El rearme español
Así es la fragata Méndez Núñez, la segunda que envía España a la zona amenazada por la guerra de Irán
Defensa elige para relevar a la Cristóbal Colón a su segundo buque de combate más moderno, dotado con el escudo antimisil Aegis y mandado por un destacado miembro de la nueva generación de comandantes de la Armada

La fragata F 104 Méndez Núñez, en una foto de 2025 / EMAD

Antes de su penúltima misión, dar escolta al portaviones británico HMS Pince of Wales en aguas del Indo-Pacífico entre abril y agosto de 2025, la tripulación y los sistemas de la fragata F-104 Méndez Núñez fueron puestos a prueba en un entrenamiento a conciencia contra oleadas de misiles y drones o ataques de guerra asimétrica. Se trataba de estar preparados para atravesar el peligroso paso de Bar el Mandeb, a la salida del mar Rojo, amenazado por los cohetes con que los hutís de Yemen tratan de hacer realidad el significado en árabe del nombre del enclave: Puerta de los Lamentos.
Las capacidades de la Méndez Núñez la convirtieron en unidad preferente para lo que en términos navales llaman “defensa cercana” del portaviones británico, como seis años antes fue la unidad de defensa cercana para el norteamericano USS Abraham Lincoln en una vuelta al globo compartida por la Armada y la US Navy, y como ahora será la que suceda a la Cristóbal Colón como buque de referencia para cubrir al portaviones francés Charles de Gaulle en misión defensiva junto a Chipre.
La clave para liderar la defensa aérea de esos grupos navales tiene nombre mitológico: Aegis. Así le pusieron los ingenieros de la Lockheed Martin al escudo, el sistema de defensa que idearon para neutralizar misiles desde el mar. En Europa, solo Noruega y España disponen de él para sus buques.

Personal de la fragata Méndez Núñez en el puente de mando del buque. / Armada
La Armada no eligió por casualidad a la Méndez Núñez en 2025: era una primera singladura de proyección en el Indo-Pacífico en un grupo multinacional después de haber declarado esas aguas de interés para España en el documento estratégico Visión 2050, en diciembre de 2024, que asevera “un desplazamiento del centro de gravedad económico mundial”.
Ahora la misión es distinta y marcada por circunstancias diferentes, pero el adiestramiento acumulado es la base para la elección. De todas las unidades navales llamadas al Mediterráneo Oriental como flota preventiva con motivo de la guerra de EEUU e Israel contra Irán, la F-104 Méndez Núñez es una de las mejor dotadas para la defensa contra misiles de crucero, drones y aeronaves tripuladas. Tiene capacidad de otear y seguir a numerosas amenazas cuando aún no están a la vista, y de responder con distintos tipos de misiles, contramedidas o disparos de cañón.
Segunda más joven de las F-100
La Méndez Núñez no ha zarpado en aguas tranquilas; no, al menos, con una marea política favorable al salir la tarde de este domingo de su base de Ferrol, pues la oposición exige con creciente vehemencia que pase previamente por el Congreso la participación de buques en la escolta del Charles de Gaulle y en la protección del espacio aéreo del sureste de Chipre. Además, la guerra que motiva su partida no tiene visos de acortarse, sino todo lo contrario.
Para relevar a la fragata Cristóbal Colón -la más moderna de las cinco F-100 que tiene la Armada-, Defensa ha encargado el trabajo a su segunda fragata más moderna. Las cinco de la clase Ávaro de Bazán, o F-100, que constituyen la 31ª Escuadrilla de Superficie, llevan números correlativos: la F-101 Álvaro de Bazán fue entregada por Navantia en 2002, y sus hermanas fueron saliendo del astillero de Ferrol sucesivamente hasta 2012.
En esos diez años se consolidaron saltos tecnológicos significativos entre las más veteranas y las más jóvenes, Méndez Núñez y Cristóbal Colón. De hecho entre estas dos últimas también hay diferencias en modernidad de sistemas.
Armamento
Un punto al sureste de Chipre es el que espera a la Méndez Núñez cuando releve, esta semana, a la Cristóbal Colón. El emplazamiento queda estratégicamente relacionado con la bahía de Larnaca y la provincia chipriota de Dekelia, donde el Reino Unido tiene una de sus bases al alcance -según se ha demostrado- de misiles iranís.

