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Los nuevos cultivos del campo gallego

El suelo y el clima de Galicia permiten la introducción de plantaciones que nada tienen que ver con las tradicionales. Entre ellas, el alimento de moda: el aguacate

Plantación de aguacate en Tomiño, en la comarca del Baixo Miño, también conocida como trópico gallego.

Plantación de aguacate en Tomiño, en la comarca del Baixo Miño, también conocida como trópico gallego.

“El suelo y el clima que tenemos en Galicia nos permiten ampliar los cultivos. No hace tanto frío como para que se mueran ni tanto calor como para llevar a cabo grandes producciones”, dice Carmen Salinero, directora de la Estación Fitopatológica de Areeiro (Pontevedra), unidad biológica asociada al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El campo gallego ya no es un perfecto desconocido para los denominados nuevos cultivos. Lo era hasta hace bien poco, cuando la labranza tenía fijación exclusiva por la producción de alimentos tradicionales, fácilmente enumerables. Casi tanto como la alineación titular de un equipo de fútbol: la lechuga, el maíz, la patata, el tomate, el pimiento, la calabaza, el grelo, el repollo, la uva, el pepino y la acelga. Además, cabe citar también a otros como la espinaca, la berenjena, el puerro, la castaña, el brócoli o el calabacín.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, el terreno gallego ofrece un abanico de posibilidades. Es un auténtico filón, un destino atractivo para nuevos manjares venidos de todas partes del mundo. Así, ahora surgen diferentes iniciativas para el cultivo de oliva, manzana para la sidra, lúpulo, sorgo, girasol para forraje, arándano, frambuesa, té o pistacho, entre otros. Eso sí, la última moda apunta a los frutos subtropicales, capitaneados por el “oro verde”: el aguacate. Por cierto, un primo lejano suyo, el kiwi, una fruta que ahora casi se considera como propia, abrió el camino hace justo 50 años. Como curiosidad: al mismo tiempo que el hombre pisó por primera vez la luna en 1969, el kiwi aterrizó en los huertos gallegos. Hoy, sin ir más lejos, Galicia lidera su producción nacional. Aunque, al respecto, biólogos gallegos avisan: “Nos hemos quedado estancados desde hace 30 años; se cultiva prácticamente en la misma superficie”.

"En todas las zonas de Galicia, y más en el sur, se pueden cultivar perfectamente este tipo de plantas"

Carmen Salinero - Directora de la Estación Fitopatológica de Areeiro (Pontevedra)

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Carmen Salinero

La primera y única plantación de aguacate que hubo durante muchos años en el norte de España se dio en la Estación Fitopatológica de Areeiro. A principios de la década de 1980 ya había una finca de dos hectáreas con las variedades Hass, Fuerte y Bacon, tres de las más abundantes, traídas de Almería, aunque hay al menos quince. El cultivo produjo bien salvo un único año, cuando se quemó por una helada. Desde entonces, el centro también trabaja con frambuesa y grosella. “En todas las zonas de Galicia, y más en el sur, en la provincia de Pontevedra, se pueden cultivar perfectamente este tipo de plantas. No crecen tanto como en otros sitios, pero producen y no se mueren”, pronuncia Salinero. El aguacate empieza a sufrir daños cuando la temperatura roza los cero grados. No obstante, el frío puede combatirse con sistemas antiheladas por riego, como sucede con el kiwi.

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Los nuevos cultivos del campo gallego CULTIVOS MIÑOTOS

En la actualidad, la mayor plantación de aguacate del sur de Galicia se encuentra en Tomiño, en la comarca del Baixo Miño, el trópico gallego, donde es un clásico que en cada casa haya un aguacatero. Aquí, desde 2015, Cultivos Miñotos cuenta con 750 árboles distribuidos en dos hectáreas (además de otras 15 de manzana para sidra), aunque en el futuro su ambición es disponer de bastantes más. Su floración tiene lugar en el mes de marzo, y el fruto empieza a recolectarse a partir de febrero del año siguiente. “En 2019 recogimos 1.500 kilos, pero tienen que ser entre 20 y 40 mil cuando los aguacateros estén en plena producción, a partir de los ocho años”, cuenta Antonio Tartaglione, su administrador. “El clima es perfecto. Tenemos temperatura, suficiente agua… Una vez que el árbol arranca, no hay ningún problema. Pienso que dentro de poco va a proliferar la plantación de subtropicales en el sur de Galicia”, añade él mismo.

