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El último gallego de la División Azul

La accidentada repatriación desde Rusia de los restos mortales del cabo José Ramón García Espina: su entierro en Ribadeo se ha visto aplazado por las elecciones generales y porlos sucesivos confinamientos de la pandemia

Combatientesde la División Azulen el frente ruso FdV

“Seguimos sin poder enterrarlo porque Madrid está cerrado otra vez. Teníamos pensado darle sepultura por fin esta semana, el día de Difuntos, pero tampoco ha sido posible. Con lo que tardó en llegar a España, y ahora no podemos traerlo a Galicia”

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Casi ochenta años después, la familia del cabo José Ramón García Espina, fallecido en combate con la División Azul en el frente ruso, sigue esperando la ocasión de dar sepultura a sus restos mortales en el cementerio de su localidad natal de Ribadeo. La repatriación ya se había visto retrasada por la celebración de las elecciones generales del pasado año y por el confinamiento de la pandemia, y ahora se demora su entierro porque la caja con sus restos no puede salir de Madrid debido a las medidas sanitarias adoptadas en esa comunidad autónoma. 

El gallego García Espina es uno de los cinco combatientes de la División Azul que fueron repatriados desde Rusia el pasado mes de agosto. “Los cuerpos tenían que haber venido a España en septiembre del año pasado, pero no vinieron para no interferir en la campaña de las elecciones generales de noviembre. Después de las elecciones ya podían venir, pero resulta que llegó el coronavirus y se paralizó todo”, explica Gloria Meira, sobrina de José Ramón García Espina.

García Espina con el uniforme de la División Azul

García Espina con el uniforme de la División Azul

José Ramón había nacido en Ribadeo el 8 de mayo de 1915. La guerra civil le sorprendió en Valencia, a donde se había trasladado para estudiar Ciencias Químicas. “Se alistó a la División Azul al terminar la carrera, entre otros motivos porque se decía que a su vuelta tenían asegurado un puesto de trabajo”, señala Gloria.

“Mi madre, Encarna, no guarda demasiados recuerdos de su hermano, porque ella, que acaba de cumplir 90 años, era apenas una niña cuando él se alistó en la División Azul, pues tenía quince años menos que él”

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Formada por voluntarios y militares españoles, la División Azul fue una división de infantería, integrada en el Ejército de la Alemania nazi, que combatió contra la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. El joven químico García Espina, uno de los cerca de 1.500 voluntarios gallegos de esa división, sirvió en el II Batallón del Regimiento de Infantería 263. Murió en combate en el cerco de Leningrado el 28 de mayo de 1943 y fue enterrado primero en el cementerio de Sluzk, fila K, fosa 22. Posteriormente fue trasladado al cementerio de Novgorod, Bloque 3, Fila 31, tumba número 1584. Los cinco combatientes que ya descansan en España pudieron ser identificados gracias a una curiosa práctica de sus compañeros: inhumar a su lado una botella de cristal con su documentación.

“El único cementerio desde el que las autoridades rusas permiten repatriaciones es el de Novgorod, según nos dijeron desde el Ministerio de Defensa”, explica Gloria. En cuanto a la fecha de su muerte, la familia tenía la del 19 de mayo de 1943, que es la que aparece en la esquela de aniversario, pero a Defensa le consta la del 28 de mayo.

En el cementerio de Novgorod

En el cementerio de Pankovka, en Novgorod (190 kilómetros al sureste de San Petersburgo), se encuentra los restos mortales de miles de alemanes muertos en la guerra y también los de combatientes españoles caídos en combate. Desde 1997, en el recinto hay una zona reservada para los miembros de la División Azul. El camposanto es atendido y conservado gracias al trabajo de la Fundación Indortes.

