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El algoritmo de Yolanda Díaz

El ascenso a la Vicepresidencia y el futuro como cabeza de lista de Unidas Podemos de esta gallega sin ambición es posiblemente la menor de las últimas sorpresas en la política española

Yolanda Díaz posa para una entrevista con FARO hace un año. CARLOS PARDELLAS

Gobierno, patronal y sindicatos necesitaron cinco largos y tensos meses, alguna que otra amenaza de plante y el típico arreón final de una cita alargada hasta la noche para pactar el artículo y las dos disposiciones adicionales de la esperadísima ley de riders. Apenas un folio de texto que convierte a España en el primer país europeo con una norma laboral para las plataformas digitales, siguiendo las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la jurisprudencia del Supremo desde septiembre ante las variopintas sentencias de los juzgados de primera instancia y los tribunales superiores de justicia autonómicos. “Ha sido la negociación más dura y más larga de todas”, admitió la ministra Yolanda Díaz el pasado jueves, durante la presentación del octavo acuerdo del Diálogo Social en lo que va de legislatura para convertir a los repartidores en asalariados. Y eso que el resto, incluida la reforma de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) y sus cuatro prórrogas, acumulan muchos ruegos al consenso y la tranquilidad y horas de sueño de la abogada gallega, que pocos días después de ser nombrada calló muchas bocas y abrió otras cuantas también con el sello de la subida del SMI.

A la espera de que se den las circunstancias para un debate “mucho más sereno y pausado”, el futuro decreto deja fuera al resto del personal del sector, aunque sí incluye un giro inesperado de los acontecimientos por la obligación de entregar a los representantes de las plantillas “los parámetros, reglas e instrucciones en los que se basan los algoritmos o sistemas de inteligencia artificial” que las empresas usan para repartir encargos, premios y contratos entre los riders. Es casi una obsesión de Díaz. “Poner los algoritmos al servicio de los trabajadores”, insistía una y otra vez en una entrevista con FARO hace justo un año, cuando su ya meteórica trayectoria en el Ejecutivo de coalición multiplicaba las posibilidades de ser mucho más de lo que ella misma quiere.

La ministra Díaz en una comparecencia en el Senado. // Jesús Hellín

Son las 12.45. Mientras las tertulias y el universo paralelo de Twitter arden por el enésimo sobresalto en la contienda política, la ministra de Trabajo publica un mensaje sobre la reunión que acaba de mantener por videoconferencia con los colegas comunitarios: “Destacamos desde España la centralidad que debe tener el Pilar Europeo de Derechos Sociales y el Plan de Recuperación que profundiza en el trabajo de calidad, más igualdad y formación”. Poco después firma con su homóloga gala, Elizabeth Borne, la Declaración de Intenciones para la colaboración en el trabajo transfronterizo y la lucha contra la precariedad y la brecha de género al amparo de la XXVI Cumbre Franco-Española. En la apretada agenda de Díaz –“Está a lo que tiene que estar”, suelen decir sus colaboradores– se hace esperar el estruendo de la salida del Gobierno de Pablo Iglesias y el mensaje colateral.

Se va de candidato a las elecciones madrileñas y propone que la ministra le releve, tanto en la Vicepresidencia como en un futuro de cabeza de lista de Unidas Podemos a las generales. “Creo que digo algo que sienten millones de personas de izquierdas de España cuando digo que Yolanda Díaz puede ser la próxima presidenta del Gobierno de España”, asegura en un vídeo colgado en sus redes sociales. Solo cuando el revuelo parece medio digerido a última hora de la tarde, la otra protagonista de la historia habla. “En este último año he puesto todo mi esfuerzo en la protección del empleo y de las personas trabajadoras. A esta labor, siempre de la mano del Diálogo Social, se une ahora el reto de la Vicepresidencia. Será un honor seguir trabajando en este Gobierno y con Pedro Sánchez”, responde en un mensaje acompañado de una foto con el todavía líder de la formación morada.

"Será un honor seguir trabajando en este Gobierno y con Pedro Sánchez"

Yolanda Díaz - Ministra de Trabajo y Economía Social

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Esa imagen, en la que Díaz sale mirando a Iglesias, no es casual para alguien que siempre dejó muy claro que la amistad entre ambos diluyó su negativa inicial a entrar en el Gobierno. “Nunca quise ser ministra, aunque estoy muy orgullosa de serlo por una razón fundamental: el derecho laboral es lo que más me gusta y tener la oportunidad de cambiar la vida de la gente desde lo que me gusta hacer es una oportunidad única”, contaba a FARO a principios de marzo de 2020. Hubo que convencerla, a imagen y semejanza de esas eternas negociaciones que ahora encabeza desde el ministerio. Varias conversaciones y hasta un medio enfado. “Si Pablo Iglesias no fuera vicepresidente, yo no sería ministra –remarcó–. No estaría en ningún Gobierno en el que no estuviera él de alguna manera”.

