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Lampreeiros, artesanos de la pesca

Herederos de una tradición con origen en la época romana, los propietarios de las pesqueiras continúan capturando del mismo modo que sus antepasados el primitivo y preciado pez en los ríos Miño y Ulla aunque ya no sea su medio de vida

Ángel Fernández y Manuel Carballo muestran dos lampreas sobre una pesquera Anxo Gutiérrez

Los romanos la consideraban un manjar reservado a los paladares de los emperadores y dejaron vestigios del interés por su captura en las construcciones a orillas del río Miño. La tradición de la pesca de la lamprea se mantiene viva en Galicia y ya forma parte del paisaje fluvial en forma de pesqueiras o pescos que abrazan los márgenes del curso bajo del principal río de Galicia a lo largo de 25 kilómetros, en los municipios de Arbo, Crecente, As Neves y Salvaterra.

“Mi abuelo paterno vivía de eso todo el año; mi padre ya no; yo sigo por tradición, porque me gusta el río pero económicamente no me compensa"

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La explotación y comercialización de esta singular especie de pescado cuyo sabor no deja indiferente a nadie sirvió de motor económico y principal sustento para numerosas familias de la zona. “Mi abuelo paterno vivía de eso todo el año; mi padre ya no; yo sigo por tradición, porque me gusta el río pero económicamente no me compensa”, comenta Ángel Fernández Expósito, presidente de la asociación de pescadores O Trabadoiro de la zona del Condado, donde se contabilizan algo más de 120 pesqueras activas de las más de 700 registradas en 1908. “Antiguamente, en los años 50 del siglo pasado, en la mayoría de los pescos se llegaban a coger mil lampreas por temporada; ahora mismo son pocos los pescadores que capturan más de cien”, explica Expósito, quien achaca la escasez de este recurso pesquero en la zona a la construcción del embalse en A Guarda en los años 70 y a la extracción en la zona más cercana a la desembocadura del Miño con redes de deriva. “Ahora aquí la mayoría de lampreas llegan en coche por la sobrepesca que hay en el Baixo Miño; cogemos las que se les escapan”.

Pesqueiras en el río Miño a su paso por Arbo. | // ANXO GUTIÉRREZ

La campaña de pesca de lamprea en la zona pontevedresa del Condado comenzó el 15 de febrero y finaliza el 15 de mayo;_en la parte de la desembocadura, donde medio centenar de embarcaciones se dedican a estas capturas que comercializan en la lonja de A Guarda, finalizó el 15 de abril. “La temporada empezó muy bien;_como hubo temporales en la zona de abajo y no pudieron salir a pescar durante una semana, la lamprea vino río arriba. Los que tienen pesqueiras de caudales altos pescaron perfectamente; los de aguas bajas tuvieron menos suerte; ahora hay muy poca”, apunta Expósito.

Por afición o herencia, los más de doscientos pescadores que aún se ocupan de capturar lampreas siguiendo este arte de pesca artesanal combinan esta ocupación con sus trabajos. Durante los tres meses que dura la temporada se encargan de armar las redes para poner en las pesqueiras al caer la tarde, entre las siete y las nueve de la noche, para volver a la mañana siguiente, entre las 5 y las 7, a comprobar si ha habido alguna captura. “Vas todos los días si puedes, porque hay que ir a trabajar, muchos lo dejan para el fin de semana”, explica Expósito. Atrás quedan los tiempos en que los pescadores fluviales se pasaban toda la noche en el río, subiendo cada dos horas las nasas para vaciarlas y volverlas a sumergir.

“Normalmente vamos en parejas, aunque a veces es inevitable ir solo. Entre nosotros tenemos contacto y a veces hacemos la gracia de organizar alguna merienda”, dice Expósito. La colocación de las artes de pesca -butrón o cabecera- durante la noche es una tarea no exenta de riesgo pues se realiza sin apenas luz - “las lampreas se mueven de noche y se quedan quietas por el día”, dice Expósito- y los lampreeiros se exponen a resbalones o caídas al estar sobre la pesqueira. El peligro es mayor cuando crece el caudal y deben adentrarse para levantar la red en el río exponiéndose a una corriente que arrastra en ocasiones troncos.

Un ejemplar atrapado en el “viturón” (butrón) en una pesqueira. Anxo Gutiérrez

La campaña de pesca de lamprea en la zona pontevedresa del Condado comenzó el 15 de febrero y finaliza el 15 de mayo; en la parte de la desembocadura, donde medio centenar de embarcaciones se dedican a estas capturas que comercializan en la lonja de A Guarda, finalizó el 15 de abril. “La temporada empezó muy bien; como hubo temporales en la zona de abajo y no pudieron salir a pescar durante una semana, la lamprea vino río arriba. Los que tienen pesqueiras de caudales altos pescaron perfectamente; los de aguas bajas tuvieron menos suerte; ahora hay muy poca”, apunta Expósito.