Esquela en el primer aniversario de la muerte de García Espina. Cedida

Los restos de García Espina llegaron a Madrid, vía Estambul, el 27 de agosto “y a nosotros nos los entregaron unos días después en un acto celebrado en el cuartel Infante don Juan; por culpa de la pandemia solo pudieron asistir cinco familiares por fallecido”, explica Gloria Meira, que reside en Ribadeo con su madre Encarna. La entrega de los restos a los familiares se suele desarrollar en un acto sencillo. Simplemente se les pone encima una bandera de España, acuden mandos militares y los familiares, y se hace entrega del féretro.

Los cuerpos se han podido identificar gracias a la costumbre de sus compañerosde inhumar a su lado una botella conla documentaciónde los caídos

En esta ocasión,  junto con los restos de García Espina, en la ceremonia se entregaron los cuerpos de otros cuatro combatientes: Francisco Redondo García, Esteban Heredero, José Alemany y Lázaro Garrido Vergara. Aunque la mayoría eran voluntarios, los españoles que se alistaron en la División Azul pasaron a ser militares. De ahí que, como ocurre en países, el Ministerio de Defensa intervenga para repatriar a sus caídos en el extranjero.

La tumbade uno de los fallecidos enel frente ruso. FdV

“Ahora –añade su sobrina– la caja con sus restos está en casa de mi hermana, en Madrid. Teníamos previsto enterrarlo en Ribadeo en octubre, aprovechando el puente del Pilar, pero se produjo el cierre de la capital por la pandemia y no fue posible traerlo a Galicia. Y ahora se ha vuelto a cerrar Madrid y seguimos sin poder traerlo”. En 2018 ya se habían repatriado otros cuatro combatientes de la División Azul, dos capitanes, un sargento y un soldado.

“Fue entonces cuando se enteró mi madre y empezó a realizar las gestiones para repatriar a su hermano. Pero claro, se complicó todo por la pandemia del coronavirus”

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Entre las condiciones que puso a la familia el Ministerio de Defensa estaba la de contar con el justificante de un lugar donde enterrarlo. El entierro de José Ramón García Espina en un nicho del cementerio Ribadeo será en la más estricta intimidad, y posteriormente se celebrará un funeral por su alma.

En los últimos quince años se han producido casi una treintena de repatriaciones de cuerpos de miembros de la División Azul recuperados en Rusia.

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Casi 5.000 muertos

Se calcula en torno a 1.500 el número de gallegos que se alistaron en la División Azul, una fuerza de choque constituida por iniciativa de Falange Española (de ahí lo de Azul) y el apoyo de los oficiales más jóvenes e idealistas del régimen de Franco. En total formaron parte de la División Azul unos 50.000 voluntarios, que se presentaron en tres oleadas de alistamientos (1941, 1942 y 1943). El balance de víctimas fue dramático: casi 5.000 muertos y 8.700 heridos.

Casi 5.000 muertos y 8.700 heridos.

Algo que pocos podían imaginar cuando, el 14 de julio de 1941, partían de Madrid, despedidos en olor de multitudes, los primeros trenes que trasladaban al frente a los 18.000 divisionarios iniciales camino de la primera línea del frente ruso. “La División Azul que marcha a luchar contra el comunismo”, titulaba la primera página de Faro de Vigo del 15 de julio de 1941. Después vendrían las duras condiciones con que se encontraron los voluntarios en Rusia, con temperaturas de 25 grados bajo cero.

Los voluntarios españoles que sobrevivieron a aquella dura campaña en Rusia no tuvieron tampoco el reconocimiento que esperaban. Alemania perdió la guerra y su extraña condición de “vencedores vencidos” les hizo pasar en un breve período de tiempo de “héroes nacionales” a combatientes silenciados por la Historia oficial.

Cada año, en dos campañas de exhumaciones que se llevan a cabo durante los meses con menos nieve y hielo en Rusia, se suelen recuperar varios cuerpos de españoles caídos en combate que no pudieron ser repatriados en medio de la guerra y que terminaron siendo bien enterrados en algún cementerio de la zona, o simplemente sepultados en una fosa común.

 

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