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Pongamos que hablo de Madrid

Pablo Iglesias, candidatos a las elecciones del 4M en Madrid

Pablo Iglesias, candidatos a las elecciones del 4M en Madrid

Al cierre de esta edición, el consejo de Seguridad de Naciones Unidas todavía no había convocado una reunión urgente para condenar las amenazas fascistas contra Pablo Iglesias. Se conoce que en la ONU no son conscientes del grave peligro que se cierne sobre la democracia española en caso de que Isabel Díaz Ayuso pueda seguir gobernando en la Comunidad de Madrid como resultado de los comicios de pasado mañana.

“Nos conviene que haya tensión”, le decía Zapatero a Gabilondo –el periodista–, antes de las elecciones generales de 2008, sin saber que los micrófonos recogían sus palabras.

El ahora destinatario de otra carta amenazante añadía a renglón seguido que, pese a que los sondeos les auguraban la victoria, tendría que “empezar a dramatizar un poco”. Reconocido discípulo de ZP, Iglesias ha aplicado, corregido y aumentado, el manual del dramatismo preelectoral que tan buenos resultados le dio al PSOE aquel terrible 13 de marzo de 2004, cuando, según aseguró diez años más tarde a Gabilondo –otra vez el hermano, no el candidato socialista “soso, serio y formal”–, preparó en su facultad de Políticas los mensajes SMS que convocaron a la madrileños frente a la sede del PP: “¡Pásalo!”. Solo que entonces se aprovechó una gran tragedia, los atentados del 11M, y esta vez se ha amplificado una miserable farsa: unas cartas con balas que contra toda lógica llegaron nada menos que al despacho del Ministro del Interior y al de la directora general de la Guardia Civil; y una navaja con pintura roja que había sido enviada por un desequilibrado y que, tal y como la presentó la ministra de Industria, Reyes Maroto, en una foto ampliada, parecía más bien un sable samurái.

Aprovechando que el Guadarrama pasa por Galapagar, Pablo Iglesias, el mismo que hace dos años decía –con buen criterio– que no le gustaba hablar de las amenazas que recibía para no dar notoriedad a los odiadores, ha vuelto al sacar del baúl de los recuerdos el espantajo del fascismo, tan viejo que ya en 1937 se refirió a él Clara Campoamor en su libro “La revolución española vista por una republicana”, escrito en su exilio de París: “Ya hemos observado, desde el punto de vista de la política futura de España, que la división tan sencilla como falaz hecha por el Gobierno entre fascistas y demócratas, para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad”. Y eso que en aquellos tiempos sí campaban por Madrid y otras partes de España muchos más fascistas, y más peligrosos, que los que ahora cree ver Pablo Iglesias hasta debajo de las piedras.

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