Estafas digitales, ¿cómo evitar que te engañen?

La llegada de Internet ha revolucionado nuestras vidas y nos aporta múltiples beneficios, aunque el anonimato o la capacidad para actuar desde cualquier punto del mundo, también lo convierten en el entorno ideal para estafadores

por Gema Carrasco | BeContent

Carding, phishing, pharming, vishing, spamming… igual son palabras que le suenan a chino, pero seguramente alguna vez les haya llegado un email diciendo: “Le ha tocado la lotería. Introduzca su número de cuenta para cobrar el premio” u otro, en el que un enfermo terminal, ha encontrado su email al azar y quiere dejarle toda su fortuna. En el Artículo 248 del Código Penal se recoge que comete estafa, el que, con ánimo de lucro, utiliza el engaño para producir error en otro, induciéndole a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno. Se considera delito de estafa cuando la cuantía de lo defraudado supera los 400 euros. Si el valor es inferior, estamos hablando de una falta de estafa.

Cada vez es más habitual pagar con tarjeta de crédito en vez de con dinero. Las compras realizadas de esta forma en 2018 alcanzaron casi los 4.000 millones de operaciones, por un valor superior a los 147.431 millones de euros lo que supone incrementos del 13,8% y del 9,1% respectivamente. Según datos de la ‘Memoria anual sobre la vigilancia de las infraestructuras de los mercados financieros 2018’, en el año citado se registraron más de un millón de operaciones fraudulentas con tarjetas por un importe de 88 millones de euros. De estos fraudes, el 64% corresponden a compras realizadas en operativa remota, 34% con TPV físicos y el 2% en cajeros.

En caso de ser víctimas de un uso fraudulento, los consumidores están protegidos por la Ley de Servicios de Pago que limita la responsabilidad del titular en algunos casos, como en caso de copia o duplicado de la tarjeta. En este caso el afectado no la pierde en ningún momento de su posesión y no es consciente de que se está cometiendo el fraude, por lo que el banco debe devolver el importe total de la operación no autorizada. Tampoco es responsable en el caso de robo o pérdida de la tarjeta. Solo se tiene que responsabilizar por el uso fraudulento antes de la comunicación del robo o la pérdida, pero con una cuantía limitada a 150 euros, excepto en caso de culpa o negligencia grave.

Por ello, lo primero que hay que hacer si perdemos o nos sustraen la tarjeta, es llamar a tu banco para anularla y denunciarlo en la comisaría de policía en el caso de tratarse de un robo. Si el banco no quiere hacerse cargo, se debe reclamar antes el Servicio de atención al cliente o el defensor del cliente de la entidad.

Pero, ¿qué ocurre si la estafa se produce en el entorno digital?

Cuando realizamos una compra online corremos el riesgo de no recibir el pedido y perder el dinero. Para favorecer el comercio online se han aprobado diferentes normas que protegen al consumidor. Según la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios se ha estipulado que, en los casos de pagos a distancia mediante tarjeta, si el cargo se produce de forma fraudulenta o indebidamente utilizando el número de una tarjeta de pago, el titular de esta puede exigir su anulación. Por lo que una tarjeta de crédito o débito es una de las formas más seguras para los pagos online porque el consumidor siempre está protegido.

Pero este no es el único método, existe otra opción de pago que también protege al comprador: PayPal. Si el consumidor realiza una compra a través de esta plataforma, le devuelve el importe en caso de que no llegue el producto.

Sin embargo, lo menos recomendable para hacer pagos en internet es a través de transferencia ya que las probabilidades de recuperar el dinero son muy reducidas. Las órdenes de transferencia son irrevocables y una vez realizadas, no se puede deshacer la operación. Por lo que la única opción que le quedará al consumidor es denunciar y acudir a los tribunales.

¿Cómo evitar caer en una estafa digital?

El mayor miedo del consumidor es comprar un producto y que no le llegue, pero no es la única forma en la que pueden sufrir un tipo de estafa. Depende de la forma del engaño, los clientes no siempre recuperan el dinero.

El phishing es una de las modalidades más utilizadas en la web, que consiste en suplantar la identidad de los usuarios pidiéndoles que compartan información personal como el nombre, la edad, el país, el correo electrónico, la contraseña… mediante engaño previo de que su cuenta quiere ser hackeada y necesita ser actualizada. Le piden que entre en un enlace donde le solicitan estos datos personales. Una vez que los facilite podrán realizar actividades ilícitas suplantándole la personalidad.

Existen otros fraudes que ofrecen ofertas laborales con un sueldo alto y buenas condiciones, pero que le exigen para poder contratarle un previo pago para tramitar papeles, para mandarle materiales… Y una vez pagado, nunca vuelven a dar señales.

Otro de los engaños comunes que rondan por la red es aquel en el que se hacen pasar por una ONG pidiendo donaciones, ya sea para una persona que está muy enferma y necesita un tratamiento muy caro o incluso recolectando dinero para un desastre natural inexistente.

Según un estudio de Kaspersky Lab, más del 52% de las víctimas de estafa online no recuperó su dinero o solo recupero una parte. Por ello, antes de dar sus datos personales, de cualquier tipo, tanto móvil, email, dirección, número de cuenta… debe seguir unos consejos para no caer en ningún tipo de estafa.

  • · Tenga siempre actualizado el sistema operativo y el antivirus en el ordenador.

  • · Si le llega un email ‘sospechoso’ o de personas desconocidas, nunca haga clic.

  • · Busque información sobre la página o vendedor en internet. La comunidad le puede advertir con su experiencia.

  • · Asegúrese de que la web tenga ‘garantía de satisfacción’, de esta forma podrá devolver el artículo sin problema. Por si cuando le llega no era lo que esperaba.

  • · Paga siempre a través de tarjeta de pago o PayPal, nunca en transferencias.

  • · Si le llega una oferta demasiado atractiva, desconfíe. Si el precio es muchísimo inferior que en el resto de páginas… huele raro.

  • · Tras una compra online, consulte sus movimientos bancarios. Si ve algo extraño podrá reclamarlo al banco de inmediato.

  • · Antes de dar sus datos personales en una web, compruebe que se trata de un servidor seguro. Es decir, que la dirección web empieza por https y va acompañada de un candado en la barra de direcciones.

  • · Tenga en cuenta, que un banco, una compañía de seguros… NUNCA va a solicitarle claves y datos personales a través del correo electrónico.

Tal y como se señaló en un webinar organizado por Fundación MAPFRE, los datos son el oro del siglo XXI.

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