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Gallegos a la vanguardia

“Negar la condición de mujeres a las trans es dañino e injusto”

La lalinense Bárbara Navaza desarrolla su doctorado en Antropología en la Universidad de Nashville, la Harvard del sur

La investigadora lalinense Bárbara Navaza, en Long Beach, en el condado de Los Ángeles

La investigadora lalinense Bárbara Navaza, en Long Beach, en el condado de Los Ángeles

Ser inmigrante y transgénero significa ser doblemente vulnerable. La intérprete, mediadora intercultural y antropóloga Bárbara Navaza (Lalín, 1982) se ha propuesto abordar la complejidad vital de este colectivo en Los Ángeles y Madrid, contribuyendo así a desestigmatizarlo y a facilitar su integración en cada país de acogida. Después de una década de trabajo en el Hospital Ramón y Cajal y de colaboraciones con el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), el Ministerio de Sanidad y diferentes ONG, se trasladó en 2016 a EE UU para iniciar su doctorado, primero en la Universidad de California Riverside y después en la de Vanderbilt, en Nashville.

"Quiero conocer su ambiente social, no solo el médico y el jurídico, para entender cómo se crea su vulnerabilidad, qué papel juegan la inmigración, el género y la salud"

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“Los casos más graves de discriminación afectan a este colectivo, que cuenta con poblaciones importantes en ambas ciudades. La mayoría proceden de América Latina y son peticionarios de asilo. Quiero conocer su ambiente social, no solo el médico y el jurídico, para entender cómo se crea su vulnerabilidad, qué papel juegan la inmigración, el género y la salud. Se trata de abordar la complejidad de sus vidas para obtener una visión más integral”, resume sobre un proyecto que le abrió las puertas en el competitivo mundo académico de EE UU, donde carecía de contactos. “Fue muy gratificante”, celebra.

Bárbara inició su doctorado en la Universidad de California Riverside, donde previamente realizó un máster en Antropología. Y ya había completado los dos primeros cursos teóricos cuando su tutor se trasladó a Vanderbilt, conocida como la Harvard del sur, y le propuso seguirlo, lo que implicó repetir allí esta dura y exigente etapa. “Al final, fueron cuatro años, pero ahora me siento más segura en mi formación”, apunta.

Pero justo cuando tenía que empezar su trabajo de campo la pandemia se interpuso en sus planes: “La antropología implica estar en un lugar con personas y pasar tiempo con ellas, pero ahora hay que ser creativos, así que hago entrevistas on line, les pido vídeos de su vida diaria... En 2019 ya pude avanzar algo durante el Orgullo en Madrid y Los Ángeles y ahora tengo distintos planes para 2021 dependiendo de si se puede viajar o no”. Al menos, sí puede moverse dentro de EE UU y acaba de estar en la costa oeste para realizar entrevistas y avanzar en su idea de plasmar su tesis en un trabajo audiovisual en colaboración con un amigo español productor.

La investigadora lalinense Bárbara Navaza, en Long Beach, en el condado de Los Ángeles

El germen de esta investigación fue su experiencia como intérprete y traductora con inmigrantes en el Ramón y Cajal después de titularse en la UVigo. “Cuando yo trabajaba en Madrid no había nada específico para LGTB y después tuve un proyecto sobre VIH enfocado a chicos gays y mujeres trans de América Latina que me tocó la fibra. Ellas se abrieron mucho conmigo y les estaré siempre muy agradecida. Sus historias me parecieron durísimas y de una fortaleza y resiliencia tremendamente grandes. Todavía mantengo el contacto con algunas. Siempre tuve una afinidad muy grande con el colectivo LGTB, me considero parte de él. Y también con los inmigrantes, soy gallega. Y siempre quieres contribuir a que no haya discriminación en tu comunidad”.

"Siempre tuve una afinidad muy grande con el colectivo LGTB, me considero parte de él. Y también con los inmigrantes, soy gallega. Y siempre quieres contribuir a que no haya discriminación en tu comunidad”

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Su tesis incluye historias personales y entrevistas con expertos e intérpretes de ONG y del ámbito sanitario. Y permite evidenciar las diferencias entre ambos países. “En España todo es público y gratuito, pero aquí hay entidades privadas que funcionan con donaciones y que también consiguen ofrecer ese apoyo. Pero los protocolos médicos en EE UU consideran que la persona transgénero tiene un trastorno, disforia de género. Y su identidad, por tanto, es una patología. En España se reconoce como incongruencia de género, que puede gustar más o menos pero no es una enfermedad. Por tanto, la medicina no es objetiva como creemos. Aquí también les piden una prueba de vida si quieren realizar un tratamiento. Deben pasar 6 meses viviendo el rol del género con el que se identifican y eso puede ser muy traumático”, lamenta.

