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GALLEGOS A LA VANGUARDIA

“Ayudar a cambiar de vida a alguien que no se siente apreciado en su empresa es un buen sentimiento”

Alejandro Bello Pérez dejó la multinacional en la que trabajaba en Londres para crear en plena pandemia una start-up de selección de personal especializada en los sectores naval, aeroespacial, automoción y renovables

Alejandro Bello, en la casa familiar londinense, bajo el arco que daba entrada al mítico restaurante “Galicia” de Portobello y en el que se lee el nombre de nuestra comunidad.

Honesto, implicado, resolutivo, directo... y “muy cabezota” ya desde su nacimiento. “Los médicos dijeron que sería muy pequeño y mido 1,93”, bromea este joven emprendedor en plena pandemia. Alejandro Bello se lanzó a crear su propia empresa de selección de personal y consultoría decidido a ofrecer a sus clientes, tanto a las empresas como a los candidatos, procesos “abiertos y transparentes” y, sobre todo, caracterizados por una ética que echó en falta durante sus años como empleado en una gran multinacional del sector.

Con esta premisa, él y su socio, Vincenzo Segnale, dejaron la compañía para la que trabajaban y fundaron Recrewit, una start-up que está especializada en cuatro sectores –aeroespacial, automoción y automovilismo, naval y energías renovables–. Arrancó su actividad en enero y ya opera en toda Europa, aunque también han cerrado contratos en EE UU o Arabia Saudí.

“Puede parecer un cliché, pero conseguirle un buen puesto a alguien que no se siente apreciado en su empresa y ayudarle a cambiar de vida es un buen sentimiento. Entendemos que jugamos con las vidas de la gente y estamos centrados en hacer las cosas bien”, sostiene este hijo y nieto de emigrantes en Londres, licenciado en Economía por la Universidad de Portsmouth, pero también bregado en la recepción del hotel familiar que abrieron sus abuelos en la capital británica, donde aprendió “de ventas y a tratar con los clientes”, y con experiencia profesional en la organización y marketing de festivales de música.

Alejandro (A Coruña, 1993) está especializado en el sector naval y en energías renovables. “He pateado todos los astilleros de Vigo y Pontevedra”, apunta. Y dos de sus primeros clientes han sido precisamente la empresa buenense Nauteka, contratada por Metalships& Docks para la construcción del velero de lujo Sea Cloud Spirit, y la irlandesa Safehaven Marine, que construye actualmente un barco de prácticos para el puerto de A Coruña. En su cartera también figuran la compañía holandesa Contest Yachts y la sueca Windy Boats.

“Galicia siempre fue muy grande en construcción naval y España tiene los mejores ingenieros del mundo, pero atraer talento es complicado. El dinero no lo es todo, pero hay que pagar facturas y los salarios son mejores en otros países. Además, en mi opinión, los convenios son muy anticompetitivos. Suecia también los tiene y, sin embargo, las condiciones allí son mucho mejores”, plantea.

"Mi número de teléfono está en la web y mis talentos, desde carpinteros a jefes de producción, ingenieros o arquitectos, saben que pueden llamarme a cualquier hora"

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En Recrewit, la captación de talentos no está reñida con la integridad profesional: “Me llegan mensajes de candidatos por toda Europa a quienes contactan de otras agencias, y después de una entrevista, no vuelven a saber nada. Yo no entiendo esta manera de actuar con una persona que confía en ti para intentar cambiar de trabajo, con todo lo que eso conlleva para él y su familia. Mi número de teléfono está en la web y mis talentos, desde carpinteros a jefes de producción, ingenieros o arquitectos, saben que pueden llamarme a cualquier hora. Trabajamos con personas y hay muchas cosas que pueden salir mal en cualquier momento. Tienen vidas de todo tipo, desde los que cobran 200.000 euros a los que tienen la renta mínima”.

Trabajos en el Sea Cloud Spirit

La start-up también se aleja de las multinacionales a la hora de establecer sus honorarios. “En Europa hay una tradición de cobrar un margen del 15% del salario bruto. Pero nosotros queremos hacer tratos adaptados a cada caso individual. Si me pides un unicornio te voy a cobrar más. Facturamos por el tiempo que dedicamos. Y buscamos que los acuerdos sean justos para todas las partes. Yo siempre lo peleo”, asegura. 

