Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Aquí no se rinde ninguna

Las antiguas trabajadoras de la fábrica de cerámica Pontesa inspiran la película “Nación” de Margarita Ledo. Se incorporaron al mundo laboral en los 60, protagonizaron movilizaciones sindicales y llevan 19 años en una batalla judicial por percibir los salarios e indemnizaciones que les deben tras el cierre de la factoría en 2001

Cinco de las antiguas trabajadoras de Pontesa junto a las actrices Mónica Caamaño y Xoana Pintos en el cartel de la película “Nación"

"Cuando abrí el sobre de mi primer sueldo semanal, de 400 pesetas, pensé que ya era rica"

decoration

“Llegué a casa y le di el dinero a mi madre porque hacía falta en la familia y yo tenía catorce años. Al cumplir los dieciocho me saqué el carné de conducir, me compré un Diane6 descapotable y me fui de vacaciones”, recuerda Nieves Lusquiños, al otro lado del teléfono en su casa de la parroquia de Alxán en Soutomaior. A sus 67 años, esta antigua trabajadora de la desaparecida fábrica de loza Pontesa, ubicada al fondo de la ría de Vigo, en Pontesampaio, se ha convertido, sin ella pretenderlo, en protagonista de la película “Nación”, de Margarita Ledo.

La antigua trabajadora de Pontesa Nieves Lusquiños en una imagen del film de la productora gallega Nós.

El film, estrenado el pasado martes en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, reconstruye la historia laboral de unas doscientas mujeres que accedieron al trabajo industrial en la década de los 60 y  se negaron a volver a ser recluidas en sus casas en 2001, cuando cierra el Grupo de Empresas Álvarez, al que pertenecía Pontesa, empezando una batalla judicial que aún continúa en la actualidad. Reclaman el dinero que se les debe de sus salarios e indemnizaciones para saldar una doble deuda, moral y económica.

Estas gallegas protagonizan, sin darse cuenta, una historia real de lo que hoy llamamos sororidad, “de esa relación positiva que se fue creando entre ellas durante 50 años en la fábrica, reclamando mejoras, organizándose juntas, luchando por sus derechos, manifestándose y luego yendo a los juicios”, explica Margarita Ledo.

Madres y trabajadoras

La mayor parte de ellas provienen del rural y comenzaron a trabajar muy jóvenes. Es el caso de Esther García, que entró con 14 años en la fábrica donde trabajaba su padre y una de sus siete hermanos. “Viví en Pontesampaio con mi familia hasta que me casé en 1974 y nos fuimos a Cesantes; tuve tres hijos y fue complicado criarlos porque al principio teníamos turnos de mañana y tarde con una hora y media para comer. Solo descansábamos los sábados por la tarde y los domingos”, recuerda esta mujer que ahora tiene 65 años y lleva tres jubilada.

“En las manifestaciones nos daban malleiras, pero no nos apaciguábamos porque estábamos luchando por el pan de nuestros hijos”

Esther García

decoration

El trabajo en la fábrica les permitía salir de sus casas, el lugar al que la sociedad de la época las relegaba, donde eran invisibles, y les reportaba autoestima y autonomía. “Yo era decoradora, me encantaba mi trabajo”, dice Nieves. “Las mujeres cobrábamos menos, pero es que ellos hacían trabajos más importantes”, afirma Esther García.

Fotografía de trabajadoras de Pontesa cedida a la productora por la Asociación de Vecinos de Pontesampaio.

La lucha por la jornada continua fue una de las primeras reclamaciones que las unió. “Cuando era soltera no me importaba velar, pero al tener hijos la cosa cambió. En esos años no había guarderías y teníamos que tirar de las abuelas. Mi hijo el mayor tuvo que vivir hasta los seis años con mi madre de lunes a sábado. Los otros dos menores se quedaron con mi suegra y mi cuñada, pero les pagaba”, comenta Esther García. Después de varias movilizaciones en la carretera a la entrada de la fábrica lograron la jornada continua, su primer triunfo.

