¿Cómo enseñar a los niños a ahorrar?

Educar a los niños sobre el valor del dinero y la importancia del ahorro contribuirá al buen manejo de sus finanzas personales en su etapa adulta.

por Cecilia Vega | BeContent

Llega un momento en la historia de cualquier niño o niña en el que un adulto, probablemente uno de sus abuelos o algún otro familiar, le da una moneda. ¿Gastarla en el momento o mejor guardarla para más tarde? He aquí una de las primeras decisiones financieras a las que ese tierno infante deberá enfrentarse a lo largo de su vida.

¿Cómo evitar que ese pequeño crezca y se convierta en un analfabeto financiero? Aunque la economía parezca una ciencia reservada para “mayores”, lo cierto es que los adultos deben hablar de finanzas personales con los más pequeños y hacerlo de manera que les resulte interesante y entretenido. “Es fundamental aprender el valor del dinero, y así comprender el valor del trabajo, del estudio, de la responsabilidad y un largo etcétera. Mostrar a los niños conceptos básicos, como presupuestar, gastar y ahorrar, establecerá buenos hábitos para la vida y es clave para su desarrollo personal”, explica Verónica Orallo, Directora de Desarrollo de Negocio de MAPFRE Vida.

Consumo responsable y salud financiera

Además, “trabajar en la enseñanza de finanzas personales con los niños permite abordar otros temas sensibles e indisolublemente unidos”, añade Orallo en referencia al “consumo responsable y la salud financiera”. Es más factible tener finanzas personales saludables si ejerces un consumo responsable, es decir, si apagas la luz al salir, te sirves solo lo que vas a comer, no derrochas papel, reciclas… y estos son mensajes que se pueden transmitir a los niños desde muy pronto.

A continuación, y quizá a partir de esas primeras monedas, se puede ir avanzando por el largo camino de la educación financiera. Para empezar, hay que enseñar a los niños qué es el ahorro.

“El ahorro es el primer paso para poder cumplir los sueños que cuestan dinero, darnos nuestros pequeños y grandes gustos, o conseguir aquello que necesitamos… o no llevarnos grandes disgustos si alguna vez necesitamos dinero para algún imprevisto. Y lo bueno que tiene es que es algo que se practica. Desde pequeños ya podemos aprender a hacerlo”, señala Orallo.

Partiendo de la idea de “guardar el dinero para utilizarlo más adelante”, es importante que niños y jóvenes entiendan que, frente al consumo inmediato -y en cosas prescindibles y superfluas -, ahorrar es la vía que les permitirá gastar ese dinero de forma más inteligente, alcanzando mayores cotas de satisfacción y felicidad.

El dinero no es infinito

Pero, ¿de dónde proviene este dinero? ¿Acaso tienen los pequeños de la casa una fuente de ingresos? No hace falta ser pequeños asalariados para que muchos niños manejen dinero desde bien temprano. Pensemos, si no, en los regalitos de los abuelos, el aguinaldo en Navidad o los regalos de cumpleaños o con motivo de la Primera Comunión… Además, son muchas las familias que según los niños van sumando años recurren a la paga o asignación, una práctica que, bien gestionada, puede ser útil a la hora de sumergirles en el mundo de las finanzas.

Este escenario es idóneo para empezar a hacer cuentas con los niños y que estos vean cuánto dinero y cuánto tiempo necesitan para conseguir un objetivo concreto. Aunque no hay consenso sobre la cantidad y la periodicidad, el consejo es que la paga no sea tan alta como para que el niño pueda permitirse su “capricho” sin necesidad de ahorrar unas semanas. Además, es clave que, si se agotan las reservas porque el niño gasta la paga demasiado pronto, no se inyecte dinero extra. La vida real no es así.

Se opte por la asignación o por cubrir las necesidades económicas de los hijos según vayan surgiendo, es muy importante ser capaz de transmitir a los niños que el dinero de sus padres es fruto del trabajo y del esfuerzo. Y que, por supuesto, no es infinito, se acaba. Se puede mostrar a los niños la fuente de ingresos. Explicarles en qué consiste el trabajo de papá y mamá y, si es posible, invitarles a que lo vean en primera persona.

Jugando se ahorra mejor

“En generaciones anteriores tal vez esta formación financiera se daba de una forma más natural porque nuestros padres nos criaron en una sociedad con menos consumo, en la que las decisiones de inversión, el ahorro, los gastos, eran menos “on-line”. Además se hacia la compra, se iba al mercado y la familia estaba más involucrada, aun como testigo inconsciente, en la economía familiar. Tal vez no se sabía cuánto ganaban los padres, pero si cuánto se gastaba en las cosas cotidianas, cuánto costaba el pan, la leche… Todo esto ha cambiado. En un momento de tarjetas de crédito, banca por Internet y compras online, los niños no nos ven a menudo comprando productos con dinero físico como billetes y monedas. No ver este intercambio por compras o servicios hace que sea más difícil para ellos entender lo que cuestan las cosas. Podrían ver este dinero invisible como un recurso abstracto e ilimitado en lugar de dinero real que entra y sale de las cuentas bancarias de su familia”, apunta la experta.

Por eso, siempre que se pueda, una práctica muy recomendable es, hacerles partícipes de las compras cotidianas, yendo juntos al mercado o haciendo la lista de la compra. También dejándoles a ellos sumar monedas para pagar pequeñas cosas.

Pero si antes de dar el salto a la vida real se quiere “practicar” en casa, se puede empezar a través del juego. ¿Quién no ha jugado alguna vez a las tiendas con dinero ficticio? Tanto en el papel de vendedor, a cargo de la caja registradora, como de comprador, los niños podrán familiarizarse con el manejo de monedas y billetes.