“No nos gusta decir que somos expertos porque siempre estamos aprendiendo. Y creemos en los beneficios de colaborar con otras empresas de recruitment en lugar de competir. Las compañías suelen pensar que si trabajan con más de una van a conseguir más candidatos, pero lo que ocurre es que se produce una carrera por ofrecer más candidatos y no se estudian tanto los currículos. Otra práctica que no compartimos es la de proponer talentos de forma especulativa, sin contar con su permiso”, añade Alejandro.

“Debido al COVID hay muchos problemas en la cadena de suministro y hemos ayudado a una empresa de Reino Unido a buscar nuevos materiales"

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Además de ayudar a encontrar perfiles de trabajadores, la empresa también ofrece a sus clientes oportunidades de negocio. “Debido al COVID hay muchos problemas en la cadena de suministro y hemos ayudado a una empresa de Reino Unido a buscar nuevos materiales compuestos nuevos”, cita como ejemplo.

“Lo que más me gusta del recruitment es la parte psicológica. Tienes que ser capaz de interpretar bien a la gente para que no te falle. No aciertas siempre, aunque por ahora no nos ha pasado. Y cuando ocurra no tendremos problema en entonar el mea culpa. Vamos de frente e informamos bien de los riesgos y sobre los candidatos. Soy inquisitivo como mi hermana Yessi, que es periodista, y eso me hace conocer muy bien a los clientes”, sostiene. 

El barco de prácticos que construye Safehaven Marine

Cuando no lucha por sacar adelante su empresa, Alejandro trabaja como voluntario en la ONG Radical Recruit, que ayuda a buscar trabajo y recuperar el control de su vida a personas sin hogar, expresidiarios y otros colectivos vulnerables. “Quienes nos dedicamos a recruitment también podemos hacer algo positivo por la sociedad. No todos somos tiburones que solo pensamos en facturar”.

La pandemia fue el impulso definitivo que le animó a crear su propia empresa. Durante el confinamiento más duro dejó de trabajar y el Gobierno le pagaba el 80% del salario. “Me mandaron para casa y el primer día que volví a mi empresa, en junio, me dijeron que entraba en ERTE aunque yo había seguido generando beneficios incluso durante la cuarentena. Después cambiaron de mi opinión, pero mi socio y yo ya habíamos decidido marcharnos. Esperamos el tiempo legal, y muchos clientes se vinieron con nosotros”, comenta Alejandro, que mientras fraguaba las bases de Recrewit no dudó el limpiar colegios “para no estar todo el día en casa”.

Pero también fue la experiencia vivida junto a su padre, fallecido hace unos años, la que hizo germinar en él las ganas de emprender. Siguió trabajando mientras él se sometía a un duro tratamiento y cuando, tras su muerte, se planteó disfrutar de unos días libres la empresa le comunicó que no se los iban a pagar: “Yo seguía facturando y cubriendo la seguridad social y mis gastos. Siempre fui muy leal, salí el primero de su academia y me utilizaban como imagen. Pero, aunque yo creía que no, me di cuenta de que para ellos solo era un número. Por eso mi socio y yo estamos de acuerdo en que nuestros empleados deben tener un trato humano y libertad. Me gusta pensar que mi padre está viendo todo esto”.

"De pequeño odiaba Inglaterra y me escondía en el hórreo de mi abuelo cuando tenía que volver. pero a los 13 años les di las gracias a mis padres. viajar te da nuevas perspectivas”

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Alejandro también quiere dedicar unas palabras a su madre por su respaldo en este último año: “Quiero darle muchísimas gracias, porque sin ella no podría haberlo hecho. Ella y la familia me han apoyado siempre”.

Volviendo la vista más atrás, también reconoce que no fue un niño fácil. “Mis padres se lo pasaban muy bien conmigo. Era listo, pero me gustaba ser el payaso en clase”, admite entre risas. Cuando tenía 4 años, se trasladó con la familia a Londres: “Yo odiaba Inglaterra. Cuando llegaba el momento de coger el vuelo me escondía en el hórreo de mi abuelo. Para mí, el mundo era Cos, mi pueblo, y A Coruña. Pero a los 13 años les dije a mis padres que muchísimas gracias porque solo tener el dominio del idioma ya me dio oportunidades y una ventaja. Si me hubiese quedado en Galicia no sé si hubiese sido lo bastante valiente para venirme después. Cuanto más puedas viajar mucho mejor, te da nuevas perspectivas”. 

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