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La huella militar gallega en Afganistán

El ejército se retira tras 20 años en el país | Solados de la Brilat relatan su experiencia

El comandante O’Donell y la sargento Fraga ante un todoterreno de zapadores blindado en la base de la Brilat Ricardo Grobas

El pasado 13 de mayo España retiraba a los últimos 24 militares en Afganistán tras 19 años de misión para conseguir la estabilidad en la zona. Entre ellos había un gallego, el teniente A. C. C. alias Breogán, perteneciente al Batallón Zamora I/29 de la Brilat. “Las fuerzas armadas españolas, hombres y mujeres, hemos ido allí a darlo todo, incluso algunos sus vidas, en pro del pueblo afgano, para conseguir la paz. Y a ellos les ha servido, sus tropas están más preparadas que antes y se nota”, comenta este militar que participó en la última misión española en el territorio prestando apoyo, asistencia y asesoramiento a las fuerzas armadas afganas en materia de inteligencia dentro de las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE).

España cierra hoy su misión en Afganistán con el regreso de los últimos 24 militares que permanecían en el país asiático Agencia ATLAS | EFE

El teniente Breogán es unos de los más de 27.000 militares que participaron desde 2002 en las operaciones llevadas a cabo en Afganistán por tropas españolas, primero dentro de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISFA) de la ONU y a partir de 2015 dentro de la Resolute Support Mision Afganistán, RSMA, (Apoyo Decidido) de la OTAN. La Brilat tuvo presencia en la zona desde 2005, desplegando una decena de contingentes y más de tres mil efectivos, si bien el grueso del despliegue se produjo hasta 2015 cuando la RSMA tomó el relevo a la ISFA. A partir de ese año la participación de esta unidad con base en Figueirido se tradujo en una decena de militares aislados.

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Brilat: el regreso de Afganistán Ricardo Grobas | Brilat

En sus inicios, las fuerzas españolas velaban junto a otros 50 países, por la seguridad de la capital, Kabul, y posteriormente extendieron su presencia por todo el territorio para acabar con la insurgencia, formar a las tropas afganas y apoyar en la reconstrucción de las infraestructuras principales. Los militares españoles tuvieron especial protagonismo en la provincia de Badhis, en la base instalada en la ciudad de Herat, y en la zona de Quala i Now.

Militares hablando con locales en Afganistán Brilat

Atrás quedan 102 bajas españolas, quince de ellas de integrantes de la Brilat, y una brillante labor llevada a cabo a raíz de los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono, en el ya lejano 11 de septiembre de 2001, para conseguir estabilizar un país donde no existía estructura de Gobierno, sino jefes tribales, ni fuerzas de seguridad organizadas, sino milicias, y donde los talibanes mantenían una población cada vez más desatendida y sometida.

Seguridad y cercanía

Haciendo balance de la labor de las misión española en la provincia de Bagdish, su gobernador, Ahmadullah Alizai, decía durante el acto de despedida a las tropas en 2013 que habían llevado “más seguridad y mejores infraestructuras a los ciudadanos”. “Yo añadiría, cercanía, tanto de ellos hacia nosotros como de nosotros hacia ellos”, comenta el comandante de artillería diplomado en Estado Mayor Hugo O’ Donell Armada, que actualmente desempeña funciones en el Estado Mayor de la Brilat como jefe de operaciones y planeamiento de instrucción y adiestramiento.