En un escalón superior y mezclando conceptos como el ahorro, la inversión y la estrategia financiera nos encontramos un juego de los de siempre: el Monopoly.

Todo el mundo ha jugado alguna vez en la vida este juego o alguna de sus réplicas, ¿verdad? Frente al tablero (físico y, ahora, también digital) y entre calles, casas y hoteles, los niños aprenden a manipular dinero y van familiarizándose con el mundo de la contabilidad y las finanzas personales. Los buenos jugadores dicen que el truco para ganar está en no satisfacer las necesidades a corto plazo (y gastar el dinero en tonterías) sino en ahorrar para lograr objetivos más globales. ¿Os suena?

Y junto a los clásicos, la tecnología ofrece otras posibilidades que encajan a la perfección con los gustos y hábitos de la nueva generación de nativos digitales, y que pueden ayudar en la tarea de concienciar y formar en finanzas a niños y jóvenes de una manera práctica y divertida. Un ejemplo, móvil en mano, es Gimme Five, una app dirigida a menores entre los 6 a los 18 años, con la que se pueden fijar metas y ahorrar de forma colaborativa. Sin duda, una herramienta perfecta para aprender que con esfuerzo todo es posible y empezar a valorar el coste real de las cosas.

En la línea de la gamificación, destaca también PlayPension, un entretenido juego de simulación online con el que Fundación MAPFRE enseña a los jóvenes a manejar pequeños presupuestos de ingresos y gastos y a realizar inversiones para afrontar imprevistos.

La clásica hucha del cerdito

Esta es justo la idea sobre el ahorro que los pequeños deben ser capaces de extrapolar a la vida real. El verdadero ahorro es el que consigue que el dinero “trabaje” para nuestro beneficio futuro. Y una vez transmitida la idea del ahorro como algo positivo y estimulante, hay que inculcar el hábito. Una forma divertida y que a todos los niños les gusta es la de la típica hucha, habitualmente con forma de cerdito. Este elemento, tan presente en los hogares, no pasa de moda y es la primera "cuenta" que tienen muchos niños. Contar las monedas y ver que la hucha pesa y suena es algo tan sencillo como motivador. Si la hucha se queda pequeña, o en paralelo, los padres pueden abrir una cuenta bancaria para niños y ayudarles a comprender su función.

“Lo primero es ponernos una meta, o dos, si sabes para que quieres ahorrar. Si no sabes, pon una meta en dinero. Luego pon un plazo de tiempo que marque en cuánto tiempo quieres conseguir esa meta. ¡Has creado tu objetivo! Ahora toca ver cuáles son tus ingresos y en qué te los gastas habitualmente y a partir de ahí pensar cuáles de esos gastos puedes obviar o reemplazar con algo diferente que cueste menos… o nada. ¿Tal vez comprar menos chuches? No se trata de no comprar nunca más nada bonito o no darte más caprichos, sino de hacerlo, pero un poco menos. Dicen que ahorrar es un sacrificio, yo creo que no, pienso que es un ejercicio de constancia, como practicar mucho esa jugada de futbol que a veces no te sale bien. La recompensa vale le pena”, aconseja Orallo a aquellos niños que quieren establecer un plan de ahorro.

¿Por qué es importante la educación financiera?

Pueden parecer pasos simples, pero son la base sobre la que asentar la cultura financiera de los más pequeños, una asignatura pendiente en España. Según la Encuesta de Competencias Financieras, elaborada por el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, CNMV, nuestro país se sitúa por debajo de la media entre los países de la OCDE en cuanto a conocimientos financieros. Así lo corroboran los datos del informe PISA sobre esta materia: España se coloca la décima entre los 15 países evaluados (diez de la OCDE y otros cinco más)

Los padres deben ayudar a sus hijos a entender cómo y por qué ahorrar, a consumir responsablemente, a gastar de manera inteligente, a sacarle provecho al dinero… pero en esta educación también juegan (o deberían jugar) un papel importante las escuelas. Al contrario que otras materias que sí se aprenden en las aulas, los planes educativos apenas incluyen contenidos económicos.

Como subraya Orallo: “Las finanzas son materia de nuestro día a día, son necesarias para nuestra vida cotidiana. Y en tal sentido, considero que deben ser parte de nuestro aprendizaje, de nuestra formación, en casa y en el cole. Saber de finanzas nos da libertad por la tranquilidad de tomar decisiones informadas y más adecuadas a nuestras necesidades. Si los niños desarrollan buenas habilidades financieras desde una edad temprana, estarán listos para los desafíos financieros de la edad adulta".

“El objetivo más importante y más difícil de lograr para la difusión de la educación financiera es conseguir que esta materia entre en el currículo escolar para que los menores sepan aplicar conceptos básicos”, añade Mercedes Sanz Septién, directora del área de Seguro y Previsión Social de Fundación MAPFRE.

Con el objetivo de “promover la cultura de la prevención y el seguro, así como la importancia del ahorro y la planificación del gasto”, esta Fundación desarrolla numerosos talleres de educación financiera para estudiantes de Secundaria y Bachillerato. Parte de este material didáctico se puede consultar en la web segurosypensionesparatodos.

Promover una cultura financiera positiva desde temprana edad es esencial. Los niños y jóvenes de hoy son los consumidores de productos y servicios financieros de mañana y, por tanto, sus decisiones influirán no solo en su economía doméstica sino en el desarrollo de sus comunidades y la sociedad en general.

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