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Mujeres fuera de serie

La colorista de Atlántica

Menchu Lamas en una de las grandes referentes del arte gallego dentro y fuera de nuestras fronteras. Fue cofundadora del Colectivo da Imaxey los movimientos Rompente y Atlántica, imprescindibles en la Galicia contemporánea

La pintora Menchu Lamas, con una de sus obras

La pintora Menchu Lamas, con una de sus obras

La infancia de Menchu fue un dibujo repleto de contrastes entre Vigo y Venezuela. La pintora, una de las más reconocidas de Galicia en el panorama internacional, nació en Vigo en 1954 y, a los 18 meses, emigró junto a sus padres, naturales de Gomesende (Ourense), a Venezuela. La pequeña residió en Caracas hasta los 8 años y, a pesar de su corta edad, tiene grabados en su memoria “momentos de revueltas sociales y también la expresividad colorista de las fiestas y carnavales. Siempre era buen momento para arrojar recipientes repletos de colores intensos por las calles”. El contraste al volver a Galicia fue enorme: “Todo me sorprendía en el paisaje, los animales y la gente en la aldea. Recuerdo los ojos azules de mi abuela, sus manos rojas y el cuerpo cubierto de negro luto. La diferencia entre el desarrollo que había en Venezuela en aquel tiempo y el de aquí era abismal”, apunta.

La familia se instaló en Noval, un pequeño pueblo en la zona de Cortegada, y a los dos años se mudaron a Vigo, al barrio del Calvario. Allí, la niña acudió a diversas academias de enseñanza y luego a un colegio de monjas donde cursó el bachillerato. Menchu se saltaba muchas clases porque, asegura, le atraía más “la naturaleza de la ría de Vigo, el mar, las playas y jugar en la calle”.

También dibujaba. “De niña me gustaba crear aventuras de cómics y reinterpretar las viñetas gráficas escuchando música al mismo tiempo. Después, en la adolescencia, me interesé más por la fotografía y el cine: era capaz de verme dos sesiones dobles seguidas”, relata, al tiempo que agradece que sus padres siempre le apoyaron para que se dedicara a lo que realmente le gustase.

Fue durante el último año de escuela, el llamado COU, cuando conoció en los Maristas a Antón Patiño, quien sería más tarde su compañero de vida y oficio, y a Alberto Avendaño, junto a los que creó la revista cultural Cousas.

La joven pareja se instaló en Madrid. Menchu quería estudiar Fotografía y se matriculó en una escuela privada, la primera de España, donde coincidió con Cristina García Rodero. “Éramos un grupo muy pequeño formado por cinco alumnos, tres chicos, Cristina y yo”, dice Lamas. Mientras tanto, Antón cursaba Bellas Artes.

“En Madrid coincidimos un grupo de amigos procedentes de Galicia con los que realizamos diversas actividades de diseño gráfico en portadas de libros y carteles”, relata la artista. Menchu y Antón formaron el llamado Colectivo da Imaxe junto a Carlos X. Berride y Jorge Agra. También gestaron con Xosé Manuel, Lois Pereiro, el escritor Manuel Rivas y otros la revista Loia, “una publicación humilde, hecha con fotocopias, pero que fue culturalmente muy interesante, como expresión de una nueva generación”, describe la artista.

Menchu Lamas con la medalla de la Real Academia de Bellas Artes. L. Fariña

Eran los años del fin de la dictadura y Menchu participaba activamente en las movilizaciones de estudiantes a favor de la libertad y la amnistía de los presos políticos. Se integró en la APG (Asamblea Popular Galega) mientras pintaba, dibujaba y hacía trabajos de poesía visual.

En “Princesa 76”, muestra de pintura al aire libre que organizó en Vigo Patiño, se juntaron artistas que luego tendrían un significativo papel en la formación de Atlántica. En esta exposición se encontraban los trabajos iniciales de Menchu y Antón, además de los de Lamazares, Freixanes, Moldes y Guillermo Monroy, entre otros. Fue la primera ocasión en que Menchu mostró en público sus obras: se trataba de dos piezas suspendidas en el aire y realizadas con recortes de poliuretano blanco y con líneas y grafismos de intensos colores puros.

Menchu era la excepción en un momento en el que había muy pocas mujeres en estos colectivos artísticos.