Pesqueiras en el río Miño a su paso por Abro Anxo Gutiérrez

Las pesqueiras

Las pesqueiras, cuya propiedad en la Edad Media estaba ligada a casas feudales y a monasterios -las de Arbo pertenecían al de Melón- que las “alquilaban” a los habitantes de las tierras cediéndole el derecho a la pesca, pueden ser donadas, dadas en herencia o incluso venidas en la actualidad. Al igual que sucede con los montes y campos, al ser transmitidas por herencia entre partes iguales a los descendientes, algunas de ellas tienen más de cien propietarios. Todas ellas han de tener un registro y un representante que se haga cargo.

“Es un recurso de pesca limitado que no nos da para pagar autónomos”

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Estas construcciones de piedra son un excelente ejemplo de fusión entre arquitectura e ingeniería. Se componen de varios cuerpos llamados “poios” dispuestos en posición paralela o en batería respecto al curso del río. Entre los “poios” existen unos estrechos callejones de unos 80 centímetros de ancho y cuatro o cinco metros de alto por los que se deja discurrir el agua y se coloca el “viturón” o la “cabeceira” mediante un anclaje que permite sumergirlas y sacarlas a la superficie. La primera es una red cónica con un arco, orificio de entrada, que se coloca río abajo, y que puede estar hecho de metal o de ramas de laurel a las que se da forma empleando el calor. La cabeceira, que incorpora una boya y una red más grande, se suele emplear en remansos pero “se pesca menos”, explica Expósito.

La lamprea, un pez primitivo considerado el antecedente de otras especiales actuales cuyos rasgos característicos son su boca en forma de embudo y sin mandíbula, su esqueleto cartilaginoso y su columna vertebral simple, crece y se alimenta en el mar hasta adquirir la madurez sexual, En época de desove asciende los grandes ríos contracorriente. Con solo tocar una pieza, los lampreeiros ya saben si su calidad es óptima para convertirse en una buena comida.

“Echándole la mano ya sé si está dura, que es como tiene que estar; normalmente en Arbo todas llegan así porque están batidas por los rápidos del río”

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Cuando no se capturan con esa dureza, se suelen dejar en viveros, fuentes u otros recipientes con agua fluyendo.

De las piezas que suelen capturar los lampreeiros cuya profesión no es la de pescadores, una parte es para consumo propio. “Queremos hacer un punto de venta porque aquí no hay manera legal de venderlas;_es un recurso de pesca limitado que no nos da para pagar autónomos, por eso pedimos a la Xunta que podamos cotizar solo por lo que se venda, como se hace con los productos del campo o los que venden pequeñas cosechas de vino”, explica Expósito. El precio de la pieza ronda los 25 euros -20 si es más pequeña y hasta 35 cuando se trata de ejemplares más grandes-...

Las capturas de embarcaciones en la zona cercana a la desembocadura se comercializan en la lonja de A Guarda.

Una vez capturada, los lampreeiros llevan el singular pescado a su casa y se realiza el proceso de conservación, o ahumada o en salazón. “Si la escaldas a la noche, poniéndola en sal en su propia sangre, a la mañana siguiente la vuelves a revolver para que coja la sal, y a la noche, 24 horas después de cogerla -también se pueden esperar 36- se abre, se limpia el exceso de sangre que tenga alrededor. Para ahumarla se deja cuatro días en un sitio con leña, mejor de roble”, explica Expósito, quien confiesa que so manera favorita de comerla es asada a fuego muy lento. Otras maneras d e prepararla son a la bordalesa, cocinada en su propia sangre, pero “ahí ya dependes de que le den el punto exacto”, puntualiza Expósito, quien menciona que “a casi todo el mundo le gusta con fideos y tirabeques”. Rellena con huevo, jamón y pimiento es otra de las maneras en las que se presenta en la mesa. “La seca salada la puedes poner en el cocido o echarle un poco a las lentejas y eso es otra cosa”, dice Expósito.

Baleeiros del Ulla

La pesca artesanal de la lamprea no solo se produce en el río Miño. En el Ulla también existen pesqueiras centenarias cuyo tipo de pesca es similar, si bien en numerosas ocasiones los pescadores deben alcanzar los “poios” en barcas. En Padrón y Pontecesures, en una zona fluvial más calmada, los “baleeiros”  lanzan sus viturones al río y suben la pesca. En estos casos existe mayor dificultad de obtener una buena captura porque el primitivo pez no se ve obligado a atravesar corriente arriba los huecos de las pesqueiras.

Estacadas en el Tea

En el río Tea a su paso por el municipio de Ponteareas se organizan estacadas, pasarelas de madera construidas artesanalmente hasta el medio del río desde donde se trata de pescar la lamprea con arpón o “fisga” durante la noche y con el apoyo de luces artificiales. Los puestos para las estacadas se adjudican mediante sorteo.

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