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ESTELALa Galicia de "Cornelia"

La mujer y los niños cuyos restos se han encontrado en las excavaciones de A Lanzada vivieron en una época de mestizaje entre la cultura castrexa y la romana, un período histórico apasionante pero del que se tienen muy pocas certezas

Imagen de las excavaciones realizadas el mes de septiembre en el castro de A Lanzada.// Gustavo Santos

Imagen de las excavaciones realizadas el mes de septiembre en el castro de A Lanzada.// Gustavo Santos

"Celtas o no, belicosos o pacíficos, el caso es que los habitantes de los castros vieron un buen día como unas gentes extrañas y muy bien armadas irrumpían en sus tierras, y no precisamente en son de paz".

(Justo Beramendi, Historia mínima de Galicia)

De edad aulta, estatura aproximada de 1,65 ms y buena condición física. Estos son los escasos datos que, a la espera de futuros análisis, ya se pueden anunciar de "Cornelia", la mujer cuyos restos humanos fueron hallados hace unos días en el yacimiento de A Lanzada. Cornelia no se llamaba Cornelia, claro, pero ese es el nombre que le han puesto los arqueólogos a esta bimilenaria dama al coincidir el descubrimiento de su esqueleto con la efemérides de la santa. Sin embargo, el nombre de Cornelia lleva camino de convertirse en un mito de la historia de Galicia, al tratarse, asegura Rafael Rodríguez Martínez, arqueólogo de la Diputación de Pontevedra, o bien del primer cuerpo entero prerromano que aparece en Galicia o tal vez, y esto es lo más probable, del primero de una galaico-romana. Ambas posibilidades fascinan a los expertos puesto que,en el segundo de los casos, tampoco existe excesiva información sobre ese periodo histórico crucial, pues la que hay procede de historiadores romanos y, por lo tanto, resulta muy parcial).

Los análisis a los que serán sometidos los huesos de Cornelia (y los de los dos bebés también encontrados) permitirán, entre otras cosas, descifrar informaciones que atañen a la vida cotidiana de esta mujer, desde cómo se alimentaba a si tuvo hijos y cuántos, qué tipo de enfermedades padeció o si desarrollaba alguna actividad física, datos que para los profanos pueden padecer anécdóticos, pero que son cruciales para saber cómo vivían aquellos gallegos y, particularmente, cómo se vivía en aquella gran ciudad de la época que hogaño se localiza en A Lanzada.

-CASTRO DE A LANZADA. El yacimiento ubicado en esta playa que comparten los concellos de Sanxenxo y O Grove viene llamando la atención desde el siglo XVIII, pues ya el Padre Sarmiento hacía referencia a la cantidad de tumbas que aparecieron en los aledaños de la ermita de Santa María. Pero no sería hasta las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, cuando un grupo de arqueólogos e historiadores, entre ellos el profesor Xosé Filgueira Valverde, empezaron a referirse a A Lanzada como uno de los lugares arqueólógicos más atractivos del Noroeste de España. Para argumentarlo, Filgueira aludía no solo a los "excepcionales" hallazgos verificados en la zona a partir de unas excavaciones efectuadas en 1949, sino también a la continuidad de la población a través del tiempo, cuando lo frecuente era que las estaciones terminasen siendo abandonadas. Aquellas primera indagaciones ya pusieron al descubierto un poblado y diversas fortificaciones.

Pero el gran salto cualitativo se produciría en 2010 mediante el proyecto Pousada e Xardín de la Diputación de Pontevedra. "El verdadero campanazo que dio A Lanzada -decía días atrás Rafael Rodríguez en entrevista concedida a FARO DE VIGO- ocurrió en esa campaña de 2010 y consistió en documentar una factoría de salazón. Se pensaba que hasta que llegaron los romanos no había factorías de salazones, ni salinas, ni nada parecido en el Noroeste, pero nosotros encontramos una fábrica que, además, presentaba piletas totalmente distintas a las romanas y con una manera de contruir a medio camino entre el mundo galaico y el mediterráneo, lo que nos dice que estamos metidos ya en un circuito comercial importante en el que no es solo que se produzca un intercambio comercial de materiales, sino que también llegan ideas nuevas y formas de hacer las cosas. Esto es lo que nos deja constancia de este comercio brutal y directo que hay. A Lanzada, además de ser un yacimiento castrexo atípico, es un punto donde cristalizan las relaciones entre los individuos del Mediterráneo y el Atlántico". A Lanzada, en conclusión, es una patente demostración de un asentamiento prerromano abierto, de gran extensión, carente de murallas, a modo de gran establecimiento industrial de arquitectura monumental y muy sofisticada y dedicado al procesado de productos marítimos.

-LA CONQUISTA MILITAR. Los romanos habían iniciado la conquista de la península Ibérica en el año 218 a. de C., pero la primera mención que se hace de los galaicos es la recogida por el historiador Apiano, que los describe "luchando y perdiendo" en Lusitania en torno al 139 a. de C. Un año después, fue cuando se produjo la primera incursión romana en el territorio de la cultura de los castros, que fue la que encabezó el cónsul Décimo Junio Bruto, apodado El Galaico.

