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Aymée, “hija del medio” en Cuba, filóloga en España

La cubana Aymée Ribera  con su tía Aida, maestra, en su pueblo natal, durante una visita en 2012.

La cubana Aymée Ribera con su tía Aida, maestra, en su pueblo natal, durante una visita en 2012. Faro

Se fue para allá mucha gente desde Galicia a matar el hambre, sí, mucha mano de obra sin más cualificación que la fuerza de sus brazos. Algunos cayeron en el empeño, esa derrota de ilusiones y expectativas de la que nunca se habla cuando se habla de emigración; otros forjaron grandes fortunas, volvieron como indianos a su patria. Generaciones más tarde, nos llegan desde allí profesionales con valor añadido, gentes que podrían contribuir a la renovación celular de España y que aquí se encuentran con una madre patria o como la llamen laboralmente asfixiada que no les da tregua ni acomodo y les hace preguntarse si mereció la pena dejar allá en la isla toda su memoria afectiva. Hablo de Cuba como podría hablar de Brasil, Colombia, Argentina... pero la que yo conocí estos días y admiré en su cultura y humanidad es cubana y está aquí en paro cargada con un maravilloso currículum en Humanidades que nadie aprovecha. Hablo de ti, Aymée Rivera Pérez, qué apellidos tan nuestros y qué bien los portas bajo tu piel de ébano.

Cubana como otras a las que traté en Galicia con mucho afecto pero ya insertadas en la dinámica laboral de nuestra tierra como la epidemióloga Magaly Cubero, las doctoras Bianka Mesa, Yanet Coego o Clara Limonta, ginecóloga que escribió un libro sobre su vida que parece una novela de aventuras; o la actriz Orisel Gaspar de la que recuerdo su película “7 días y 7 noches” y es aquí profesora de Arte Dramático. Pero Aymée Rivera no. Ella me contó que fue la hija “del medio” de una familia desestructurada. Creció en un barrio semimarginal, en la llamada Cenicienta de Cuba, la provincia de Pinar del Río. Para más inri, su padre era un obcecado comunista como lo fue ella después, negro y tabaquero, experto torcedor de cigarros en una afamada fábrica de allá. Ah, y alcohólico. Su madre, una hermosa mulata, hija única de un matrimonio de descendientes de españoles y africanos que la quisieron con locura y le propiciaron una excelente educación, si tenemos en cuenta los estándares de la época y el medio social y racial en que vivió.

Por eso, me dice, ella se llama Aymée, su hermana mayor Aymara y el pequeño Yoel, nombres todos sacados de sus lecturas. O sea que no solo le tocó nacer en el medio de los hermanos, eso que hasta tiene su síndrome en psicología, sino que encima fue hembra cuando su padre esperaba un macho. Peor todavía, me cuenta ella riendo. Pagó -y sigue pagando muy caro- la osadía de haber estudiado una carrera “de blancos”, Filología Hispánica, en la que es doctora- por lo que siempre ha sido una especie de rara avis. Para los suyos, los de piel oscura y también para los blancos, era y es una negra creída porque iba a ver funciones de ballet, leía libros gordísimos y usaba palabras muy raras para hablar. Fuera como fuera, en Cuba se forjó un buen currículum impartiendo clases en espacios unversitarios.

Ah, pero, maldita sea, se enamoró de un gallego que por allí pasaba y se vino a España, ¡por amor! Por amor dejó su puesto de profesora universitaria, sus programas en la radio, sus colaboraciones editoriales, su militancia, su gente y su vida entera, todo por amor. Primero en Madid, donde se hizo doctora en Filología, igual que allí obtuvo un diploma de Estudios Avanzados o un doctorado internacional por una universidad veneciana. Allí realizó también su tesis doctoral sobre la imagen literaria de la mujer negra en las escritoras caribeñas. Hoy en Vigo, desempleada tras naufragar su relación de pareja. Le pregunté a esta profesora que tanto español ha enseñado, que podría enseñar español al español más sabido y que busca ansiosamente un trabajo como filóloga que es. ¿Y ahora qué? Y me responde: “Hace 16 años que vivo en España, ahora con una sensación de miedo. En realidad no sé qué estoy haciendo aquí... ¡Qué equivocada está la gente allá...! La mayoría piensa que todo el que escapa de la Isla, se vuelve rico y feliz, pero, ¿y yo? ... ¿escapé?”.

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