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Orígenes

Retrato imaginario de Orígenes realizado por el fraile André Thêvet

Retrato imaginario de Orígenes realizado por el fraile André Thêvet

¿Saben ustedes qué es un exégeta? Suena a uno de esos términos que utilizan los muy eruditos e intelectuales, ¿verdad? Pues fíjense que ahora somos todos bastante exégetas, y no nos cortamos un pelo en serlo, pues las personas que se definen con este concepto son aquellas que exponen o interpretan textos. Y no me digan que, en los últimos tiempos, no hemos interpretado las normativas pandémicas a nuestra parcial conveniencia y entendimiento. A fecha de publicación de este artículo, en la ciudad de Vigo nos encontramos perimetrados y con prohibición expresa de reunirnos con no-convivientes, salvo excepciones de fuerza mayor y atención a mayores y menores, entre otras; sin embargo, dando un sencillo paseo por la ciudad, yo misma he podido ver reuniones de amigos compartiendo un roscón en la calle —se lo prometo, un roscón largo como un día de lluvia—, café de take away en mano, o pandillas que venían incluso desde otra provincia porque “con el día tan bueno que hace, como para quedarse donde siempre”.

Que no digo yo que ahora tengamos que ser completamente mansos y obedientes, y más sabiendo que ni siquiera tenemos muy claro todavía qué contagia y qué no; para ser honestos, los vaivenes políticos y de las farmacéuticas, que de pronto todas sacan una vacuna milagrosa la misma semana —no, no sospechamos nada raro en los hallazgos y nos da mucha tranquilidad inyectarnos ese prodigioso líquido— no ayudan especialmente a nuestra obediencia gregaria y organizada.

Retrato imaginario de Orígenes realizado por el fraile André Thêvet

Sin embargo, y aún sabiendo que caminamos por un pasillo lleno de mentiras, dejen que apele a su sentido común, a su responsabilidad individual, porque tal vez sea lo último que nos quede en esta jungla. ¿Saben quién fue el más famoso de los exégetas? Se llamaba Orígenes, y vivió entre los años 185 y 254 después de Cristo, aproximadamente. Él sí era literal y obediente, cual soldado Inmaculado de Daenerys en Juego de Tronos. Figúrense si él acataba las normas, que como leyó en el evangelio de San Mateo que había eunucos que se habían convertido en tales “a sí mismos, por el reino de los cielos”, ni corto ni perezoso también se castró a sí mismo. Tardó algún tiempo en darse cuenta de que aquel texto bíblico era alegórico y místico, y su fastidio fue mayúsculo no solo por la automutilación, sino porque al haberse autolesionado resultaba prácticamente imposible que lo admitiesen en el sacerdocio. Por eso Orígenes —aunque la historia de la castración resulta difícil de contrastar—, buscó la forma de leer los textos interpretándolos y dándoles su verdadero sentido y significado, para que no cayésemos en la tentadora aquiescencia y asunción de todo lo que leíamos.

Para ser honestos, los vaivenes políticos y de las farmacéuticas no ayudan especialmente a nuestra obediencia gregaria y organizada

Con esto no quiero decir que interpreten ustedes los reales decretos pandémicos y los DOGA como les convenga, ni mucho menos. Sus directrices, se supone, se pautan para nuestro bien personal y el común. Pero que en nuestra labor como exégetas de lo que nos sucede, de todas esas normas que aprisionan nuestra esencia y libertad más primitiva desde hace meses, si somos incapaces de cumplir a rajatabla apliquemos al menos algo tan nuestro como el sentidiño, que en Galicia siempre nos ha terminado llevando a buenos puertos.

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