Ya en el siglo I a. de C., entre los años 60 y 61 a. de C., el propio Julio César encabeza una operación por mar que, con el pretexto de reprimir las incursiones de los lusitanos ayudados por los galaicos, penetra en Galicia desde el norte de Portugal sin encontrar apenas resistencia de los indígenas.

-UNA GALICIA ADELANTADA. La Galicia con la que se encontraron los romanos no era, en general, una Galicia atrasada ni sus habitantes todos unos "salvajes". Por el contrario, existía ya una arquitectura monumental que no encuentra parangón en ningún otro lugar de Europa, hecho sobre el que ha llamado la atención el arqueólogo Xurxo Ayán en su tesis sobre la cultura castrexa: "Mientras en Europa aún se hacían casas de paja y barro -sostiene Ayán- en Galicia se erigían contrucciones de gran complejidad y con disposición de permanecer en el tiempo", lo cual lleva a concluir que en algunos de aquellos pueblos existía un gran conocimiento de la arquitectura. Todo ello conduce a desmentir un tópico que se mantuvo hasta hace relativamente muy pocos años: que los romanos hubiesen sido quienes fundaron las que se pudieran considerar primeras grandes ciudades de Galicia (Lucus Augusta, principalmente). Baste nombrar los ejemplos de A Lanzada, Santa Trega y San Cibrao de Las (Lansbriga o Lansbrica) para confirmar que grandes ciudades (capaces de acoger a entre 2.000 y 5.000 habitantes, las Nueva York de la época) ya existían en Galicia antes de que llegasen las tropas imperiales.

-LA BRACARENSE ROMANA. Las investigaciones arqueológicas realizadas en las últimas tres décadas demuestran que, lejos de ser un pueblo unificado, la Galicia de la Edad de Hierro, período histórico que se extiende desde el siglo IV u VIII a. de C. hasta el siglo I d. de C., estaba constituida por numerosos pueblos que tenían muy poco que ver entre sí: ni en su lengua, ni en su religión, ni en su cultura ni en su organización político/social. Si acaso, a la altura del siglo I, y por algo los romanos procedieron a una división del territorio que ellos denominaron Gallaecia, existía una diferenciación, y no solo geográfica, entre una Galicia Norte, la Provincia Lucensis, y una Galicia Sur, la Bracarensis, que incluía en Norte de Portugal y que, como confirman los últimos hallazgos arqueológicos, ya estaba muy abierta al comercio cuando las legiones llegaron hasta aquí. Esta diferencia se aprecia en la propia estructura de los castros, muy diferentes entre sí según se ubicasen en el Norte o en las Rías Baixas.

-INTEGRACIÓN GALAICO-ROMANA. En "Historia mínima de Galicia", Justo Beramendi explica que la superestructura imperial "dejó espacios de pervivencia y autonomía a los modos de vida autóctonos. La cultura de los castros no despareció abruptamente, sino que evolucionó hacia formas híbridas en un proceso cuyo ritmo e intensidad fueron mayores en la Gallaecia bracarense y acabó dando lugar a una más de tantas culturas provinciales como existían en el imperio: la galaico romana. Prueba de ello es que los castros no solo siguieron intactos y habitados, sino que en algunos casos conocieron un considerable crecimiento, sobre todo en el sur. Aparece así una suerte de urbanismo híbrido romano castrexo: "Los castros se agrandan, se dotan de calles empedradas y canalizaciones, combinan las viviendas circulares con las rectagulares, forman pequeños barrios y hasta alguna plaza en su interior". Este urbanismo híbrido es muy apreciable en Santa Trega y, por supuesto, también en A Lanzada.

-LOS GALAICOS Y EL IMPERIO. Según la tesis de Beramendi, los romanos procuraron atraerse a las élites indígenas mediante la política de castigar con dureza a los que no se sometían y premiar a los que reconocían su poder garantizándoles sus estatus y los beneficios conexos. Para impulsar ese proceso, la dinastía Flavia abrió vías jurídicas de integración y, así, entre los años 73/74, Vespasiano concedió el Ius Latii, derecho latino, a toda Hispania. Otra vía de integración fue la militar. "Desde muy pronto -escribe Beramendi- Roma reclutó a un gran número de galaicos para sus tropas auxiliares". Se calcula que un tercio de las alas y cohortes formadas en Hispania eran de origen gallego, soldados a los que se enviaba a luchar en los puntos más conflictivos del imperio: los que volvían con vida actuaban como agentes activos de romanización.

También hubo hibridación en el plano religioso. De hecho, los cultos prerromanos continuaron e incluso sobrevivieron al imperio pero, desde un determinado momento, tuvieron que convivir con el panteón grecolatino, con el obligatorio culto al emperador y con las divinidaes orientales. En este maremagnum se produjeron peculiares fenómenos de sincretismo como la fusión de los dioses indígenas Couso y Bandua con el romano Júpiter. O, como reseña Beramendi, "inscripciones de romanos en honor de un dios gallego y de galaicos en honor de un dios latino.

La conclusión de Justo Beramendi es que es preciso matizar la idea de que la Gallaecia fue una provincia muy poco romanizada. "·Es evidente -asegura- que su asimilación no es comparable con las de la Bética o la Tarraconense, casi indistinguibles de la propia Italia. Pero, inculso a la altura ya del siglo IV, lo romano era ya un ingrediente fundamental aunque no único de una cultura y una sociedad mestizas".

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