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El legado gallego de John Lennon

Rob López, hijo de Rosaura López, la asistenta doméstica de Cerdedo que trabajó en casa del exbeatle y de Yoko Ono en el edificio Dakota de Nueva York, recuerda lo que le contaba su madre sobre la pareja, sus tres visitas al lujoso piso y cómo vivieron la noticia de la muerte del intérprete de “Imagine” asesinado hace 40 años

El legado gallego de Jhon Lenon

El legado gallego de Jhon Lenon

Son las 6 de la mañana del 9 de diciembre de 1980 en un apartamento del barrio neoyorquino de Washington Heights. La gallega Rosaura López y su hijo Rob se disponen a empezar una nueva jornada cuando encienden la radio, un aparato Philips con reproductor de cintas de casete y tocadiscos, y escuchan que John Lennon ha muerto a causa de los disparos de bala recibidos la noche anterior por un asaltante a la entrada de su casa. Ambos enmudecen por unos minutos, se quedan un rato sentados y enseguida se prepararan para empezar su tarea normal, él en el instituto y ella en el lujoso edificio Dakota, donde hasta hacía unas semanas había trabajado como asistenta doméstica para Lennon y su esposa Yoko Ono y en ese momento prestaba servicios en otro piso del mismo inmueble.

Rosaura López ante el edificio Dakota en Nueva York en 2005.

Rosaura López ante el edificio Dakota en Nueva York en 2005.

“Me obsesioné con la noticia, compraba todos los días el New York Post y The Daily News para saber todo lo que había pasado"

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"En la portada de uno de ellos salía la foto de Mark Chapman, el asesino de Lennon, y mi madre lo reconoció como el fan que la víspera del asesinato le había preguntado si sabía a qué hora bajaría el músico cuando ella salía de trabajar del Dakota”, recuerda desde su casa de Pontecaldelas Rob López.

Nacido en Nueva York en 1963 e hijo de madre gallega y padre argentino, Rob López se estableció en Galicia en 2006, donde ejerce como profesor de inglés y gerente del GBC_Hostel en Pontevedra. “Jamás visité Disneyland de niño pero a Galicia venía todos los veranos”. Y es que tanto su madre, natural de la parroquia de Quireza en Cercedo, como su padre, que con un año de vida se estableció con su familia en la aldea de Castro de Cabo, en el mismo municipio, aprovechaban toda ocasión que se les presentaba para visitar su tierra y a sus familiares.

Rob López con una gafas y una gorra de Lennon en Pontecaldelas.

Rosaura López Lorenzo había emigrado a Nueva York en 1962 siguiendo los pasos de su marido, que ya trabajaba allí desde hacía tres años, pues su nacionalidad argentina le permitió conseguir el visado de trabajo antes que a ella. El matrimonio ya tenía una hija de siete años, que vivió con ellos durante nueve años en Manhattan y luego regresó a Galicia. “Me puso Robert para que pareciese un auténtico americano, mi padre quería ponerme Secundino, como él”, dice su hijo. Esta gallega de familia de panaderos trabajó desde 1977 hasta 1980 en casa de los Lennon cuando su hijo Rob ya era un adolescente. “Recuerdo un día que la fui a recoger a la estación de tren y me dijo: ‘Ti non sabrás quen é este chico famoso que toca nun grupo que se chama Os biatels?’ Le pregunte cuál y me dijo ‘John Lennon, traballo para el’. Aluciné, yo no era un gran fan de los Beatles, era más de los Rolling, Led Zepelling o Jimmy Hendrix, pero obviamente sí los conocía”.

La asistenta gallega en los años en que trabajaba para los Lennon.

Rosaura ya había trabajado en el Dakota como asistenta de una pareja de profesores que residía en el piso 72, el que más tarde habitaron los Lennon. Antes de marcharse a Londres, pusieron como condición al futuro inquilino que debía de quedarse con los servicios de la gallega. “En una primera entrevista, Yoko la recibe con un tarotista que le dice, mientras echaba las cartas, que no era buen momento para contratarla; la llaman a la semana y mi madre les prepara un desayuno; aparece otra vez el de las cartas y le dice a Yoko que la contrate”, explica Rob siguiendo el relato que le contó su madre.

"Yoko me pareció la chica de la curva"

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Rob López nunca coincidió con John en ninguna de las tres visitas que hizo al piso, pero sí vio a su esposa y a su hijo Sean. “La primera vez, mi madre me llevó un día que yo no tenía colegio y me dijo que me estuviera quieto en la cocina; en la mesa había dos ejemplares de periódicos sensacionalistas que a la japonesa le encantaban. Justo cuando mi madre se iba a limpiar entra Yoko y nos presenta. Miro hacia mi izquierda y la veo con un camisón blanco, casi transparente, y despeinada, parecía la chica de la curva. Me dijo buenos días, se hizo una taza de té y se marchó”, relata Rob.

Postal que le enviaron desde Japón firmado con tres caricaturas.

A Sean lo conoció en otra visita al inmenso piso de altos techos. “Estábamos en la habitación de juegos del pequeño. Tenia toboganes y columpios, como un parque infantil, además de una gramola en una esquina con música de los 50 y 60. Me interesaba saber qué escuchaba Lennon y le pregunté al niño cuál era la canción favorita de su padre; me dijo que la única que le gustaba a él era “Zapatos de gamuza azul” de Elvis Presley”.

