-matrimonio y repartir gastos. “Una familia que vive con 1.500 euros al mes juntando el salario de ambos cónyuges en cuanto se separa ve cómo esa cantidad económica se divide en dos mitades y se duplican los gastos de vivienda, agua, luz, etc”, comenta Carlos Borrás. “Dos economías precarias sobreviven mejor juntas que por separado. Son dos candidatos a la pobreza y aún más si hay una segunda pareja e hijos”, explica el sociólogo Benxamín Porto, de la Universidad de Vigo.

Cambio en el modelo de familia

El modelo de familia se ha transformado en estos últimos cuarenta años en España, pero los factores que han contribuido a ese cambio son fundamentalmente de naturaleza económica. Así lo considera el sociólogo Benxamín Porto, quien resta relevancia a la ley del divorcio en esa evolución. La norma social que pretendía homologar España al entorno sociopolítico europeo en 1981 “fue bien asumida por la sociedad y el boom de divorcios que se esperaba no ocurrió”, subraya este experto, quien indica que en los primeros años en que la ley estuvo vigente los países de Europa del sur eran los que tenían unas tasas más bajas de divorcios. “La escalada comenzó posteriormente hasta el punto de que España sobrepasa a algunos países europeos en la década de los 90, llegando a igualar a Bélgica en un porcentaje de disoluciones de un 50% sobre los matrimonios celebrados. Después comienza un descenso y más tarde se produce una importante caída a partir de la crisis de 2008”, indica.

El retraso en la edad en que se accede al matrimonio y la consiguiente reducción del periodo de fertilidad conyugal, el aumento de hijos fuera del matrimonio y la menor realización de enlaces han cambiado radicalmente el panorama social de la familia tipo. “Hoy en día la alternativa son las parejas de hecho, que nosotros llamamos matrimonios a prueba y que en un alto porcentaje de casos acaba en unión formal, retrasando la edad en que se accede al matrimonio, y por otro lado la tasa de divorcios está descendiendo hasta situarse en la media europea”, explica este sociólogo.

“La economía, más que el divorcio, ha cambiado el modelo de familia”

Benxamín Porto - Sociólogo

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El sociólogo de la Universidad de Vigo Benxamín Porto. Ana Rodríguez

“Lo que ha cambiado las formas de familia no ha sido tanto el divorcio como las condiciones económicas. Precariedad y bajos salarios entrañan una dificultad a la hora de tener hijos y conlleva el descenso acusado de la natalidad, que se mantiene gracias a los inmigrantes extranjeros, que tienen descendencia en mayor porcentaje que los españoles”, explica Porto.

El conservadurismo que estigmatizaba el divorcio al inicio de la ley se disipó rápidamente, incluso en las familias de corte más tradicional que lo veían como una vergüenza. “Además, las élites son las que marcan tendencia y están todos los días mostrando en los prensa sus divorcios, con lo cual la gente más modesta lo asume como algo natural”, añade el sociólogo.

Una reforma social, un paso hacia la igualdad

La aprobación de la ley del divorcio fue la mayor reforma social acometida durante la Transición por el gobierno de UCD y “el primer paso para caminar hacia la igualdad”, según señala Ana María Pérez del Campo, presidenta de la Federación de Separadas y Divorciadas y una de sus principales impulsoras. El lunes 10 de agosto de 1981, a las pocas horas de entrar en vigor la ley se presentaron 29 demandas en los juzgados de Barcelona y dos en Madrid. Era el mes de vacaciones judiciales y eso explica esa escasa cifra. La cántabra Julia Ibars fue la primera mujer en obtener el divorcio, en una sentencia dictada el 7 de septiembre de 1981 en Santander. La primera gallega fue la coruñesa Conchi Cotos, que años más tarde se daría cuenta de que había sufrido maltrato psicológico por parte de su marido al leer un libro en el que se vio reflejada, tal y como declaraba recientemente en una entrevista emitida en la Radio Galega.

Los pactos pierden validez con la secularización de la sociedad

El proceso de secularización de la sociedad en los últimos cuarenta años ha supuesto una transformación en el modelo de familia. La postmodernidad- como la denominan los expertos- ha traído consigo un nuevo fenómeno, el de los lazos líquidos que define el sociólogo Zygmunt Bauman. “Lo que antaño era una unión fuerte, te vinculabas a una persona y asumías la responsabilidad de cumplir ese pacto, hoy en día se ha vuelto más débil, cualquier compromiso que hagas tiene una validez relativa porque las partes lo incumplen”, apunta el sociólogo de la Universidad de Vigo Benxamín Porto refiriéndose a las rupturas de las uniones conyugales.

Sin embargo, atendiendo a las estadísticas, la gente no se toma a la ligera el matrimonio. “Se divorcia después de unos cuantos años de matrimonio -la mayoría entre 15 o 20 años-, cuando ha pasado todas las pruebas y empieza el hastío u otros factores que puedan incidir en la vida familiar”, explica Porto.

“Los lazos familiares se han vuelto más débiles o líquidos y han aparecido las polifamilias”

Benxamín Porto - Sociólogo

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La transformación social se ha reflejado también en el tipo de familia. “El modelo hegemónico era la familia nuclear con hijos, ahora representa en torno a un 30% respecto al 20% de matrimonios sin descendientes”, dice Porto.

En la mitad restante destacan las familias reconstituidas o polifamilias, que se forman por parte de parejas que han tenido en común uno o dos hijos, se han divorciado, se casan nuevamente con otras parejas y tienen nuevos hijos, que se suman a los que cada uno aporta de la relación anterior”, explica Benxamín Porto, quien señala que esta realidad, de la que Estados Unidos fue pionera y a la España llegó más tarde, aparece perfectamente reflejada en la película “Boyhood”, que narra los cambios que el paso del tiempo produce en un niño y su padres que se separan, se vuelven a casar con otras parejas de las que se divorcian de nuevo. La cinta tardó doce años en rodarse.

Otra muestra de la secularización que apunta Porto es el cambio en el rito nupcial, que ha pasado de ser el 80% religioso frente al 20% civil a invertirse los porcentajes.

Simón Espinosa

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