“Les dije a mis compañeras: De eso nada, aquí no trabajamos más si no cobramos

Nieves Lusquiños

decoration

Con el paso de los años la fábrica comenzó a tener problemas económicos y las empleadas dejaron de percibir sus salarios íntegros. “Al principio no cobrabas un mes, al siguiente te daban la mitad; luego retiraron la paga extra de julio. Llegamos a estar ocho meses sin percibir el salario y nueve años sin la paga extra”, relata Esther. Recuerda que veían los camiones salir repletos de pedidos y la fábrica funcionando normalmente. “Les dije a mis compañeras: De eso nada, aquí no se trabaja más si no cobramos”, dice Nieves Lusquiños.

Las manifestaciones

Comenzaron entonces los paros laborales y las movilizaciones en la calle. Estas dos mujeres recuerdan el viaje a Madrid para protestar ante el INI (“llenamos tres autobuses los de Pontesa y otros tantos los de la fábrica de Álvarez en Vigo; dice Esther), las noches que durmieron en el suelo en Santiago para llamar la atención de los gobernantes de la Xunta, los 21 días acampadas en el Concello de Vigo antes de ser desalojadas, las manifestaciones en Arcade, cuando consiguieron detener un tren, su intento de paralizar la actividad en el aeropuerto de Peinador...

“Nos daban malleiras muy grandes, una vez vinieron los antidisturbios de Lugo"

decoration

" Nos pegaban con porras, nos lanzaban pelotas de goma con gas lacrimógeno, pero no nos apaciguábamos porque estábamos luchando por el pan de nuestros hijos. Ya estábamos unidas, hasta la gente que estaba concienciada con lo que decían los altos cargos había perdido el miedo”, comenta Esther García.

Un fotograma del film que recrea el trabajo agrícola que también realizaban las protagonistas de la historia.

La Penuria económica

La penuria económica que pasaron las familias durante esa época les viene a la mente con rabia y tristeza a estas dos trabajadoras, si bien Nieves dice que a ella no le afectó tanto porque estaba soltera y vivía con sus padres y Esther tuvo la “suerte” de que su marido trabajara en otra empresa. “Fue una penuria muy grande, había matrimonios que trabajaban los dos en Pontesa y no podían ni pagarse un café. Hubo muchos lloros y discusiones en las casas. Cuando falta el dinero también se va la salud”, dice Esther García.

En el año 2001 Pontesa la fábrica cierra y deja sin empleo a sus trabajadoras. “Nadie se alarma porque tengan que volver a sus casas, es como si la sociedad quisiera volver a recluirlas, apunta Margarita Ledo. Pero tantos años de lucha por su dignidad e independencia no tenían viaje de retorno. Nieves, que entonces tenía 47 años, no tardó en encontrar trabajo en un almacén de cereales. Esther, con 45 años, estuvo año y medio cobrando el paro pues ya había percibido seis meses de prestación por desempleo en los paros intermitentes anteriores. “Me volví loca porque hacía falta el dinero y estaba acostumbrada a trabajar”, relata. Finalmente consiguió empleo como ayudante de cocina en Pazo Torres de Agrelo, donde trabajó siete años .

“Fue una maravilla, los jefes siempre fueron muy amables y hasta me pidieron que volviese cuando me operé de la columna. Dije que no porque en un trabajo hay que darlo todo y yo no estaba en condiciones”.

decoration

El proceso judicial

Tras la desaparición del Grupo de Empresas Álvarez, los trabajadores pasan a ser propietarios de los terrenos que la compañía tenía en la parroquia viguesa de Cabral en compensación por las indemnizaciones que le correspondían por rescisión de contratos. Ceden los terrenos a la Inmobiliaria Subel, que incumple los acuerdos pactados y le reclaman 2,5 millones de euros.

El proceso judicial comienza en Vigo, en cuyos juzgados la empresa llega a depositar 3,2 millones de euros que luego retira y la demanda se traslada a A Coruña, donde tiene la sede social la compañía demandada. El último de los juicios se celebró el 28 de enero de 2020 en el juzgado de primera instancia de esa ciudad y la sentencia, del pasado 26 de octubre, es desfavorable a los intereses de las antiguas trabajadoras de Pontesa. Ahora les queda recurrir a la Audiencia Provincial de A Coruña y agotar el procedimiento judicial.