Recolecta de aguacates CULTIVOS MIÑOTOS

Según la Organización Mundial de Aguacate (WAO), en 2018 se comieron 74 millones de kilos en nuestro país (19 más que el anterior). De hecho, junto a otros frutos tropicales, como el plátano, el kiwi, la piña o la chirimoya, es la segunda categoría más comprada en España; solo por detrás de los cítricos y por delante de las frutas de pepita (uva, manzana y pera), según el último informe de consumo alimentario elaborado por el Ministerio de Agricultura. Además, si México es la capital mundial del aguacate, España, con epicentro en Málaga, es la cuna europea y principal país productor del viejo continente. Por ello, y sin ir más lejos, ahora tratan de copiar su éxito en lugares como Portugal, Italia y Grecia.

EL PRECIO DEL AGUACATE: "ORO VERDE"

No obstante, la demanda sigue siendo mayor que la oferta. Mayor que la producción propia, concretamente. En 2018, en Europa se tomaron 650 millones de kilos de aguacate, de los cuales alrededor de 61 se cosecharon en España. Esta circunstancia demanda producto proveniente de Sudamérica y la importación es uno de los motivos que, obviamente, incrementan los precios. No es para nada extraño encontrarse en el mercado el precio del kilo de aguacate en torno a los seis euros, cuando una sola unidad de la variedad Hass –la más frecuente en la fruterías– pesa entre 150 y 300 gramos. Se ha ganado con justicia el apelativo de “oro verde”. “Es muy caro, pero como lo fue el kiwi. Había mucha más demanda que oferta, pero llegó un momento en que empezó a producirse bastante y el precio bajó. Ocurrió con el paraguayo, una fruta española que adoptaron en Italia hace diez años y ahora tiene un precio normal y estable. Igual que el melocotón, el albaricoque o el peladillo, que normalmente eran frutas más caras y escasas. En todas las fruterías hay paraguayos, cuando hace ocho años no había casi. En cuanto empezó a diversificarse el precio se igualó. Con el aguacate puede pasar algo similar”, explica Salinero.

"Además del 'oro verde', otros frutos subtropicales como la feijoa, el maracuyá y la guayaba se adaptan perfectamente al ecosistema gallego"

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Aun así, pese a que su precio pueda parecer excesivo y hasta prohibitivo en algunos casos, inaccesible en otros, existen múltiples razones para que su consumo sea globalizado, en detrimento de los fiambres ultraprocesados. En forma de guacamole, ensalada, crema de verdura, cebiche, salpicón, tosta… “Tiene grasas saludables. Ayuda a controlar el apetito y a reducir los niveles de colesterol y masa corporal. Cuenta con antioxidantes que retrasan el envejecimiento prematuro de todas las células del cuerpo y contrarrestan los efectos del estrés. Además, el ácido fólico favorece a la fertilidad y es muy interesante para las mujeres que quieren quedarse embarazadas”, analiza la nutricionista Amil Viéitez. “Lo sitúo en el centro de la pirámide alimenticia, con el aceite de oliva, en el corazón de la dieta mediterránea. Es más calórico que el resto de frutas y en exceso engordaríamos, pero un consumo moderado tiene todos los beneficios. Todos los frutos subtropicales comparten un mismo beneficio común: la presencia de antioxidantes, pero el aguacate tiene composición más potente”, completa.

