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Con su Crohn a cuestas, pedaleando por Galicia

Víctor Loira, a su paso por Pontevedra. Gustavo Santos

Víctor Loira, a su paso por Pontevedra. Gustavo Santos

Será porque uno lleva más de veinte años esculpiendo (o escupiendo) palabras para agitar esta columna los domingos y, cuando llega la Navidad, tiene tema seguro para ella. Será porque uno es un sentimental y por estas fechas le gusta hacer un tránsito interior en un ejercicio hercúleo de memoria para traer al presente, empujado por los vientos de la nostalgia, cómo eran o cuánto sentíamos en aquellas fiestas navideñas de la infancia, cuando España era pobre y gracias a Dios, Dios existía en nuestras conciencias. El caso es que cada año nos gusta dedicar la Navidad a alguien y, por supuesto, por mí no va a ser en éste a toda ese malevaje del independentismo troglodítico, ya masa desbocada, que nos la está agriando con sus lloriqueos victimistas de parbulario, con sus idas y venidas por ese páramo, esa ínsula Barataria en la que anidan, uncidos al yugo de lazos amarillos. No, a ellos ni agua, pero a mí me dio mi amiga Gloria Rodríguez, hija de mi colega Gerardo Rodríguez, un apunte. Ella, metida en labores de voluntariado con su familia, labores que también le tocan por su trabajo en la Obra Social de Afundación, ha escogido como protagonista para felicitar estas fiestas a una familia que es, para ella y ahora para mí, un ejemplo de superación.

Los conoció compartiendo proyectos de voluntariado y aprendió y aprende -dice ella- en cada momento vivido con ellos. ¿Quiénes son estos a los que dedicamos nuestras felicitaciones con la esperanza de que su actitud ante la vida sirva de ejemplo? Pues esa familia gallega que en 2019 asumió un reto común: dar la vuelta a Galicia, 1.320 kilómetros, en 17 días. Víctor Loira, diagnosticado de Crohn, hizo el recorrido en bicicleta y patinete, un reto difícil en sus condiciones físicas con el que quería ayudar a visibilizar las necesidades que tienen quienes están en su situación. En su equipo de apoyo estaban muchos amigos, Tita García, su mujer, y sus hijos Cintia y Aarón. Su historia se recoge en un documental que me pasó Gloria y yo acabo de ver para concluir como ella que Tita, Cintia y Víctor son de esas personas que te hacen creer en los seres humanos. Me cuenta Gloria que Tita convive con el ELA desde hace 5 años, Víctor con el Crohn desde 2002 y su hija Cintia, fiel compañera en todos sus retos de vida, ha decidido estudiar enfermería. Ella no entiende cuando la gente se fija en su familia y piensa "pobres, todo lo que les ha tocado", porque para Cintia "hay que saber llevar lo que te viene, quedándote en casa o estando deprimido no haces nada". Por eso Tita, ante su diagnóstico, solo ve el día a día y dice que "mientras yo me vaya encontrando bien para mí no valen las estadísticas. Qué le vas a hacer si estás enfermo. Nosotros estamos vivos igual". Que ejemplo para el resto de nosotros, humanos, siempre al borde de cualquier enfermedad que inesperadamentete cambia la vida.

No me digáis que no es una historia de superación esta que Víctor Loira resume en tres consejos: "De cosas pequeñas, hay que hacer cosas grandes; de pequeños proyectos, grandes proyectos y de enfermedades malas, hacer días buenos". Opina Gloria, y yo la secundo, que la historia de esta familia habla de lo importante que es recorrer nuestro camino de vida acompañados. Con su bolsa de paciente de Crohn ostomizado a cuestas, en patinete o bicicleta, él superó la dura prueba que se había marcado para visibilizar el problema de quienes tienen estas enfermedades.

Mientras masas hipnotizadas y bailaoras de sardana predican estas Navidades la desunión, la ruptura de la solidaridad económica con la instalación de una Repúbliqueta de malandrines que sueñan con El Dorado, gentes como Víctor y los suyos hablan de los verdaderos problemas por los que hay que luchar, que no solo son la igualdad social, la ayuda a los desfavorecidos, el trabajo o la unidad entre las gentes; también la ejemplar actitud ante la enfermedad, la de Chron él y la del ELA ella, el espíritu positivo cada día , la lucha por visibilizar el problema y reivindicar su tratamiento ante las instancias oportunas. Estos sí que merecen nuestra felicitación navideña y no otros que pelean ahí en el Nordeste de España por privilegios y no identidades tribals, fundados no en el aprecio al otro como esta familia, sino en el desprecio.

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