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Un marine gallego en el infierno de Omaha

Alrededor de 5.000 marines del ejército norteamericano fallecieron en la rebautizada playa de Omaha durante el Desembarco de Normandía. Uno de ellos, el único español, había nacido en Galicia. Se llamaba Manuel Otero.

Placa del homenaje de la asociación The Royal Green Jackets y el concello de A Coruña a Manuel Otero Martínez

Placa del homenaje de la asociación The Royal Green Jackets y el concello de A Coruña a Manuel Otero Martínez

Nacido el 29 de abril de 1916 en Catasueiro, Serra de Outes (A Coruña), Manuel Otero Martínez apenas tenía 20 años cuando estalló la Guerra Civil española. El alzamiento lo sorprendió en el puerto de Santander, donde trabajaba como mecánico de la marina mercante. Como a tantos otros españoles, le “tocó” alistarse en un bando, en su caso el republicano, mientras su familia, en Galicia, se hallaba en la “zona nacional”.

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    El único español que falleció el Día D fue Manuel Otero Martínez, nacido en Serra de Outes en 1916 - Su familia proyecta un hotel llamado "Normandía" en memoria del desembarco

Durante la fraticida contienda, Manuel participó en batallas clave como la de Brunete (Madrid) hasta que, finalmente, cayó prisionero y fue encarcelado en Barcelona, de donde salió en libertad pocos meses después del final de la guerra.

Manuel Otero Martínez

Manuel Otero Martínez Archivo FdV

Regresó a su pueblo, pero en él se sentía incómodo por tener que aguantar cada día ser señalado por “rojo” entre sus vecinos. Así que decidió empezar una vida nueva y cruzar el Océano Atlántico, fijando su residencia en Nueva York, donde se estableció abriendo un negocio.

Los destructores USS Downes y USS Cassin, destrozados tras el ataque. Reuters

Todo parecía ir bien en su vida hasta que, para sorpresa de sus propios parientes, solicitó la nacionalidad estadounidense y se presentó como voluntario en el Ejército. Y ahí tuvo muy mala suerte porque, tres días despues de su incorporación, el 7 de diciembre de 1941, los japoneses atacaban Pearl Harbour y Estados Unidos entraba en la Segunda Guerra Mundial. Otero fue inmediatamente movilizado, pasando a formar parte del 16 Regimiento de Infantería, el mismo que, semanas antes del desembarco, sería designado como cabeza de playa en la operación del Día D.

Despliegue de las tripas aliadas en una de las playas de Normandía Archivo FdV

Todo parece indicar que Oterofue uno de los primeros marines que cayó fulminado en la playa de Omaha. Su pelotón, de nombre clave Big Red One, perteneciente a la Primera División de Infantería de los Estados Unidos, había desembarcado a las 7.40h. de la mañana del 6 de junio de 1944 en la mítica playa, pero Manuel fue destrozado por una de las cientos de minas alemanas colocadas en aquella zona, la mejor defendida por el ejército de Hitler.

Su historia, no obstante, no fue conocida fuera del ámbito familiar hasta hace 12 años, cuando el presidente de la asociación histórico cultural The Royal Green Jackets de A Coruña, Manuel Arenas, tiró del hilo de unas pistas encontradas en un pequeño museo de Colleville, localidad normanda donde se yergue un monolito con los nombres de los caídos de la Big Red One. Entre ellos figura el de “Otero, Manuel” y, entre paréntesis, las siglas NMI (No Middle Initial) en alusión a que se desconocía su segundo apellido.

Placa del homenaje de la asociación The Royal Green Jackets y el concello de A Coruña a Manuel Otero Martínez Archivo FdV

El cuerpo de Manuel Otero, a quien se le concedió la medalla póstuma del Corazón Púrpura, había sido enterrado en el cementerio estadounidense de Normandía, en Colleville-sur-Mer. Su familia lo reclamó y, cuatro años más tarde, en 1948, lo trasladó a Galicia para que reposase para siempre en su tierra natal.

Un gran arcón de madera dentro de un féretro de aluminio portó sus restos hasta Outes, donde fue despedido con honores, soldados americanos y disparos al cielo en presencia de todo el pueblo. Según testimonios recabados por el propio Arenas, aquel entierro fue todo un acontecimiento en la comarca de Serra de Outes, aunque la mayoría de los vecinos se preguntaba a qué se debían los fastos, y muchos seguramente lo atribuyeron a que se trataba del homenaje a una de las víctimas del “Baleares”. Eso sí, nadie se explicaba qué hacían allí todas aquellas banderas de barras y estrellas ni por qué algunos de los uniformados asistentes al sepelio hablaban en idioma “extranjero”.

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