"Mi madre me pidió que le ayudara a hacer la cama y salieron restos de marihuana volando por el aire"

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Estando el matrimonio fuera de casa, se produjo la tercera de las visitas. “Mi madre aprovechó para hacerme un tour por las habitaciones: había una en construcción, otra blanca de “Imagine”, una tercera que tenía la tumba de una momia, una pirámide hueca que parecía de oro y dentro de ella un halcón maltés. El dormitorio de ellos era pequeñísimo en comparación con el resto de los cuartos de la casa (el de Sean era el triple de grande). Tenían a los pies y en la cabecera de la cama bancos de iglesia. Yo, que quería ser músico, me quedé mirando la guitarra que tenía colgada en la pared cuando mi madre me dice que le ayude a hacer la cama y al ponerse a sacudir las sábanas veo salir volando algo por el aire: eran restos de marihuana, saltaron hasta cogollos. Mi madre me mira y me dice, ‘Ti queres ser músico? Mira o que fuman estos todo o día’”.

Por lo que le contaba su madre sobre el beatle y luego plasmó en su libro de memorias “En Casa de los Lennon”, editado en 2005 por Hércules ediciones, John era un hombre amable que se había tomado muy en serio su papel de padre, hasta el punto en que había decidido cogerse años sabáticos para dedicarse en exclusiva a su hijo. “Quería ser un papá doméstico y le preguntaba a mi madre muchas cosas. Un día le pidió que le enseñara a hacer pan (sabía que ella venía de una familia de panaderos). De hecho hay fotos de él haciendo pan como le enseñó mi madre, a la que llamaba Rosa”.

"En casa de Jhon Lenon"

"En casa de Jhon Lenon"

De su relación con el resto de integrantes de los Beatles, Rosaura no tenía constancia de que le visitara ninguno durante los años que trabajó en el Dakota, aunque sí sabía que tenía contacto con Paul McCartney, cuyo teléfono de su casa de Long Island figuraba en su agenda. “Un día, poco después de que pillaran a McCartney con droga en Japón, llamó a mi madre nervioso para que le ayudara a a quitar un paquete de marihuana que había tirado por el váter. Parece ser que se asustó y pensaba que el FBI, que lo quería deportar, iba a ir a por él”, comenta Rob.

La relación laboral entre empleada y jefes no estaba exenta de afecto. “Mi madre siempre recordaba el día lluvioso y frío en que llegó al Dakota con una gabardina que no abrigaba y Yoko le dio su tarjeta de crédito para se comprara un buen abrigo”, dice Rob. El matrimonio solía enviar tarjetas postales a Rosaura cuando se iban de viaje y le regalaban prendas que ella daba luego a quien se las pidiera como recuerdo del beatle. “Solo conservo unas gafas de John que él le regaló porque tenían la misma graduación y mi hermana tiene un gorro suyo”, comenta Rob, a quien la pareja le dedicó una foto familiar junto a su hijo en un parque familiar.

“Cuando mis padres celebraron su 25 aniversario de boda, en un restaurante llamado “El faro” que había frente al Dakota, los invitaron. Ellos no fueron pero sí una asistenta personal que les llevó como regalo una foto de los tres vestidos de época en un marco de Tiffany’s”.

Foto que le regalaron los Lennon a la gallega y su marido por su 25 aniversario de bodas.

La relación laboral se terminó por una falsa acusación de la niñera de Sean, que dijo a Yoko Ono que Rosaura había robado comida “A ella no le importó, no le faltaba trabajo ni nunca idolatró a los Lennon. Para ella era un ser humano que se dedicaba a la música y por eso era popular. Nada más”, manifiesta Rob López. Sin embargo, a mediados de los 90 la asistenta personal de los Lennon vuelve a requerir los servicios de la gallega para que fuera a trabajar para Sean, que vivía en otro piso en el Dakota.

“Trabajó allí con él ahí y también después, cuando se mudo al Village”

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A finales de los 90, ya jubilada y viuda, Rosaura decide plasmar sobre papel sus memorias de los años que trabajó para los Lennon. “Empezó a anotar recuerdos en un diario, que se convirtieron en libro gracias a la ayuda del periodista Eduardo Herrero, que siendo corresponsal en Nueva York conoció a mi madre y la animó a publicar sus memorias”.

En 2005 una Rosaura exultante presentaba “En casa de los Lennon” por España. Yoko Ono le había dado el visto bueno al borrador. “Estaba enferma, pero eso le dio vida. Estuvo en el programa de Buenafuente, en la televisión gallega, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Estaba feliz. Pero cuando iba a presentarlo a la Feria del Libro de Barcelona, estando en Castellón, se puso mala y la trajeron para Pontevedra, donde murió”, recuerda su hijo.

Un año después de la muerte de su madre, Rob decide abandonar la Gran Manzana y establecerse en Galicia. Es un gran apasionado de la música y comparte sus composiciones en Facebook con sus seguidores. En una ocasión se puso en contacto con Sean Lennon para proponerle hacer algo juntos pero nunca obtuvo respuesta. De su ciudad natal, recuerda sus años al frente de la tapería gallega “La Xunta”, entre las avenidas 10 y 11, donde tuvo como clientes a Iggy Pop y a Steve Buscemi, el actor que dio vida al Señor Pink en la película “Reservoir dogs” de Tarantino. También guarda en su memoria cuando, siendo mensajero, se topó con Keith Richards y cuando casi tropieza con Eric Clapton saliendo del “Four Seasons”. Eso no le pasa en Pontecaldelas, desde luego.

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