"A nivel profesional, la forma en la que planean otros países sirve como bagaje y dentro del ejército de tierra puedes enriquecer las lecciones aprendidas"

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Este comandante pasó un total de nueve meses en el país afgano, en dos misiones de la OTAN, de cuatro meses y medio cada una, llevadas a cabo en 2009 y 2012 en el cuartel general en Kabul, a donde fue destinado siendo capitán por sus conocimientos de inglés y las especialidades que tenía. Su cometido era planear las operaciones y programas que se llevaban a cabo en esos momentos y permanecer en comunicación con las tropas españolas desplegadas en diferentes zonas del país. “La experiencia fue buena profesional y personalmente hablando. Estar en una comisión en la que están involucrados muchos países - España participaba en una coalición de medio centenar de países- es una oportunidad para abrir la mente y conocer otras formas de actuar, pensar y vivir. A nivel profesional, la forma en la que planean otros países sirve como bagaje y dentro del ejército de tierra puedes enriquecer las lecciones aprendidas”, manifiesta.

“La experiencia ha sido muy positiva. Los que hemos sido socios de la OTAN hemos conseguido poner Afganistán en unas condiciones más o menos aceptables. España lo hizo lo mejor que supo y los afganos nos están agradecidos”

María José Fraga - Sargento

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La sargento Fraga en la en la sala histórica de la Brilat Brilat

“La experiencia ha sido muy positiva. Los que hemos sido socios de la OTAN hemos conseguido poner Afganistán en unas condiciones más o menos aceptables. España lo hizo lo mejor que supo y los afganos nos están agradecidos”, resume la sargento de infantería ligera María José Fraga Rodríguez, quien estuvo en el país asiático de septiembre de 2010 a marzo de 2011, en Kabul y en la base americana de Camp Stone en Herat instruyendo a militares afganos y prestando protección a autoridades locales. Esta gallega de Vilagarcía que actualmente desempeña sus funciones en el regimiento Isabel la Católica número 29 de la Brilat, concretamente al mando del pelotón de seguridad del Batallón Zamora, califica de “reconfortante” la experiencia a nivel personal. “Al volver, valoras aspectos que antes no tenías en cuenta; me tocó pasar unas navidades allí y a partir de eso las disfruto más con la familia”, comenta. El compañerismo creado con otros militares y las amistades que perduran con italianos y americanos con los que coincidió son aspectos que también destaca.

La sargento Fraga en su misión en Afganistán en 2010 y 2011 y en Brilat

La sargento Fraga reconoce que el hecho de ser mujer resultó chocante en un principio a las tropas y población afganas.

La sargento Fraga en la base de la Brilat con su arma el pasado miércoles Ricardo Grobas

El teniente Breogán, coruñés de origen lucense, no duda en afirmar que su misión en Afganistán ha sido “la mejor experiencia laboral que he tenido hasta ahora, me ha dado la oportunidad de estar trabajando con gente muy capacitada de distintos países y en lo personal he crecido un montón, he hecho amistades con militares de las fuerzas afganas y del resto de personas de la coalición (éramos solo 16 españoles)”, comenta.

El sueño de todo militar

Comisionado en Kabul aunque se desplazaba por diferentes zonas del país, el único gallego del último contingente español en Afganistán, afirma que “todo militar quiere, incluso antes de entrar en las fuerzas armadas, irse a una misión internacional; desplegar fuera es como el objetivo principal, para lo que entrenas día a día en el cuartel”. Y dentro de los países a los que te puede tocar, Afganistán es como un sueño.

“Siempre he oído hablar de ese país desde niño, es algo mítico, histórico. Tener la oportunidad de haber ido ha sido una suerte y poder contribuir a que se consiga la paz allí, un honor”

A.C.C. alias Breogán - Teniente

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A.C.C. alias Breogán - Teniente Brilat

“Siempre he oído hablar de ese país desde niño, es algo mítico, histórico. Tener la oportunidad de haber ido ha sido una suerte y poder contribuir a que se consiga la paz allí, un honor”, dice el teniente Breogán, quien considera que por motivos históricos, Irak sería un destino casi equivalente, aunque señala que el Sáhara sería el más interesante por ser, además, “un terreno que nos toca de cerca”.

El modo y las condiciones de vida en una misión internacional distan mucho del que los militares acostumbran a llevar en España, si bien han sido entrenados previamente para estar en condiciones físicas y psicológicas adecuadas para enfrentarse a destinos en conflicto.