“Muchas de las que lucharon ya no van a ver la sentencia porque se han ido quedando por el camino”

decoration

El último fallo judicial sentó como un jarro de agua fría a las demandantes. “Muchas de las que lucharon ya no van a ver la sentencia porque se han ido quedando por el camino”, declara Esther García, que junto con Nieves Lusquiños es una de las once afiliadas a la CIG que continúa yendo a todo cuanto acto se celebre sobre su causa. “Algunas ya se cansaron de ir a todas las reuniones, otras dicen que tiene que cuidar a sus nietos,... pero a los juicios sí van, al último en A Coruña fuimos unas sesenta”.

De estas dos décadas en que la justicia aún no les ha dado la razón, lamentan el traslado de su caso a la ciudad herculina, pues piensan que “en Vigo serían más sensibles”. Tienen escasas esperanzas de ver que se haga justicia, “eso que yo soy muy positiva”, dice Nieves, y temen lo peor. “Si perdemos, aun encima tendremos que pagar las costas, que solo serán unos 50 euros por persona, pero va a ser muy duro”, comenta Esther.

La película

Margarita Ledo conoció la historia de estas mujeres de manera casual en unos vídeos que encontró en el Concello de Pontevedra y comenzó su búsqueda. “A la primera que encontré fue a Nieves, que estaba trabajando la huerta en la aldea donde vive. Me puso en contacto con sus compañeras y se fue convirtiendo en mi protagonista. Actúa uniendo a todas las mujeres, es independiente, soltera y tiene en su vida algo que buscamos mucho en el cine de mirada femenina, que es trabajar en espacios públicos y en actividades catalogadas como masculinas. Hace muros, lía cigarros, tiene unas características características fascinantes”, explica Margarita Ledo.

La cineasta Margarita Ledo, directora de “Nación”. Xoán Álvarez

A la cineasta gallega le interesaba mostrar en su película la incorporación de la mujer al trabajo industrial, por eso recuperó archivos de La Artística, antigua fábrica de Vigo que producía latas para las conserveras. Combina en su cinta material documental con imágenes actuales, testimonios de cinco de estas mujeres a las que seleccionó teniendo en cuenta sus diferentes personalidades, y representaciones realizadas por las actrices Mónica Caamaño y Xoana Pintos.

El título del film , “Nación”, representa a la sociedad y muestra “lo mucho que nos costó a las mujeres ser sociedad, ser reconocidas, votar, tener trabajo e independencia, derechos que se están perdiendo”, manifiesta Margarita Ledo, la octava mujer en formar parte de la Real Academia Galega.

TRAILER_NACION_1998x1080_VO Subtítulos Español from Nóscinema on Vimeo.

Parte del rodaje se realizó en las fábricas de cerámica actuales Arcadia y O Castro, pero también en las ruinas de Pontesa. “Cuando entramos a grabar en la factoría, las cinco mujeres se transforman al ver las ruinas y sus taquillas en desuso, mudan su tono, se vuelven más agresivas y representan lo que sienten en ese momento”, explica Margarita Ledo, quien antes de empezar a grabar escogió a las mujeres en una previa al juicio que se celebró en enero, cuando estaban rematando el rodaje y al que pudieron acceder con cámaras. 

La idea original de “Nación” viene respaldada por el premio Luísa Villalta de la Deputación da Coruña y figura entre los proyectos escogidos por Agadic para su línea de ayudas a la producción audiovisual. El film de no ficción, producido por Nós y con banda sonora de Mercedes Peón, arranca con la imagen de una esfinge antripatriarcal y unos versos de Eva Veiga sobre apagar la oscuridad que evocan la historia de unas mujeres que se negaron a ser invisibles.

Tras estrenarse en Sevilla esta semana, se proyectará esta semana en Galicia, en el  certamen Cineuropa en Santiago los días 18 y 19 y en el Teatro Principal de Pontevedra el viernes 20, donde realizará una presentación a la que acudirán las protagonistas.

Compartir el artículo

stats