“Todavía estábamos al inicio de poder mostrar el trabajo de las mujeres. Pero yo no me planteaba que era la única; sólo que tenía que estar allí”

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En 1979 regresó a Vigo y se casó con Antón Patiño. Con su base en Alcabre, en un precioso ático con impresionantes vistas a la Ría, la pareja viajaba a menudo por Francia y Alemania y realizaba una intensa actividad en colaboración con el grupo Rompente, donde la pauta era la experimentación incesante. El último espectáculo del grupo contó con un mural de grandes dimensiones realizado entre Menchu Lamas, Ánxel Huete, Guillermo Monroy y Antón Patiño, que serán después los artistas fundadores de Atlántica. Estos cuatro artistas realizaron en 1980 un viaje a Nueva York. Esta travesía, junto con experiencias compartidas anteriores, generó un clima de inquietud y efervescencia creativa sin precedentes. “A nuestro regreso vimos la necesidad de crear un revulsivo a un panorama artístico paralizado”, recuerda Lamas. El resultado fue la muestra inaugural de Atlántica, en Baiona.

Menchu Lamas ante una obra suya de 1980. FdV

“Fue un punto de encuentro con un desarrollo global y muchas actividades paralelas de literatura, arquitectura, música... En Vigo desbordaba la creatividad: poesía con el Grupo Rompente, música con Enrique X. Macías y grupos como Siniestro Total, Golpes Bajos y Os Resentidos”, resume la artista, orgullosa de haber formado parte de ese momento histórico.

"Creo que la mujer sostiene ele mundo. Hay un vínculo que guarda el secreto del equilibrio"

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Vivir en la misma casa con otro artista nunca fue un problema para Menchu y Antón. “Es interesante la convivencia, poder compartir los diferentes proyectos… siempre y cuando no haya interferencias a la hora de desarrollarlos”, advierte. De hecho, aunque en Madrid cada uno tiene su propio estudio, las temporadas que residen en Vigo comparten el mismo espacio en armonía.

Y han sido capaces de compaginar con éxito la creatividad y el desarrollo del trabajo artístico con el fluir de la vida cotidiana. Pronto nacieron las dos grandes obras de la pareja: sus hijos, Lois y Cora. “Nunca me planteé que la maternidad fuera a frenar mi carrera o a limitarme; nos apetecía ser padres y compartimos desde el principio las tareas para que ambos pudiéramos seguir con nuestros trabajos”, indica la pintora.

Un hogar en el que el arte se cuela hasta en el último rincón tuvo necesariamente que influir en el desarrollo de una sensibilidad especial en sus hijos. De hecho, Lois es uno de los grandes baluartes del cine de vanguardia con obras como “Lúa Vermella” y “Costa da Morte”, premiadas en prestigiosos festivales, y Cora, la pequeña, estudió Historia del Arte y ha trabajado también en proyectos audiovisuales y comisariado exposiciones.

“De una forma inconsciente es posible que la observación de nuestra forma de vida, el compromiso con el arte y la búsqueda de libertad les influyera”

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La obra de Menchu se ha expuesto por todo el mundo y ha contribuido a proyectar nuestra cultura plástica internacionalmente. Entre sus premios destacan el Cultura Galega das Artes (2010) y el de Viguesa Distinguida (2016).

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Vigueses Distinguidos 2016 | Vigo reconoce a sus personalidades

En el año 2018 la pintora ingresó en la Real Academia Gallega de Bellas Artes, siendo la quinta mujer en pertenecer a esta institución “¡Me parecía increíble que fuéramos tan pocas! Las mujeres tenemos que acceder al espacio público y mostrar nuestros puntos de vista. Cuesta mucho dar cada paso y no puede haber retrocesos”, advierte Lamas.

La pintora lamenta que aún hoy en día “aunque hay un alto porcentaje de mujeres en las exposiciones colectivas, en las individuales sigue siendo muy bajo”. “Creo que la mujer sostiene el mundo. Hay un vínculo que guarda el secreto del equilibrio. Un cierto rastro del origen”, concluye. Menuda, sonriente. Grande.

Las pioneras: Maruja Mallo, la libertad insobornable

 Maruja Mallo (Viveiro, 1902-Madrid, 1995) es la más reconocida de las artistas de la generación del 27 dentro de la llamada vanguardia interior española.

En 1922, con veinte años, se trasladó a Madrid y comenzó a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde entabló una gran amistad con Salvador Dalí, pero acabó abandonando la escuela por su encorsetado sistema.

Maruja Mallo

En Madrid se relacionó con artistas, escritores y cineastas como Concha Méndez, Ernesto Giménez Caballero, Federico García Lorca, Luis Buñuel, María Zambrano y Rafael Alberti, con el que mantuvo una relación.

En 1932 obtuvo una beca para ir a París, donde comenzó su etapa surrealista y su pintura alcanzó una gran maestría.

Al estallar la Guerra Civil, Mallo huyó a Portugal y poco después a Buenos Aires, donde recibió un rápido reconocimiento. Finalmente regresó a España en 1962 y se instaló en Madrid. Allí volvió a trabajar activamente y falleció a los 93 años.

Retrato de hombre con escala de colores. // G. Osma G. Osma

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