Elecciones autonómicas
El PP aspira a mantener su feudo más antiguo, Castilla y León, sin que Vox se dispare
Aunque las encuestas no auguran un cambio de gobierno, el PP de Mañueco deberá negociar con Vox, a pesar de que Feijóo ha criticado al partido de Abascal durante la campaña electoral

Alfonso Fernández Mañueco. / Photogenic - Europa Press - Archivo
Las elecciones del domingo en Castilla y León son para el Partido Popular (PP) una cita con mucho que perder, potencialmente, y poco que ganar. La comunidad más grande de España es el feudo autonómico más antiguo para los populares, que la gobiernan ininterrumpidamente desde 1987, cuando un bisoño José María Aznar inició en la Presidencia de la Junta su fulgurante carrera política. Desde entonces el presidente siempre ha sido popular, pasando por Juan José Lucas, Juan Vicente Herrera y, desde 2019, Alfonso Fernández Mañueco. Pero con las encuestas en la mano, incluida la última de Gesop publicada por EL PERIÓDICO, nada hace presagiar un escenario de alternativa, que ni siquiera fue posible cuando hace siete años el socialista Luis Tudanca fue el más votado en la región, pero no pudo impedir que un acuerdo del PP con Ciudadanos, que culminó en la coalición con el centrista Francisco Igea de vicepresidente, hiciese mantener el poder en manos de los conservadores.
En realidad, las expectativas de Mañueco, que en la entrevista que publicó el último día de campaña EL PERIÓDICO apelaba a Vox, diciéndole que tiene que decidir "si es parte del problema o de la solución", se miden en función de si tendrá que reeditar la coalición con la extrema derecha, como hizo en 2022, siendo el primer dirigente del PP en hacerlo, o si podrá mantener el Ejecutivo en solitario que ha presidido desde el año 2024, cuando Santiago Abascal decidió unilateralmente salir de todos los gobiernos autonómicos que compartía con los de Alberto Núñez Feijóo. Para eso, es inevitable, y muy a su pesar, mirar al escenario en Extremadura y Aragón, que tras el adelanto electoral decidido por María Guardiola y Jorge Azcón iniciaron el baile del nuevo ciclo electoral, un privilegio que a priori le correspondía a Castilla y León. Algo que no le ha venido bien, pues Vox ha llegado mucho más envalentonado que nunca, por el gran resultado cosechado en esas dos comunidades, y por el evidente estancamiento de las negociaciones, que de momento el único fruto que han dado, negativo, ha sido el rechazo a la investidura de Guardiola.

10/03/2026 El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, interviene durante un mitin, en el Teatro Centro Cultural San Agustín, a 10 de marzo de 2026, en El Burgo de Osma, Soria, Castilla y León (España). El mitin se enmarca en la campaña del Partido Popular para las elecciones autonómicas de Castilla y León que se celebrarán el próximo domingo 15 de marzo. / Concha Ortega Oroz - Europa Pres / Europa Press
En una comunidad donde hay una fragmentación mayor que en otras, con partidos regionales tan consolidados como Unión del Pueblo Leonés (UPL), los populares se dan por satisfechos con seguir ganando las elecciones, e incluso aumentar la distancia con el PSOE, que en 2022 fue apenas de tres procuradores. Ni en el PP de Castilla y León ni en Génova dan pábulo alguno a la posibilidad de que, aun sin obtener una mayoría de gobierno como le pasó a Tudanca hace siete años, el candidato socialista, el alcalde de Soria Carlos Martínez, pueda alzarse como ganador de las elecciones, aun por un solo voto o un solo procurador en las nuevas Cortes.
En una campaña donde Feijóo se ha implicado a fondo, con actos paralelos a los de Mañueco y con presencia en todas y cada una de las nueve provincias, el PP ha apretado las tuercas como nunca a Vox, al que el líder popular ha llegado a definir como un partido "a la deriva". Pero a partir del lunes se confía en el perfil del candidato de la extrema derecha, Carlos Pollán, presidente de las Cortes la última legislatura, más institucional que el del ínclito García-Gallardo (ahora fuera de la actividad pública y crítico como militante con Abascal) para poder llegar a acuerdos. Aunque la siguiente etapa del largo ciclo electoral, en primavera en Andalucía en una fecha aún por determinar, no facilitará las cosas, como tampoco lo hace el estancado escenario en Extremadura y Aragón.
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