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Indultar la luz

Los precios de la luz nos traen de cabeza | Ilustración de Pablo García

Esta madrugada, a las 5:32, empieza el verano. Aunque sé que la hora exacta es lo de menos: hace días que, de una manera u otra, todos hemos ido poniendo nuestros corazones al sol, y hemos decidido que este verano empezaría cuando nosotros quisiéramos. Al fin y al cabo, los charcos se han ido secando a nuestro alrededor y, poco a poco, hemos dejado de hablar todo el tiempo sobre el coronavirus, la pandemia y todo eso que tan poco nos agrada. Con un poco de suerte, tan sólo necesitaremos un poco más de sentido común para que pronto podamos abandonar las trincheras de la enfermedad. Como era de esperar, la vacunación –la ciencia, ¡la ciencia!– está siendo definitiva en el debilitamiento de este enemigo despiadado, y a lo lejos ya sólo se oyen los disparos de otra batalla que, en realidad, tampoco merece mayor consideración. Basta una minúscula atención para darse cuenta de que las armas de los negacionistas y los anti-vacunas están cargadas con balas del más absurdo fogueo… Esa es la buena noticia.

La mala es que, de regreso a los viejas costumbres, el mundo a nuestro alrededor no ha tardado en volver a parecer un lugar poco amigable para esa cosa con plumas que es la esperanza y, como si de otro Gurb se tratase, nos hemos vuelto a quedar sin noticias de aquella empatía de la que tanto presumíamos apenas un año atrás. Baste un par de titulares recientes para entenderlo un poco mejor…

Por un lado está la cuestión de los indultos a los presos del Procés. Ya saben, todos esos hombres y mujeres que, al parecer, a punto estuvieron de romper un país por encaramarse a un coche de la benemérita primero, y por representar después una especie de teatrillo en el que Cataluña le decía a España aquello de no soy yo, eres tú, aunque nada más fuese durante 56 segundos. Podría parecer ridículo, tanto jaleo por eso. Al fin y al cabo, si España se puede romper con tanta facilidad, igual el problema es otro… ¿Y no será éste un país de construcción defectuosa? No, si al final aun va a haber que sanear… Pero ojo, que la cosa es seria: aunque no haya jurista que lo defienda, los medios de comunicación nos han recordado que aquella cadena de actos subversivos bien podría ser susceptible de ser interpretada, aunque de manera muy subjetiva, tal vez como algo parecido, aunque de lejos, eso sí, a… un golpe de estado. “Disculpe, ¿podría decirlo más alto? Es que así, tan bajito y con tantas vueltas, no le he entendido una mierda.” “¡Que son unos golpistas!” ¡Ah, coño, eso! Claro, claro...

El Congreso rechaza oponerse a la concesión de los indultos a los presos del procés Agencia ATLAS / EP

Y así se ha vuelto a encender el fuego, ese incendio de patrioterismo tan oportunamente alentado por aquellos mismos medios para los que parece no haber más fin que avivar el enojo popular, negando cualquier espacio para la empatía, el criterio… o incluso la memoria. Una memoria que, gustosa, les habría recordado cómo, no tanto tiempo atrás, el gobierno de Felipe González promovió el indulto de Alfonso Armada, y el Tribunal Supremo se mostró a favor de indultar a Antonio Tejero. Sí, todo eso pasó y, curiosamente, entonces aquí nadie dijo nada. ¡Y eso que aquellos sí que eran golpistas de verdad! Curiosamente, esta vez los grandes medios han preferido no acercarse demasiado a esa parte de la hemeroteca. “¿Y arriesgarnos a que la historia nos estropee todo un verano de crispación? Por favor…”

Y no lo entiendo. Porque, por otro lado, si de avivar el cabreo se trata, esos mismos medios lo habrían tenido mucho más fácil. Porque hay muchísima gente a la que, en realidad, lo de Cataluña le importa tres pimientos. Pero la electricidad la necesitamos todos…

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La misma electricidad que acaba de experimentar la subida más salvaje de nuestra historia, y, de nuevo curiosamente, esos mismos medios no se han esforzado nada en explicarnos el porqué de las nuevas tarifas de la luz. Qué desolación, observar a todos aquellos presentadores de telediarios informándonos como si tal cosa de cuáles iban a ser las horas más indicadas para poner la lavadora... “A partir de ahora, si usted quiere usted ir limpito y bien, lave de madrugada. ¿No querían ocio nocturno? ¡Pues venga, a centrifugar!” Y contándolo así, con la misma sonrisa con la que, a continuación, le daban paso a un vídeo en el que un gatete aprendía a tocar el piano. Esto sí es un escándalo, la mayor tomadura de pelo al consumidor (y contribuyente) en los últimos años… ¿Y no nos querían cabreados? Pues no tenían más que contarnos la verdad: una pequeña llamada a la memoria para vincular esta subida feroz con todas aquellas privatizaciones sin escrúpulos. Con Aznar. Con González. Con las puertas giratorias y un montón de políticos sentados en demasiados consejos de administración… Pero no. En ese caso, se nos ofreció la noticia como quien da el parte meteorológico. Como quien dice que mañana va a llover. Una vez más, indultamos el abuso, y nadie dijo nada.

Enojados sí, pero contra quienes a ellos les convenga. Qué triste es saber que ya ni siquiera somos libres para cabrearnos con quien a nosotros nos dé la gana…

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