Militares españoles a punto de volar una nave no tripulada para un reconociemiento Brilat

En el caso del comandante O’Donell, su residencia durante sus dos estancias en Afganistán eran unas dependencias próximas al cuartel general de Kabul, dentro de la base. Pernoctaba en un contenedor de camión habilitado para dormir compartiendo habitáculo con un americano designado a un área similar a la suya para que en caso de tener que activarse a horas intempestivas, o por el ritmo de trabajo, no afectase al resto.

“Los movimientos estaban muy reducidos, en una situación de riesgo latente solo te desplazas para asuntos muy motivados y autorizados; es decir, no te vas a estirar las piernas o a conocer el mercado, por ejemplo”

El comandante O´Donell

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El comandante O´Donell Ricardo Grobas

Aún así tuvo la oportunidad de contactar con población afgana y dice que “son muy cercanos y conscientes de lo mucho que les hemos ayudado sacrificando incluso nuestro tiempo libre, dedicando más del que profesionalmente se nos exigía”. Uno de los aspectos que más le sorprendió de los habitantes del país asiático es que “pese a todo lo que lleva pasado, no se rinden y parte de ellos el deseo de mejorar y levantarse”, expresa.

Maniobras de los militares españoles en Afganistán Brilat

La sargento Fraga compartió la base de Camp Stone en Herat con americanos e italianos, en una zona reservada para tropas españolas, ya que en ese momento que ella fue había allí i una unidad del ejército de Mallorca. “Los afganos tenían su campo de maniobras al lado y allí íbamos a hacer los que nos tocara cada día: tiro, instrucción física,... Si había que escoltar a una autoridad, por ejemplo cuando el alcalde se reunía con el gobernador, le acompañábamos todo el trayecto ofreciendo protección y le ofrecíamos seguridad durante la reunión”, explica. Una de las visitas que recuerda es a la Casa de la Mujer Maltratada, que empezaba a funcionar en 2010. “Iban pocas mujeres, más que nada acudían con los niños para poder darle mejor vida que la que llevaban”, explica. Los tres meses que estuvo en Kabul realizaba tareas de protección pero con coches civiles alquilados en lugar de con vehículos militares. “Enseñábamos a los mandos afganos cómo trabajaba el ejército español para servirle de modelo”, dice.

En riesgo constante

“Toda misión es de riesgo, un factor imposible de eliminar; los militares españoles lo contemplamos como uno de los imponderables de nuestra forma de trabajar y de esa forma se nos instruye y adiestra para actuar de la forma más conveniente en el momento en que se nos presenta una amenaza ¿Miedo? No. Respeto siempre y sentido común”. Así responde el comandante O’ Donell a la pregunta sobre los peligros que tuvo que asumir en sus dos misiones a este país en constante conflicto. Ni él ni ninguno de los otros dos militares de la Brilat consultados en este reportaje tuvieron que vivir una situación en la que hubiera que lamentar bajas entre las tropas españolas. “Si las hubo en los países de la coalición y ahí debo decir que uno de los valores que vi muy latente dentro del cuartel general de Kabul es que todos vivíamos muy cohesionados y sentíamos el pesar cuando un miembro de otro país fallecía en misión”, recuerda el comandante O’Donell.

El teniente A. C. C., cuyo “nombre de guerra” es Breogán, menciona que “en la base siempre se recibía algún hostigamiento, algún fuego artificial, como le llamamos nosotros a los cohetes”.

Menos fortuna que ellos tuvieron las víctimas mortales que se produjeron durante la presencia de tropas militares en el país asiático. De los cien militares y dos policías españoles fallecidos, una quincena eran de la Brilat. Las primeras bajas se produjeron en la primera misión de esta brigada en el país afgano, en 2005. Un contingente de 500 efectivos de la Brigada Galicia VII (la Brilat) había ido con la misión de garantizar la seguridad en las elecciones. Un trágico accidente de helicóptero al sur de Herat acabó con la vida de 17 militares españoles, de los cuales 12 pertenecían al batallón Zamora I/29 de la base con sede en Figueirido. Todos ellos tenían entre 20 y 26 años.