También lo son los trámites de petición de asilo. Los demandantes deben demostrar a su interlocutor a través de una fría entrevista y, muy a menudo, en ambientes de desconfianza cuál es su identidad y la discriminación que han sufrido en sus países de origen “Es maravilloso que puedas pedir asilo, pero toda esta burocracia es muy complicada. Ojalá que este trabajo sirva para hacer las cosas mejor”, ansía Bárbara.

Por ello, la lalinense quiere visibilizar todas las facetas de las vidas de las personas trans en un país extraño en el que tratan de sobrevivir: “Y hay historias que te rompen todos los clichés. Eso es maravilloso. He conocido a una trans superreligiosa que quiere tocar el piano en su iglesia. También he visitado los shows de drags, unos espacios de socialización y encuentro maravillosos y donde hay un gran espíritu de comunidad. Son estrellas aplaudidas y aceptadas cuando salen al escenario, pero algunas se han cambiado y maquillado en el coche. Y hay que contrastar estas realidades con sus experiencias en el médico o con sus familias”.

“No todas quieren operarse, algunas lo han hecho en el mercado negro... Cada caso es una historia diferente y cada persona lo vive de su manera. Hay mucho desconocimiento y me gustaría que este trabajo sirva para que la gente conozca más su realidad. No es común ver a personas trans trabajando, solo en determinados ambientes, y esto significa que hay un gran problema detrás. Y si añades la lengua siendo inmigrante, todo se complica”, comenta Bárbara, que anima a los ciudadanos a perder prejuicios y miedos frente a las distintas identidades de género.

“No pasan nada si te equivocas en el lenguaje a la hora de relacionarte, yo meto la pata muchísimo, pides perdón y ya está”, añade.

Las que me dan esperanza son las mujeres como kamala harris y alexandria Ocasio-cortez y todas las que trabajan a pie de calle

Seguir avanzando en esta integración es una de las razones por las que Bárbara celebró la derrota de Trump: “Ojalá con Biden se solucione la polarización que se ha generado estos cuatro años. Pero estoy muy ilusionada por Kamala Harris. Las que me dan esperanza son las mujeres que están dando caña como ella y Alexandria Ocasio-Cortez y también todas las que están trabajando a pie de calle”.

Bárbara también tiene muy clara su postura sobre la polémica en torno a la futura ley trans española: ”Hay colectivos feministas que consideran que las mujeres trans no son mujeres. Que las nieguen me parece muy dañino e injusto. Les niegan su identidad y un espacio para fomentar la solidaridad y la justicia social. Estoy muy en desacuerdo, de raíz. Todos los movimientos sociales son como un gran barco que cuenta con muchos barcos pequeños de grupos con sus visiones y problemáticas específicas”.

“Los carballos y castiñeiros de Nashville me hacen sentirme en casa”

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En aras de su vocación por la antropología médica y la justicia social, Bárbara cruzó el país y se mudó desde Riverside, a una hora de Los Ángeles, a Nashville, la ciudad de la música. “Y no solo del country. Aquí tiene casa Dolly Parton, que es la diva, pero también Jack White o Black Keys. Todo el mundo toca en una banda y hay conciertos en todas partes, incluso en el McDonald’s”, revela.

“Es una ciudad muy sureña y muy bonita, pero también hay carballos y castiñeiros que me hacen sentir como en casa”, añade. Aún así echa en falta a los suyos. Y también el pulpo y las delicias de la pastelería familiar Navaza. La última vez que estuvo en Lalín fue durante las navidades pasadas y, debido a la pandemia, este año se las perderá. “Echo mucho de menos a mi abuela, aunque ella se ha puesto al día con las nuevas tecnologías y hacemos videollamadas. Y esto ayuda”, celebra. Como buena conocedora de los dos sistemas sanitarios, hace un llamamiento a los españoles: “Es una maravilla no tener que pasar por caja. Hay que proteger a la sanidad pública y a todo el personal que lo tiene que estar pasando tan mal”.

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