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Mujeres fuera de serie

Una farmacéutica con muchos galones

La teniente coronel Cristina Larriba, mujer con más alta graduación militar en Galicia, es farmacéutica y ha trabajado en centros de fabricación de medicamentos de toda España y en misiones internacionales. En la actualidad, coordina desde A Coruña el suministro sanitario de militares en el exterior.

La teniente coronel Cristina Larriba, esta semana en el Palacio de Capitanía de A Coruña

La teniente coronel Cristina Larriba, esta semana en el Palacio de Capitanía de A Coruña Carlos Pardellas

Cristina Larriba estudió para ser farmacéutica. Pero nunca ejerció en una botica o laboratorio tradicionales. Ella eligió un entorno diferente, el del Ejército, y ahí ha desarrollado su profesión en campos donde como civil no habría podido acceder. Cristina es farmacéutica, pero también es teniente coronel, la mujer con más alta graduación que trabaja en estos momentos en Galicia y de la que dependen sanitariamente numerosos destacamentos militares en el exterior.

  • ¿Quién soy?

    "Una persona muy normal, feliz, que disfruto de los pequeños placeres. Valoro mucho el compañerismo y adoro conocer otras culturas”

El Ejército no era totalmente ajeno a la vida de Cristina -su abuelo era guardia civil y tenía algunos tíos y primos dentro de esta institución- pero tampoco formaba parte de su entorno más cercano. Fue tras estudiar Farmacia en Santiago cuando se lo planteó como una salida profesional. Y aquella pionera decisión -las mujeres tan solo llevaban tres años en el Ejército cuando ella ingresó- brindó a su vida tan interesantes experiencias que le permiten hoy definirse como una mujer “feliz y realizada”.

La pequeña de tres hermanas, nació en Ponferrada (León) hace 57 años, de madre coruñesa y padre maño.

“Ambos trabajaban en la misma empresa; él, en el departamento de compras y ella, como asistente social, y a las tres nos estimularon desde niñas para ser mujeres independientes y dedicarnos a lo que más nos gustase"

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Fue su madre la que animó a las tres a estudiar la carrera en Santiago. Las hermanas se instalaron en Galicia y sus padres se unieron a ellas en cuanto se jubilaron.

Cristina se licenció en Farmacia y fue la única hermana que se planteó la opción militar. “No tenía ningún referente femenino, pero recuerdo cómo mi abuelo, ya retirado, guardaba en casa con tanto cariño su uniforme, su sable, sus fotos... Mientras estudiaba, en ningún momento se me pasó por la cabeza entrar en el Ejército, pero en 1988 se abrió la posibilidad a las mujeres de ingresar y lo vi como una buena oportunidad”, apunta. 

En 1990, la joven se instaló en Madrid para preparar la oposición para los Cuerpos Comunes (sanidad, interventores, jurídicos, psicólogos…). La oposición incluía un extenso temario y pruebas físicas, que tampoco le asustaron. “Yo no había hecho deporte en toda la carrera, pero me compré unas zapatillas y me puse a entrenar a fondo. La primera vez corrí 400 metros y ya estaba asfixiada, pero cuando uno se empeña y le dedica tiempo, lo consigue”, asegura. No fue sencillo, pero a la tercera aprobó y se incorporó al Ejército en 1992.

Durante el primer año, Larriba y sus nuevos compañeros se sumergieron a fondo en la vida militar para adquirir conocimientos y destrezas totalmente nuevos para ellos. “Este primer año se realiza la instrucción militar básica en los tres cuerpos: la Academia General Militar de Zaragoza, la Academia del Aire en San Javier (Murcia) y la Escuela Naval de Marín. Recién ingresada te sorprenden las formas, uniformes, los saludos… Pero lo integras rápidamente”, asegura.

Tras este primer contacto, la formación de Cristina continuó en la Escuela Militar de Sanidad de Madrid. Ya con el empleo de teniente, eligió Canarias como primer destino y trabajó durante dos años y medio en el Centro de Farmacia del Mando Aéreo.

Después, decidió realizar una especialidad y optó por Análisis y control de medicamentos y drogas, que cursó en el Centro Militar de Farmacia de la Defensa (CEMILFARDEF), en Madrid. Esta formación la habilitaba para trabajar en los centros de fabricación de medicamentos de las Fuerzas Armadas.

“Uno de los atractivos de esta profesión es la posibilidad de desarrollar tu actividad profesional en campos muy distintos"

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Al terminar, siguió su camino en otro centro de fabricación de medicamentos de Córdoba, donde pasó tres años. Pero la morriña empezó a tirar con fuerza de la militar -que ya era capitán- y no dudó en postularse para una vacante que surgió en la farmacia militar de A Coruña. “Aquí mi actividad era totalmente diferente a lo que había hecho hasta ese momento: se trataba de regentar una farmacia de venta al público y llevar la logística de las unidades militares que dependían de esta plaza, hacer análisis de drogas y de aguas”, describe.

En A Coruña, Cristina tuvo además la oportunidad de unirse por primera vez a misiones internacionales, algo que a una viajera innata como ella le atraía especialmente. Su primer destino fue Bosnia, en 2001, una misión de la OTAN para estabilizar el país tras la guerra de la antigua Yugoslavia. Allí, la gallega se encargó durante más de medio año de toda la logística de medicamentos y recursos sanitarios para los botiquines de la zona. “La experiencia fue muy buena; la convivencia es muy estrecha con los compañeros, que se convierten en tu familia, aunque recuerdo también cuánto echábamos de menos a los nuestros ya que las comunicaciones eran muy difíciles”, recuerda.

