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Entrevista

Espinosa de los Monteros: "En Vox hay una cúpula encerrada en sí misma y la mayoría de personas que deciden el rumbo no son del partido"

Espinosa de los Monteros: "En Vox hay una cúpula encerrada en sí misma y la mayoría de personas que deciden el rumbo no son del partido"

Jaime Galindo

Sergio H. Valgañón

Zaragoza

Iván Espinosa de los Monteros, al que Vox ha abierto un expediente para expulsarlo del partido, promueve ahora Atenea, un 'think tank' para repensar el futuro de España, mientras señala "la deriva" de la formación de ultraderecha, lo que le ha llevado a reclamar un congreso para cambiar la organización. Esta entrevista se realizó antes de que se confirmase la decisión de Vox respecto al exdiputado.

-¿Qué es Atenea?

-Atenea es una entidad de sociedad civil que pretende abrir debates sobre temas que son desde nuestro punto de vista importantes para España. Hay muchos temas que se debaten en el ámbito de la política y del periodismo, pero tienen más que ver con las noticias del día. Y yo creo que en España hay muchos temas que son importantes y que requieren una mirada a largo plazo. Nos interesa recuperar el Estado de derecho, la posición de España en el mundo, una reforma sustantiva de la educación, una reforma muy importante de la Justicia y de la Administración pública, un plan de infraestructuras... Cosas que tienen que ver con la mejora a largo plazo de nuestro país, que se debate mejor fuera del ámbito de los partidos políticos. Cuando abrimos estos debates, los ofrecemos a la sociedad y a los partidos políticos por si las quieren incluir en sus programas electorales.

-Es que esos temas parecen un programa electoral.

-Nosotros vamos a ir proponiendo cosas que lamentablemente no estamos viendo en los programas electorales de los partidos y que nos gustaría ver, cosas que tienen que ver con el avance de la libertad, con el desarrollo económico del país, con generar prosperidad, con recuperar un clima que hace ya más de 20 años que no vemos en España, que es ponernos en modo de crecimiento, productividad, creación de empleo y oportunidades para nuestros jóvenes. Hablamos de un estilo de vida que en España se tuvo y que lamentablemente se ha perdido en estos últimos 20 años, porque llevamos dos décadas perdidas en los que la renta per cápita se ha quedado congelada. Estamos más o menos en el mismo punto que en 2008.

-¿Estas propuestas no las encuentra en Vox, el partido en el que aún milita?

-Los partidos están más pendientes de reaccionar a la última noticia. Y en Atenea lo que hacemos es atraer a expertos en las materias que no quieren vincularse a un partido político, pero que sí pueden aportar ideas. Por ejemplo, ingenieros de caminos que saben muy bien cómo funcionan las infraestructuras en España y nos ayudan a pensar en qué es lo que hay que hacer. También gestores sanitarios, magistrados o abogados. Toda esa gente no se ve normalmente cómoda en el espacio de un partido político o no se quiere identificar con ningún partido, pero en la sociedad civil lo hacen con más comodidad.

-Usted ha sido una de las últimas noticias políticas, por solicitar un congreso en Vox. ¿Por qué lo ha hecho? (La entrevista se realizó antes de que el propio Espinosa de los Monteros anunciase que Vox le había abierto un expediente para iniciar los trámites de expulsión del partido)

-Porque pensamos que de aquí al año que viene, cuando parece que serán las elecciones generales, Vox tiene que ser un partido que esté en disposición de gobernar y de hacerlo de manera ejemplar. Cuando digo ejemplar digo modos de trabajar que hayamos demostrado antes en el ámbito privado del partido. Me refiero al núcleo ideológico que se va a aplicar. En Vox se han cometido cambios que son legítimos, pero que no son aquellos cuando se formó el partido en su momento. Eso merece un debate interno. Y lo segundo tiene que ver con esa organización interna, que lamentablemente estamos viendo que es muy agresiva no solo con otros partidos, sino con todos los medios de centro-derecha, con la iglesia, el rey o con la Policía. Pero también internamente con cualquier que expresa una opinión, con cualquiera que no esté en la posición anterior o se haya ido voluntaria o involuntariamente, haya ido bien, mal o regular. Todo eso no forma parte de las mejores prácticas que me gustaría ver a la hora de gobernar y como creo que lo podemos mejorar.

Espinosa de los Monteros, en Zaragoza.

Espinosa de los Monteros, en Zaragoza. / Jaime Galindo

-¿Por qué un congreso y no un nuevo partido político?

