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Una gallega contra el nazismo

Un documental recupera la figura de Placeres Castellanos, quien desempeñó un papel fundamental en el maquis francés

Placeres Castellanos // FARO

Placeres Castellanos // FARO

"Más que un modesto documental, merecería una superproducción cinematográfica, porque su vida fue de esas que dicen de película pero, por encima de todo, y esto sí que en teoría sería fácil de conseguir, que una calle de Vigo llevase una placa con su nombre". Quien así se expresa es Lois Pérez Leira, estudioso de la emigación gallega y del exilio republicano tras la guerra civil, que ya tiene bastante adelantado el rodaje de un documental sobre Placeres Castellanos Pan ( "para mí -asegura- una de las mujeres españolas más importantes de la historia") con testimonios recabados en Galicia, Francia y Argentina.

Nacida en Pontecaldelas el 11 de enero del año 1896, Placeres Castellanos se trasladaría a vivir a Vigo tras casarse con Victor Fraiz, una de las principales figuras de la resistencia republicana gallega contra el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y, desgraciadamente, una de sus primeras víctimas, al igual que su hijo mayor, ambos asesinados en los primeros días de la represión en Vigo.

En la biografía que sobre esta heroica mujer ha escrito Elsa Quintas Alborés se cuenta que "a los pocos días de la caída de la República, Placeres embarcó rumbo al sur de Francia, donde permaneció en campos de internamento". En uno de estos campos conoció a Josef Spirk, un checoslovaco que había sido brigadista durante la Guerra Civil española,quien la puso en contacto con la Resistencia francesa. Placeres se responsabilizó primero de tareas de solidaridad con los presos: "les proporcionaba comida y dinero, portaba mensajes y facilitaba los contactos". El aparato organizativo del maquis le solicitó un maior compromiso, lo que implicaba más responsabilidad y un incremento considerable de los riesgos. Pasó así a ser la guerrillera de enlace de la III Brigada de Guerrilleros (francotiradores) de la FFI (Franc Tireurs de l'Interieur) con el grado de sargento. "Actuar de enlace entre los guerrilleros -refiere Elsa Quintas- no era fácil: había que ser discreta y controlar en todo o momento los nervios. Cuaquier imprudencia podía costarle la vida a ella misma, además de poner en peligro la de sus propios compañeros. Mucho valor y sangre fría había que tener para superar, sin levantar la más mínima sospecha, los numerosos controles que los nazis montaban en la Francia ocupada".

La guerrillera gallega fue testigo de la crueldad de los nazis con la población civil francesa y de como los alemanes torturaron y asesinaron personas por simpatizar con la Resistencia. Placeres portaba comprometedores paquetes, acogía en su casa a guerrilleiros, huidos y militares que desempeñarían un importante papel na contienda internacional.

Su activismo feminista la llevó a representar a Marsella, donde trabajaba como periodista, en el Congreso Internacional de Mujeres que se celebró en París en noviembre de 1945. Allí coincidió con mujeres como Dolores Ibarruri, la Pasionaria, y otras muchas llegadas de todos los continentes, atraídas por la necesidad de intercambiar opiniones sobre los acontecimientos que se estaban desarrollando en el mundo.

Tras la guerra, Placeres Castellanos continuó en activo en su lucha contra el fascismo. En Francia conoció a Pablo Neruda y Rafael Alberti. También trabajó en una organización que se dedicaba a reagrupar a los hijos de los exiliados. En París se reeecontraría con su hijo menor, Manuel, de quien Pérez Leira ha recabado este tesimonio: "Yo era un joven que tenia apenas 17 años cuando mi madre hizo las gestiones para que nos puidésemos encontrar nuevamente. Me trasladé hasta Irún, en el País Vasco, y desde allí un grupo de persoas conseguimos cruzar los Pirineos. Tuvimos que caminar por las montañas toda la noche, hsta que llegamos a Francia. En un lugar de la frontera echamos un par de días hasta que cogimos un tren a París. Allí estaba mi madre esperándome". Durante varios meses Placeres intentó conseguir los documentos para su hijo, con el fin de poder embarcar rumbo a Buenos Aires. En 1949 logran, por fin, pisar Argentina, donde ya se encontraba Celso Fraiz, hermano de su marido. Al llegar se establecería en Marcos Juárez en la provincia de Córdoba, aunque posteriormente lo haría en la capital.

En 1955 regresaría a Vigo, donde vivió hasta el día de fallecimiento, el 25 de junio de 1971. La muerte le sobrevino mientras preparaba su biografía, algunos de cuyos apuntes llegaron a Pérez Leira a través del citado Manuel Fraíz, que aún vive en Argentina.

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