“Nunca estuve en situaciones de alto riesgo, pero te mueves por todo el país y debes tener gran precaución”

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Tras doce años en A Coruña, Larriba pasó su siguiente etapa en Figueirido y también participó en una misión en el Líbano. “Nunca estuve en situaciones de alto riesgo, pero te mueves por todo el país y debes tener gran precaución”, apunta.

Tras Pontevedra, su vida nómada prosiguió en Valencia, donde se unió a una unidad de apoyo logístico de operaciones en el exterior, destino que sabía que, finalmente, la llevaría de vuelta a casa. “Desde 2015 estoy de nuevo en A Coruña, coordinando los suministros sanitarios de las unidades que tiene el ejército en el exterior”, indica. Este puesto le ha permitido seguir viajando, ya no en misiones sino en inspecciones y, entre otros países, ha visitado Mali, Turquía, Irak y Letonia. “Es una oportunidad para conocer de primera mano en qué circunstancias trabajan los compañeros en el exterior, las instalaciones con las que cuentan, la situación de militares de otros países… Son experiencias muy enriquecedoras”, opina.

La teniente coronel Cristina Larriba en el Palacio de Capitanía de A Coruña

La teniente coronel Cristina Larriba en el Palacio de Capitanía de A Coruña Carlos Pardellas

Cristina asegura que a pesar de ser el Ejército un entorno mayoritariamente masculino, en ningún momento ha sentido rechazo por parte de sus compañeros. “Cuando yo me incorporé, las mujeres éramos muy escasas y aún estaban remodelando instalaciones para que tuviéramos vestuarios, alojamientos, aseos… Los compañeros sentían curiosidad hacia nosotras, éramos la novedad, pero no había rechazo. Siempre me sentí integrada”, afirma.

Cristina ascendió a teniente coronel en el año 2014 y en estos momentos es la mujer con mayor graduación en Galicia. En estos momentos en España hay unas 200 mujeres tenientes coroneles y tan solo 27 coroneles. Ella resta valor a esta posición, ya que explica que los ascensos en la vida militar se van logrando según se cumplen años de carrera. No quiere adelantar si llegará a coronel y a general de brigada, que serían sus siguientes galones, ya que advierte que en estos casos se tienen en cuenta, más allá del tiempo, los méritos logrados a lo largo de toda la trayectoria.

Cada ascenso implica tareas y responsabilidades mayores, pero Cristina no ha tenido dificultades para hacerse respetar. “El ejército es una institución muy jerárquica y el empleo ya es suficiente estatus para no tener que pelear; lo que dices tiene una autoridad”, justifica. Sin embargo, ella es más de consensuar que de imponer.

“Es esencial tener en cuenta la opinión de todos”

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Desde que ella ingresó en el Ejército la presencia femenina ha evolucionado bastante y actualmente se permite el acceso de las mujeres a todas las escalas en igualdad de condiciones que los hombres. “Durante los primeros años yo era la única mujer en los equipos sanitarios. Ahora, en cambio, en los puestos de sanidad somos mayoritariamente mujeres”, apunta. Sin embargo, en el ejército de Tierra, en la Armada o en el Aire, la realidad es muy diferente. Si en los cuerpos comunes las mujeres suponen un 25%, en el resto de cuerpos la media desciende al 12%. “Yo creo que se realizan suficientes campañas de información, pero parece que en los últimos años nos hemos estancado en este porcentaje”, advierte Larriba, que ha participado en diversas campañas de visibilización.

Las dificultades que esta profesión entraña para conciliar la vida familiar no han afectado personalmente a Cristina, soltera y sin hijos, pero asegura que también se ha avanzado en este sentido. “Todo el Ejército está sensibilizado con la conciliación, tanto para las mujeres como para los hombres. Hay numerosos matrimonios de militares y se prevé que si uno está de misión el otro debe quedar en casa”, ejemplifica.

La teniente coronel asegura que las mujeres son imprescindibles en esta institución ya que “aportamos una visión de conjunto y, especialmente en zonas de conflicto, donde las mujeres están relegadas de la vida pública, contribuimos al éxito de las misiones ya que provocamos un impacto muy importante en ellas”.

Cuando Cristina se quita el uniforme lleva una vida tranquila. “Me encanta salir a caminar, la jardinería, leer, viajar, escuchar música…”, cuenta. Y aprovecha siempre para relacionarse con sus amigos de fuera del Ejército, “que me ayudan a estar en el mundo y tener una visión más completa de la realidad”, concluye sonriente.

Las pioneras Victoria ortega, la primera mujer general en España

Patricia Ortega (Madrid, 1963), se convirtió en 2019 en la primera mujer general en la historia de las Fuerzas Armadas españolas.

Patricia Ortega, en su despacho.

Patricia Ortega, en su despacho. EFE

Nieta, hija y hermana de militares, la ingeniera agrónoma ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza en 1988, el mismo año en que se permitió el acceso a la mujer en las Fuerzas Armadas. Continuó su formación en la Escuela Politécnica Superior del Ejército de Tierra, especialidad en Construcción, siendo la única mujer de su promoción del Cuerpo de Ingenieros Politécnicos del Ejército. Casada y madre de tres hijos, fue la primera teniente coronel en 2009, la primera coronel en 2015 y, en 2019, la primera que ostentó el fajín de general. Entre sus condecoraciones destacan la Placa, Encomienda y Cruz de la Orden de San Hermenegildo y las Cruces al Mérito Militar, Naval y Aeronáutico.

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