-Yo ya he contribuido a formar un nuevo partido político que se llama Vox. Las personas que creíamos que había un espacio en el espectro político. Algunas provenían del PP, no es mi caso, y otros no habíamos estado nunca en política. Creamos un partido, costó mucho, hemos contribuido entre muchas personas y ha habido un liderazgo claro en la persona de Santiago Abascal. Y luego ha habido mucha gente que se ha ido aproximando y cambiando la naturaleza del partido. Estamos a tiempo de recuperar nuestro partido. ¿Por qué no lo hace usted? Mariano Rajoy ya nos lo preguntó en aquel Congreso de Valencia del PP: "El que quiera montar el Partido Liberal que se vaya al Partido Liberal y el Partido Conservador al Partido Conservador". Pues aquí estamos. Lo que pasa es que este partido ya no es exactamente el que habíamos venido a montar, por eso lo queremos cambiar para mejorar.

-¿Cómo va a hacer para convocar ese congreso?

-Hemos abierto una página web en la que ya tenemos casi 2.500 firmas para reclamar el primer congreso político, porque hasta ahora no ha habido ninguno. Quiero recordar que los que venían del PP se iban disgustados con la falta de democracia interna. Nosotros teníamos primarias, ya no las hay, solo una cúpula encerrada en sí misma. Antes teníamos un sistema de elección de cargos, pero ahora se ha convertido en eso. También decían que en el PP los congresos no permitían que las corrientes independientes impusieran su criterio. Aquí no es que no se permita, es que ni siquiera hay congreso para debatir, aunque sea para perder. Estoy dispuesto a debatir y si se pierde, aceptarlo democráticamente y comprender que esto ya es otro partido. Pero entonces también cambiamos los estatutos, porque dicen que venimos a defender la libertad o el libre mercado y muchas historias que ya parece que se han olvidado. Hacemos un congreso, debatimos y si se tiene una visión más estatalista, se cambian los estatutos y nos alineamos con el PSOE o con Izquierda Unida.

-¿No cabe una tercera fuerza política en la derecha española?

-Probablemente sí, porque estamos viendo que en la izquierda y en el separatismo hay una docena de partidos y entre ellos consiguen formar gobiernos. Pero yo tengo ahora las vistas puestas en reformar internamente el funcionamiento del partido que he ayudado a fundar y hacer crecer.

-¿Hay culpables en esta deriva de Vox?

-No hablo en términos de culpabilidad. Hay personas que ostentan puestos de responsabilidad en el partido y por fuera del partido, porque la mayoría de personas que deciden el rumbo del partido no forman parte del partido. Es una de las cosas de las que merece la pena hablar.

Iván Espinosa de los Monteros, esta semana en Zaragoza.

Iván Espinosa de los Monteros, esta semana en Zaragoza. / JAIME GALINDO

-En las últimas semanas, hemos conocido algunos de esos "nombres en la sombra" de Vox. ¿Es casualidad que pase en mitad de las críticas internas?

-No es casualidad que cuando arrecian los ataques desde dentro hacia gente que ha contribuido mucho esa gente se defienda. Lo que no tiene sentido son los ataques hacia un cofundador y exsecretario general, como Javier Ortega Smith, como no tiene sentido atacar en plena campaña a un líder regional, como José Ángel Antelo, que tenía encuestas en el que le daban vencedor en la Región de Murcia, o que no tiene sentido atacar a Juan García Gallardo, que fue el vicepresidente de Vox dentro de un Gobierno y que ha hecho grandes servicios a este partido. ¿Por qué deciden atacar a todas estas personas justo en plena campaña electoral? Pues es incomprensible, solo se entiende desde un planteamiento muy erróneo y convencido de que nada les afecta. Es una demostración de soberbia y decir que en plena campaña se puede permitir ese lujo. Es otra cosa de la que hay que hablar.

-Eran los tres nombres por los que le iba a preguntar. ¿Coincide con las respuestas que hacen esas tres personas hacia las críticas desde Vox?

-Cada persona responde a su manera y a su estilo. Yo siempre hablo en términos productivos y propositivos, no he atacado a nadie ni he mencionado a nadie de manera crítica. Sí que estoy recibiendo esto, e insultos, de distintas personas y especialmente de personas dirigidas por el aparato de Vox, lo cual me refuerza la idea de que tenemos que cambiar la manera en que funciona el aparato de Vox. El aparato no puede servir para los que están dentro, ni para los que se han ido y han contribuido de alguna manera. No es una forma buena de actuar y ahora vemos que Vox después de decir que sí, dice que no, y ahora otra vez que sí quiere formar parte de los Gobiernos. Por eso cuesta encontrar gente competente. Porque claro, ¿quién quiere colaborar con un partido con una entidad en general que ya es muy sabido que trata mal a su gente? Eso no lo hace un banco, un equipo de fútbol o una asociación de jubilados. Un sitio que trata mal a la gente no suele atraer al mejor talento.

