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Ocho siglos de presencia dominica en Galicia

Frailes de la orden de Santo Domingo llegaron a Compostela al año siguiente de su fundación. Su primer convento fue el de Bonaval, que se empezó a contruir entre 1218 y 1219

Galicia, y más concretamente Santiago de Compostela, fue uno de los lugares entre los que Domingo de Guzmán distribuyó a sus primeros discípulos por Europa tras que, el 22 de diciembre de 1216 ,el Papa Honorio III promulgase la bula de confirmación de la Orden de Predicadores, hogaño conocida como la de los dominicos. A esas alturas eran sólo 16 frailes y, el día de la Asunción de la Virgen de 1217, Santo Domingo decide "dispersarlos": cuatro son destinados a España, siete son enviados a París, dos van a Roma y otros se quedan en la casa madre de San Román de Toulouse. Son enviados, en palabras del propio fundador para "estudiar, predicar y fundar conventos".

Da constancia de la temprana presencia de los dominicos en territorio de la actual comunidad autónoma gallega el fraile, escritor e historiador Aureliano Pardo Villar, autor de "Los dominicos en Santiago. Apuntes históricos" (1953), libro en el que, refiriéndose al convento de Santo Domingo de Bonaval, se lee: "Si el convento de Bonaval existía ya, como queda demostrado, en el año 1228, tenemos que concederle unos años años más para su construcción, y sin apurar demasiado el argumento venimos a parar aproximadamente al año 1219 para el comienzo de las obras, que es el consignado por la tradición. Es muy natural, por consiguiente, considerarlo como obra del Santo Fundador, al visitar el sepulcro del Apóstol Santiago o al menos de sus discípulos inmediatos, bajo la inspiración, iniciativa o mandato del venerado Maestro, lo que basta para considerarlo obra suya".

Semeja ya casi totalmente descartado que Domingo de Guzmán hubiese visitado Galicia, al menos después de fundada la orden, aunque pudo haberlo hecho antes. ¿Quiénes pudieron haber sido entonces esos discípulos directos que, siguiendo sus instrucciones, pusieron en marcha la construcción del convento compostelano? Pardo Villar confiesa que sus nombres debieron haberse perdido en los laberintos de la historia, pero cita, en cambio, a algunos de los pioneros dominicos en Galicia y, entre ellos, a Pedro González Telmo (san Telmo), a Fr. Rodrigo (venerado como santo en su sepulcro en la capilla que leva su nombre en la antigua iglesia de San Bartomé de Pontevedra), a Fr. Pedro das Mariñas (fundador del convento de Ribadavia) y a Fr. Miguel González. Todos ellos tuvieron algo que ver con el convento de Santo Domingo de Bonaval.

Lo que sí se sabe es que, al morir Santo Domingo en 1221 ya hay censados 60 conventos y, quince años después se contabilizarán 300. En Galicia, y junto al de Bonaval, en ese mismo siglo XIII se fundan los conventos de Ribadavia, Tui, Lugo, A Coruña, Pontevedra, Viveiro y Ortigueira. Más tarde, en el S.XIV, el de las dominicas de Santiago, Viveiro y Lugo. En el XVI, Betanzos, Baiona y San Saturnino. En el XVII, Monforte y Ourense y, en el XIX, Padrón.

La fundación de la Orden de los Predicadores hay que contextualizarla históricamente dentro de los profundos cambios sociales experimentados entre los siglos XII y XIII, con el paso del feudalismo a una Europa urbana y comercial. En ese período nacieron las primeras universidades (a las que los dominicos dedicarían especial atención), a la par que empezaron a surgir movimientos de renovación en el seno de la Iglesia, como lo era el de Domingo de Guzmán. Entre 1073-1.085, con el Papa Gregorio VII, se inicia la Reforma gregoriana y se celebran cinco Concilios ecuménicos en el plazo de 122 años. El IV Concilio de Letrán (1215) ordena la creación de predicadores diocesanos como auxiliares de los obispos y la creación de escuelas para la formación de los clérigos. "En este caldo de cultivo nacen muchos movimientos populares espontáneos de renovación cristiana, sin formación, y, por tanto, poco fiables. Tiene especial relevancia el movimiento "cátaro o albigense" del sur de Francia", señala Juan Miguel Equiza, ex director del colegio coruñés de los dominicos. "Los cátaros eran una secta surgida en el sur de Francia, venida de Oriente, importada a esa región por los cruzados. Parecían tener buena intención, pero su deseo de pureza les hacía intransigentes y duros: sólo los puros pueden salvarse. Domingo recibe y acoge de los cátaros su deseo de reforma y de vuelta a una vida más evangélica, pero rechaza su doctrina", refiere Equiza

Paradójicamente (o quizás no tanto), la preparación y formación teológica de los dominicos hizo que al fundarse la Inquisición, en 1231, el papa Gregorio IX se fijara en ellos para confiarles su organización, lo que llevaron adelante con mucho celo, al punto de que los dominicos quedaron asociados con este tribunal medieval hasta su abolición (Torquemada era dominico).

En la actualidad, los dominicos cuentan con presencia en las ciudades de Vigo (parroquia de Santo Cristo de la Victoria) y A Coruña (colegio) aunque su legado es bien patente a través de lo que queda de los conventos de Bonaval, Pontevedra, Baiona o la propia A Coruña.

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