Reunión en cubierta de la dotación de la fragata Méndez Núñez. Los tripulantes hacen corro en torno al capitán, que les habla a la derecha, tocado con gorra. / EMAD
En el siglo XIX las fragatas fueron buques menores de guerra, que nunca se medían con los grandes navíos de línea. Ahora son la punta de lanza tecnológica de los grupos navales de combate, y con capacidades múltiples (las guerras antiaérea, antibuque, antidrón y antisubmarina) que los han convertido en lo que los militares llaman “plataformas multipropósito”.
Entre esas capacidades diversas destaca la Méndez Núñez con un radar Spy 1D, que alimenta al sistema Aegis de gestión del combate. Ese sistema tiene en su centro un diseño informático que puede asumir simultáneamente la detección y seguimiento de 200 misiles y aeronaves (y también amenazas submarinas)... no solo como riesgos aproximándose, también como objetivos contra los que guía sus propios misiles.
Aegis se combina en la Méndez Núñez con tres tipos de misiles: los Harpoon de superficie, y los SM2 y ESSM que pueden salir del buque por 48 celdas de un lanzador vertical situado en su proa.
La fragata completa su armamento con tubos Mark 32 que lanzan torpedos que salen a la búsqueda de submarinos con el sistema “dispara y olvida”, y un cañón principal 5/45, dos Oerlikon de 29 milímetros para disparo rápido y dos torres semiautónomas para defensa contra amenazas menores que se aproximen en superficie. Además, puede embarcar en popa un helicóptero para misiones de patrulla, rescate o ataque.
Saga marinera
Ha zarpado con 208 marinos la Méndez Núñez, su tripulación más habitual, según fuentes militares, cuatro veces integrada en el Sistema de Defensa Aérea, el SDA nacional que comparten en los ejercicios Eagle Eye la Armada y los ejércitos de Tierra y del Aire.

El capitán de Fragata Jaime Muñoz-Delgado Pérez, a bordo de la fragata Méndez Núñez en un ejercicio naval / EMAD
Una parte del personal está especializada en la gestión de una defensa aérea por capas (contra aviones, misiles, drones y amenazas asimétricas). El comandante del buque es el capitán de fragata Jaime Muñoz-Delgado, al que algunos de sus compañeros destacan en la nueva generación de altos oficiales de la Armada, y que es poseedor de uno de los apellidos sonoros de la Armada, que se estrenó en despliegues multinacionales en la misión en el Indo-Pacífico.
Su padre, Jaime también, fue almirante general Jefe del Estado Mayor de la Armada. Tomó de hecho posesión del cargo cuando paría el astillero de Ferrol la última fragata F-100. El capitán de fragata que ahora navega hacia Chipre es hermano de otro capitán de fragata, Juan Carlos, y padre de un muchacho, otro Jaime, que está haciendo el primer curso como guardiamarina en la Escuela Naval Militar de Marín.
Renacer en Ferrol
La F-104 es un buque veterano, pero no viejo; está en la mitad de la vida útil que se le previó al ser construido. Pero tiene por delante un proceso de modernización del que saldrá completamente reinventada, conservando su casco de alto blindaje balístico que la convirtió en hito de la Armada al ser botada, pero con maquinaria y sistemas renovados para prolongar su vida operativa útil al menos hasta 2045.
Así está previsto en el Programa de Modernización de las F-100 aprobado por el Consejo de Ministros a finales de noviembre de 2025, con una previsión de inversión de 3.200 millones de euros.

Un miembro de la unidad de seguridad de la fragata Méndez Núñez observa un portacontenedores desde la cubierta del buque de guerra, junto a uno de sus tubos lanzatorpedos. / Armada
Cada una de las fragatas F-100 ha de ir pasando por el dique seco sucesivamente, para trabajos que en cada caso pueden durar entre 18 meses y dos años. Navantia los tiene resumidos como “eliminar obsolescencias” y dotar de “comunalidad” a los buques. O sea, se trata de modernizarlos en armas y sensores hasta el punto de hacerlos plenamente compatibles con la nueva generación de fragatas encargada por la Armada, las F-110. La Méndez Núñez podría estar completamente renovada en 2031, según las primeras previsiones.
Entre esas obsolescencias están los misiles Harpoon y la panoplia de torpedos, sustituibles por una generación más moderna. Además, un nuevo sistema de lanzamiento vertical de cohetes que permita incorporar elementos propios para la neutralización de misiles balísticos.
Aparte de Navantia, hay cuatro firmas de la industria de defensa reclutadas principalmente para el trabajo: Lockheed Martin, con la última versión del Aegis, la Baseline 9, capaz de emplear los datos que le proporcionan otras plataformas (aviones y drones sobre todo) y de enfrentarse a misiles balísticos, los más rápidos e imparables del arsenal desplegado en la actual guerra del Golfo.
Las otras firmas son Indra, el grupo Oesía con Tecnobit- ambas llamadas a perfeccionar el sistema de combate de la Armada SCOMBA, los radares, sónar y otros sensores del buque, así como a instalar un nuevo paquete de guerra electrónica- y la noruega Kongsberg, que podría dotar de nuevos misiles NSM, furtivos y asistidos en su vuelo por inteligencia artificial.
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