-¿Ha perdido el ala de Espinosa de los Monteros respecto a otras familias que ahora tienen más poder en Vox?

-Nunca creí mucho en esto de las familias. Lo que sí ha habido claramente es un núcleo de personas que se han encerrado en sí mismas y que la mayoría no son ni siquiera pertenecientes al partido. Nadie las ha elegido y casi nadie conoce su existencia ni remuneración. Nos vamos enterando de cosas por la prensa y cada cosa que leemos es más preocupante que la anterior.

-¿Qué quiere el votante de Vox: estar en la oposición o entrar en los Gobiernos autonómicos?

-Hay dos partes que el votante de Vox suele pedir. La primera es reforzar la idea de acabar con el Gobierno central que tenemos hoy. Es fundamental. Y por eso cuando algunos votantes ven que Vox no pone facilidades para crear Gobiernos alternativos en los sitios llamados a gobernar, genera cierta inseguridad. Y la segunda parte es la toma de medidas, ser propositivos. La crítica es algo en lo que todos estamos bastante de acuerdo, pero toca también proponer cosas, además de estar muy enfadados. Todas esas propuestas las tenemos en Atenea.

¿Pero el votante es partidario de entrar en los Gobiernos o no?

-Es un poco confuso. Las primeras elecciones en las que los Gobiernos dependían de nosotros, como Andalucía o Madrid, no se entró porque la política era no entrar. Condicionar desde fuera. Era una estrategia, pero luego en Castilla y León se decidió entrar. También en otras comunidades, en algunos sitios con más éxito de otros. Luego de repente se decidió salir y se justificaba con una cosa un poco rara y se decidió que no se iba a llegar a ningún pacto con el PP. Toda la campaña hemos estado escuchando que no va a haber pacto con el PP, pero ahora sí va a haber pactos con el PP y además se va a gobernar. Es todo un poco confuso, a mí me lo parece. Lo propio es definir una de las líneas: no queremos gobernar porque nos quemamos y no venimos a por los sillones, o que ya somos un partido maduro, con gente suficiente y talento para gobernar en varias comunidades a la vez. Dos líneas legítimas, pero habría que elegir una para entender mejor qué es lo que desea el partido.

-¿Usted compartía la salida de los Gobiernos autonómicos en 2024?

-Yo era un afiliado de base y no tuve nada que opinar sobre esa decisión. Es verdad que se justificó en una acusación de que los Gobiernos del PP habían decidido aceptar un número de 'menas' (menores extranjeros no acompañados). Es difícil de entender por qué el año anterior, cuando Vox gobernaba con ellos, se aceptaron esos 'menas' y no fue motivo de ruptura. Puede ser que la generación de 'menas' de 2024 fuera muy distinta a la de 2023 y merecieran un trato distinto (sonríe), pero a mí me parece que la unidad de criterio es una buena compañera.

-¿Hay techo para Vox?

-Creo que no si se toman las medidas adecuadas. Volvemos a lo de antes: si tratas bien a la gente, tienes un partido que atrae el talento y te conviertes en una fábrica de ideas propositivas, me parece bien. Si tratas bien a los tuyos, les vas haciendo crecer con responsabilidad y les das ciertos grados de autonomía, dentro de un partido con una estructura piramidal muy clara, va bien. En otros países, partidos parecidos están gobernando y empezaron más tarde que nosotros. Partidos en el Gobierno de Chile o Italia venían a vernos hace unos años porque éramos una referencia. Vox ha crecido, pero está muy lejos de alcanzar los datos que se han conseguido en otros países. Si se hacen las cosas mal, llegará un momento en que no habrá suelo, no techo.

-¿Se pueden hacer las cosas bien?

-Es que no es tan difícil. Por eso lo estamos proponiendo. Tratar bien a la gente de verdad que no es difícil, no cuesta dinero y no requiere un esfuerzo superior. Solo supone dejar un régimen cuartelero instaurado por gente que yo creo que ni saben cómo funcionan los cuarteles. Nada más.

-¿Están PP y Vox a tiempo de entenderse para, si dan los resultados, cambiar el Gobierno de España?

-Como no lo hagan, van a tener una reprimenda muy seria por parte del electorado. Es lo que se espera de ellos. El PP ha sido un partido muy difícil para llegar a esos acuerdos y no siempre los ha respetado, ha sido un socio de Gobierno de dudosa credibilidad. Ahora parece, o al menos el electorado lo está interpretando así, que es Vox el que pone más dificultades. El electorado premiará al que interprete que está ofreciendo más posibilidades de llegar a un acuerdo y, puedo estar equivocado, castigará al que está poniendo más dificultades.

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