Atentados mortales

En 2006 la formación ASPFOR XV de la Brilat tomó el relevo del equipo de reconstrucción de Bagdhis, desplegándose un centenar en Herat para vigilar cuatro provincias y más de doscientos en Quala i Now para extender la autoridad del Gobierno de Kabul a la región y colaborar en la reconstrucción del territorio. En febrero de 2007 se produjo el trágico atentado en que falleció la cabo Idoia Rodríguez Buján al explotar una mina bajo el blindado tipo BMR ambulancia en la que viajaba. Era la primera mujer militar asesinada en una misión internacional.

En 2008 medio centenar de soldados de la brigada Galicia VII, agrupados en la OMLT IV, acuden nuevamente al país, esta vez para realizar labores de asesoramiento y adiestramiento para el ejército afgano. En esta operación fallecen dos soldados de la Brilat, el cabo vigués Rubén Alonso Ríos, y el brigada el asturiano de Mieres Juan Andrés Suárez García, víctimas de un atentado suicida al sur de Herat.

 A ello hay que sumarle el asesinato del alférez de la Guardia Civil Abraham Bravo Picallo, matado de un tiro en 2009 mientras impartía un curso a 47 policías afganos, y al anterior accidente del avión Yakolev-42 , estrellado en Turquía en 2003 cuando volvía de Afganistán a España, provocando la muerte de 62 efectivos españoles, cuatro gallegos: el comandante Antonio Novo, los brigadas José Pazos Vidal y César Barciela González, y el cabo 1º Vicente Agulló.

En otras ocasiones, los soldados supieron sortear el fatal desenlace. Uno de los muchos ejemplos se puede contemplar visualmente en la sala histórica de la unidad de la Brilat en Figueirido, en el rincón dedicado a las misiones internacionales en Afganistán. Allí se exhibe una moto que fue incautada a un terrorista afgano al que se consiguió abatir antes de que el artefacto del lanzagranadas que llevaba, también en la exposición, segase alguna vida.

La vuelta a casa

El cine nos ha mostrado numerosos ejemplos de la difícil adaptación que sufren lo soldados que han participado en conflictos cuando regresan a sus casas. “Las películas son ficción y tienen algo de verdad. Lo que te cambia es la perspectiva de cómo percibes las cosas. Estás en un lugar donde hay ataques y atentados todos los días y ves como la gente, a pesar de estar rodeada de conflicto y violencia, se esfuerza por llevar una vida normal. Vuelves a España y los problemas que antes considerabas importantes, ahora piensas que son tonterías”, explica el teniente A. C. C, alias Breogán.

 Según explican el comandante O’ Donell y la sargento Fraga, la preparación psicológica es uno de los aspectos que más se trabaja dentro del ejército de tierra. “Cuando uno vuelve de una misión internacional, se tiene que adaptar al día a día tanto de la familia como de la unidad, y es cuestión de ser generosos por ambas partes. Hay que entender que la persona que regresa viene de pasar esfuerzos y sufrir tensión. Y el que vuelve tiene que darse cuenta de que su familia ha estado viviendo sin él durante cuatro meses y medio, en mi caso. Es cuestión de tiempo”, comenta el comandante O’ Donell, quien añade que “afortunadamente no he tenido ningún tipo de síndrome postconflicto ni otro tipo de problema psicológico”.

“Fuimos perfectamente preparados en resiliencia y capacidad para resolver problemas. Al volver se nos dijo que si a alguno el periodo de adpatación le duraba más de los normal, podía acudir al equipo sanitario. En mi caso la adaptación fue rápida”, añade la sargento Fraga.

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