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Historia

Cuando a Franco le bajaron el brazo

Las autoridades franquistas cambiaron el cuadro del Caudillo que presidía el salón del hemiciclo municipal de Valencia para darle una imagen más amable

Cuando a Franco le bajaron el brazo.

El cuadro ecuestre de Franco que presidió durante décadas el salón de plenos del hemiciclo municipal de València fue objeto de una transformación en 1946 tan chocante como burda. Este lienzo fue pintado a principios de los 40 por el pintor José Segrelles (1885-1969) y en 1944 mostraba al Caudillo con el brazo alto, realizando el saludo fascista y hitleriano. Además, tenía el torso girado hacia el espectador e iba ataviado con una pelliza de pieles y un capote que le daba un aspecto salvaje y guerrero. Esta estampa glorificaba la escenografía y el mito franquista de la Raza y la Cruzada histórica contra el comunismo que tanto gustaba publicitar al régimen dictatorial.

Cuando a Franco le bajaron el brazo.

La obra, que está embalada y guardada hoy en el Museo de la Ciudad, tiene unas enormes dimensiones (319 × 251 cm). En la Dictadura, su ubicación –presidiendo la sala de plenos– tenía mucha visibilidad pues no en vano en este lugar se hacían muchos actos de afirmación nacionalsindicalista como congresos, entregas de diplomas o conferencias.

Sin embargo, en 1946, ya se había consumado el cambio del retrato. Al Generalísimo, también a caballo, se le representa vestido de uniforme militar, de perfil, con botas y agarrado a las riendas de la montura. La imagen se había dulcificado y revestido de un cierto sentido de Estado. Caballo, cielo y tierra continúan siendo los mismos, pero la figura del jinete es diferente, tal como se puede comprobar si se comprueban ambas fotografías históricas. Además, se observan unas intensas pinceladas que han emborronado el fondo del jinete y la montura. ¿Pero cómo y por qué se fraguó este cambio?. Un grupo de investigadores de la memoria histórica del Cap i Casal explican todos los detalles en la 'Guía de la Valencia del primer franquismo (1939-1948)'. El especialista José María Azkárraga relata a Levante-EMV, diario perteneciente al mismo grupo editorial que este medio, que todo indica que este cambio lo llevó a cabo el mismo pintor para adecuar el cuadro al nuevo contexto en el cual Hitler y Mussolini habían sido derrotados. Recordemos que en 1945 había acabado la II Guerra Mundial y el bando fascista, con el que España se había alineado, fue derrotado. Azkárraga apunta que estos estudiosos tuvieron dudas sobre la obra pictórica. "Pensábamos que podría tratarse de dos cuadros distintos sin embargo tras utilizar un programa informático que se emplea para analizar las pinturas en la Prehistoria concluimos que se trata de uno solo, como demuestra el manchurrón que hay detrás de la silueta de Franco". Por ende, el resto de elementos periféricos del Caudillo no fueron modificados, lo que apuntala esta teoría. Con todo, la razón ideológica que motivó el repitando de Franco, la encontramos en el BOE. En concreto en el número 257, del 14 de septiembre de 1945, se derogó la obligatoriedad del saludo con el brazo levantado en todo el pais, de manera expresa. Según reza el documento oficial, al iniciarse el 18 de julio de 1936 el Movimiento Nacional se impuso "el saludo brazo en alto y con la palma abierta, de rancio abolengo ibérico como exaltación nacional de nuestra Patria ante el materialismo comunista que amenazaba destruirla" y "frente al puño cerrado, símbolo de odio y de violencia, que el comunismo levantaba". Sin embargo, en 1945, las autoridades franquistas argumentaban que circunstancias derivadas de la gran contienda "han hecho que lo que es signo de amistad y cordialidad -recogía el BOE en alusión al saludo fascista- venga siendo interpretado torcidamente". Por ello, la España franquista ordenó que se abandonase "en nuestra vida, aquellas formas de saludo" que pudieran ser malinterpretadas. La curiosa peripecia del cuadro de Franco está reflejada en esta "Guía de la Valencia del primer franquismo (1939-1948)", que han coordinado Lucila Aragó, José Mª Azkárraga y Juan Salazar. La publicación editada por la Universitat de València y la Politècnica consta de 12 capítulos. El número 2, dedicado a "El poder" y las "Jerarquies", obra de Andreu Ginés y Josep Sorribes, es el que refleja la anécdota del lienzo repintado.

Dos años después, el retrato del Generalísimo lo presenta con el uniforme militar, con las manos en las riendas, en una estampa más propia del Jefe del Estado.

Cuando a Franco le bajaron el brazo.

El cuadro ecuestre presenta al Caudillo con el brazo en alto, vestido con pelliza y capote, en una imagen que entronca bien con el mito franquista de la Raza y la Cruzada contra el Comunismo.

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