De todos los frutos subtropicales el aguacate es el que mejor se adapta al campo gallego, pero la feijoa, el maracuyá (o pasionaria), y la guayaba también tienen buena aclimatación. Asimismo, la papaya también puede darse en algunas zonas. En Cultivos Miñotos tienen “ganas” de seguir innovando con mango y chirimoya. Creen que “sería posible”, pero tanto el uno como la otra son bastante más delicados. “El mango no es una fruta de cultivo sencillo, porque su polinización es muy complicada. En este caso, la planta se muere ya a la temperatura de cinco grados. Hasta en Tenerife tienen problemas. Por su parte, la chirimoya en España solo se da en una zona muy concreta de Málaga, por culpa del frío. El aguacate, por ejemplo, se puede secar por el mismo motivo, pero vuelve a brotar”, aclara Salinero.

Otros cultivos

  • Arándano

    En Cercido, A Coruña, está la mayor plantación de arándanos del norte de España. Sin ir más lejos, la empresa Hortacina cultiva en una finca nada menos que 82 hectáreas. Sus responsables destacan las buenas condiciones del terreno gallego para el cultivo de este tipo de fruto silvestre. Por ello prevén que el sembrado produzca 1,2 millones de kilos al año.

  • Frambuesa

    Los comuneros de Couso (Gondomar) destinaron 1,6 ha de monte a la cosecha de diferentes variedades de frutos del bosque. La plantación, a pleno rendimiento, producirá en torno a 6.400 kg de frambuesas y 3.600 de arándanos. Para entonces esperan un rédito económico anual de 40.000 €/brutos, cifra muy superior a la tradicional venta de madera. Comenzaron en 2015.

  • Lúpulo

    La corporación Hijos de Rivera es la principal culpable de la recuperación del cultivo del lúpulo en Galicia, a partir del año de su centenario (2006). En 2018 se recogieron cerca de 5.500 kg de hasta siete variedades, un 5% más que el año anterior. Por otra parte, y por sexto año consecutivo, se ha cosechado lúpulo ecológico.

  • Manzana para sidra

    Gran parte de la manzana para sidra que se recoge en España proviene de Galicia. Se produce en las cuatro provincias. Aun así, la última cosecha bajó considerablemente respecto al año pasado (8 mill. de kg), debido a la vecería, fenómeno que se da en ciertos árboles frutales: generan una gran producción un año y al siguiente no dan casi fruto.

  • Oliva

    Los miembros de la Asociación de Productores de Aceite y Aceituna de Galicia (APAG), creada en 2014, cuentan ya con más de 75 ha y 90.000 olivos, la mayoría con pocos años de vida. La última cosecha fue de 100.000 kg de aceitunas que sirvieron para la fabricación de aceite gallego. Zonas de Ourense y Lugo cuentan con unas condiciones privilegiadas para su cultivo.

  • Pistacho

    La Fundación para el Desarrollo de Producto Ecológico de Galicia (Precoga) ha iniciado los primeros ensayos de plantaciones de pistacho en una finca de Moreira. La mayoría de las plantas parecen haber prosperado y la humedad local no asemeja ser un verdadero inconveniente para el cultivo de este género perteneciente a la familia de los frutos secos.

  • Sorgo

    El sorgo surge como cultivo alternativo a la sequía y los daños que provocan en el maíz los jabalís. Es lo que ha sucedido en Agolada o Santaballa. Su aspecto es parecido, aunque no tiene mazorca, y es más resistente a las altas temperaturas. Además, en una hectárea pueden colocarse 400.000 semillas (el cuádruple de las demaíz). Sirve para forraje y la elaboración de bebidas alcohólicas.

  • A partir de una variedad de camelias, la firma Orballo, con sede en Oleiros, produce una variedad única de té adaptada a las condiciones de Galicia. La empresa nació en 2012 con una hectárea y actualmente ya destina alrededor de 20. El proyecto todavía lo califican de investigación, pero varios países europeos ya se han interesado por este té pionero.

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