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Muguruza y sus tres libros del saber: íntimo, feliz y espiritual

Muguruza, de pie, en una de las muchas escuelas de padres que dirigió.  | // FARO

Muguruza, de pie, en una de las muchas escuelas de padres que dirigió. | // FARO

¿Qué le habrá enseñado sobre la naturaleza humana el hecho de escuchar durante décadas los pecados de la gente día tras día en la confesión? ¿Y si a esto le sumamos el medio siglo que lleva trabajando como psicólogo de niños y mayores, simultaneado con responsabilidades colegiales como profesor, tutor, coordinador de tutores, director de escuelas de padres y de campamentos juveniles? Imposible que experiencias tan largas en el tiempo y tan concentradas como puede hacerlo un religioso, no hayan desembocado en un saber especial, de alto standing, sobre la condición del hombre. Con un matiz a mayores, que para unos puede devaluar su credibilidad y para otros redondearla: es también teólogo. En eso pienso cuando me llegan tres libros del jesuita avecindado en Vigo Fernando M. Muguruza que, de algún modo, resumen todo su saber tras una larga travesía, llegados ya los 80.

Ahí están, en Amazon a precios irrisorios. Uno, El Jardín interior, te llevará a un viaje por tus emociones, a través de 30 poemas cargados de sentimiento y profundidad, sobre temas como amor, acepta ción, dolor, hijos, placer, soledad, vida en común, vida interior... Un segundo, Comunícate para ser feliz, ayuda a comprender cómo comunicarnos con nosotros mismos y nuestras emociones, con la pareja para poder disfrutar de una convivencia gratificante, y en familia, tratando la difícil tarea de la educación de los hijos. Un tercero, Qué dijo Jesús, es un libro atrevido, que nos lleva a entender los evangelios desde perspectivas menos tópicas y tradicionales. Fernando Moreno Muguruza quiere “traducir” el Evangelio al momento actual, a nuestro lenguaje y mentalidad concretos, convencido de que Jesús –desde una personalidad excepcional: actual, rebelde, intuitivo, innovador y crítico–, cambia la Historia, la Religión, la Cultura y la Humanidad.

Uno se podría preguntar qué sabio consejo puede dar un varón maduro sin experiencia conyugal a los problemas matrimoniales, o un “pater” pero sin hijos a la educación o sexualidad de los jóvenes. Yo mismo, que no tengo fe, que soy padre y nada menos que con triplete conyugal (dejémoslo así ), pienso que es sorprendente la confianza que la gente coloca en los sacerdotes cuando acude a ellos, tanta como la poca que le otorgan las almas incrédulas que cometen la simpleza de devaluar la capacidad de juicio de todo servidor eclesial. Hay quien piensa que tener a Dios en perspectiva influye en el saber racional y cuientífico sin acordarse de los sobrados doctores que ha tenido la Iglesia. Pero bueno es decir que este Muguruza, nacido en 1943 en el Madrid aún en ruinas por la guerra, de padre andaluz y madre vasca y viajado ya desde niño por los destinos notariales paternos, obtiene la Licenciatura en Filosofía y Letras por la universidad Complutense de Madrid, la de Psicología por la de Granada y la de Teología por la Universidad Pontificia de Comillas-Madrid. Y, si fuera verdad ese concepto leninista (o de algún primo ideológico) de que la revolución se demuestra en la praxis, praxis le ha sobrado entre jóvenes y mayores.

Aunque Muguruza haya confesado tanto, yo sé que piensa que el único pecado es no ser feliz, que la única voluntad de Dios sobre nosotros es que cumplamos el sueño de amor, paz y alegría, que dice que él tiene para cada uno, desde su única identidad de amor incondicional. A mí me vale, aunque no creo en Dios, pero no oculto mi curiosidad por el saber que otorga ese mundo de la confesión. ¿Podría ser entendida como “terapia psicológica” previa a la institucionalización de la psicología? ¿Como un capítulo de la “prehistoria” de la psicología, entendida como conjunto de tradiciones precientíficas vinculadas a las relaciones de los seres humanos entre si? ¡Cuánto conocimiento del ser tendrá un confesor!

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