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Enfermedades que no sangran

Imágenes de Carrera (virtual) Solidaria del año pasado en Vigo

Imágenes de Carrera (virtual) Solidaria del año pasado en Vigo

Hace apenas una semana, el 12 de mayo, fue el Día Internacional de la Enfermera. No quiero aburrir a nadie repitiéndome, recordando lo triste que resultó el espectáculo de confundir algo tan grande como la Libertad –vendida así, con mayúsculas– con algo tan lamentable como ir a celebrar un botellón justo delante de una unidad de cuidados intensivos. Estoy seguro de que a todos se nos ocurre más de un ejemplo con el que ruborizarnos, y comprender que no estuvimos a la altura de lo que nuestras enfermeras y enfermeros esperaban de nosotros. A la altura de lo mucho que les debemos. Baste con decir que fallamos.

Graba un botellón frente a la UCI del hospital donde trabaja Agencia ATLAS

Ahora, lo que tampoco deberíamos olvidar es que, mientras no nos tomemos esto en serio como sociedad, el covid seguirá estando ahí. Ocupándolo todo, robándonos mucho más espacio del que a estas alturas le debería corresponder. Porque mientras la pandemia siga adueñándose de todo, otras cuestiones –tanto o más importantes que el coronavirus– continuarán en la oscuridad, a mucha distancia de la atención y cuidado que merecen. Al fin y al cabo, nuestros hospitales ya estaban ahí mucho antes, ocupándose de tantas y tantas otras cuestiones sanitarias que, desde la llegada del covid, parecen haber pasado a un segundo plano. Y no está de más recordar que no sólo es el coronavirus el que mata, como tampoco lo es exclusivamente el cáncer, el ictus o el infarto... También están esas otras enfermedades. Esas otras dolencias tantas veces tan difíciles de reconocer desde los ojos del que no las padece. Todas esas enfermedades que no sangran...

Pienso en las enfermedades mentales. Pienso en la depresión. Pienso en el autismo. Pienso en el lupus... Pienso en la esclerosis múltiple. En tantos y tantos pacientes que, más allá del covid, siguen necesitando no solo de nuestra atención sino (y sobre todo) de nuestra comprensión. Puede que nosotros estemos cansados. Pero no como ellos. Si un paciente de esclerosis múltiple de pronto olvida dónde ha aparcado su coche, no es porque ande muy despistado. Si un paciente de esclerosis múltiple llega a casa sin un zapato no es porque se trate de una moderna Cenicienta, sino porque el cable que hasta es momento llevaba esa información a su cerebro se ha desconectado. Si un paciente de esclerosis múltiple nos dice que hoy no siente las piernas, ténganlo en la consideración que merece, porque lo suyo no es como lo del coronel Truman... Si un paciente de esclerosis múltiple nos dice que necesita ser escuchado, háganle caso. Porque nosotros, como sociedad, no venimos estando a la altura. Y, como ellos mismos les indicarán, estamos haciendo que se sientan juzgados antes siquiera de haberlos escuchado.

Aunque a veces parezcamos olvidarlo, e incluso despreciarlo, uno de nuestros principales activos a defender es nuestra sanidad pública. Un sistema maravilloso porque es público, porque es nuestro, porque es universal. Pero, sobre todo, porque está compuesto por unos profesionales increíbles, que se dejan hasta la vida en todos y cada uno de sus campos. Como, por ejemplo, los neurólogos de los hospitales Álvaro Cunqueiro y Povisa, hombres y mujeres dispuestos incluso a llegar allá donde el sistema no alcanza, aunque sea casi a título personal. Por fortuna, ellos siguen dejándose la piel por ayudar a todos estos enfermos que no sangran. Por permanecer al pie del cañón, por atender e incluso por devolver las llamadas cuando no pueden llegar a tiempo. Pero, así y todo, las circunstancias hacen que todavía no sea suficiente. La necesidad de estos pacientes es mayor, mucho mayor, y la solución, muchas veces, depende de la capacidad que cada uno tenga para alcanzar ciertos servicios de manera particular. Es aquí, pues, donde entra en escena un recurso tan importante como el asociacionismo. Porque ahí, en el marco de las asociaciones, es donde quienes padecen la enfermedad encuentran el espacio para recordar que no son “afectados”, sino personas con nombres y apellidos, hombres y mujeres que –aunque muchos no lo crean– corren, nadan, reman, ríen, sienten, padecen y aman. Y comparten. En nuestro entorno, a la ya existente en Vigo (AVEMPO) viene a sumarse ahora una nueva asociación, EMMO, con la intención de dar apoyo a todos quienes lo necesiten en el área de O Morrazo. Es una buena noticia ante la que no cabe más que felicitarse. Y cumplir, claro.

Porque, sinceramente, creo que como sociedad seguimos teniendo una deuda pendiente con todas estas enfermedades que no sangran. Tenemos que aprender a juzgar menos y colaborar más, contribuyendo, como poco, en la lucha por la visibilidad. A fin de cuentas, como ellos mismos dicen, no hay mejor terapia que la voz.

La semana que viene, el domingo 30 de mayo, será el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple. Por favor, no fallemos también en esto.

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