AGE y el salto al Congreso

El secreto de esa admiración muta se remonta a la campaña de los comicios gallegos de 2012. Por mediación de la cúpula de IU, un todavía desconocido y pretertuliano Pablo Iglesias se convierte en asesor de AGE, la formación impulsada por la propia Díaz –concejala del ayuntamiento de Ferrol desde 2003 y primera teniente de alcalde entre 2007 y 2008– y el emblemático referente del nacionalismo gallego, Xosé Manuel Beiras.

Consiguen nueve diputados, suficientes para vislumbrar la nueva generación de la izquierda gallega con la oposición más combativa frente al PPdeG de Alberto Núñez Feijóo. El tándem Díaz-Beiras dejó los momentos más tensos en el mes y medio de comparecencias de la comisión de investigación por la desaparición de las cajas gallegas. Un puente de plata para situarse como segunda fuerza en O Hórreo con 14 escaños en 2016 y para el desembarco de la viceportavoz en el ruedo nacional como diputada tras la alianza con la antigua Podemos.

La herencia paterna

Yolanda Díaz se reivindica por encima de todo como “hija de trabajadores”. Lleva la vocación laboral y la ideología en el ADN, herencia confesa “y orgullosa” del histórico sindicalista de CCOO en Galicia y militante del PCE en la clandestinidad, Suso Díaz, que matiza las ausencias enviándole camisas de sello gallego, como la ministra contaba en un reciente reportaje en El País Semanal. Esos dos rasgos se convirtieron en su tarjeta de presentación en los perfiles de la mayoría de medios con sede en Madrid cuando la firma del acuerdo de coalición con el PSOE dio rienda suelta al algoritmo con las quinielas de ministrables. Su larga trayectoria en todos los niveles de la administración pasó al segundo plano frente al morbo de la “ministra sindicalista” o “una comunista para la cartera de Trabajo”. Lo primero le obligó “a rectificar las biografías que se hacían”. “Venía de un despacho profesional y quería respetar a los sindicalistas que sí lo son”, asegura. De lo segundo, aún mantiene el carné y una buena relación, pese a darse de baja en IU en 2019.

Basta un paseo por su Instagram para saber que el último piso del Ministerio de Trabajo donde vive está demasiado lejos del mar. Es una cita obligada en las escasas visitas a Galicia desde el inicio de la pandemia. En la última hace un par de semanas, Díaz recogió el Premio 10 de Marzo de CCOO. “Supone para mí un profundo orgullo que me permite celebrar en este día la memoria de la clase obrera gallega y el ejemplo de una lucha sindicalista que, desde 1972, impulsó la conquista de la democracia en este país”, agradeció, rodeada de varios miembros de su equipo, para muchos, empezando por la patronal y los sindicatos, el gran secreto de su éxito.

Díaz, junto al secretario general de CCOO Galicia y los otros dos premiados con el 10 de Marzo. // Xoán Álvarez

Cálida, emperrada en romper la distancia del cargo –“Soy Yolanda, que con tanto ministra se me va a borrar el nombre”, se queja–, pero tímida. Intensa en sus comparecencias en el Congreso y el Senado, especialmente a preguntas sobre la política industrial de Galicia, pero práctica y didáctica en las ruedas de prensa. Con el discurso más templado del ala morada de Moncloa. No hace falta que ella diga lo que le habrá costado aceptar este nuevo cruce de caminos porque su única ambición de verdad era regresar más pronto que tarde a su casa en Galicia con su marido y su adorada hija Carmela. No será porque el algoritmo no se lo advirtiera. “¿Quién sabe? ¿Por qué no?”, respondía Pablo Iglesias en una cita televisiva hace menos de un mes ante el cada vez menos secreto de un nuevo rumbo en el partido con Yolanda Díaz al frente.

El “alter ego” de Calviño y piropos a Feijóo, el “gran adversario”


El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de enero colocó a Díaz entre los ministros mejor valorados. Sacó un 4,6, igual que el entonces titular de Sanidad, Salvador Illa, por detrás de Margarita Robles (5,1) y Nadia Calviño (5). Con la otra vicepresidenta y ministra gallega protagoniza a menudo las crónicas de las dos formas de ver la gestión en el Ejecutivo de coalición. Díaz nunca ha soltado prenda públicamente, aunque de ella es la famosa expresión “de una misma partitura con diferentes músicos”. Defiende la “normalidad” de las discrepancias. Lejos de los habituales edulcorantes, la ministra de Trabajo no dudó en calificar de “dramáticos” los datos del paro del mes pasado. Y tampoco le costó alabar a uno de sus grandes enemigos políticos, con el que se llegó a elucubrar con un enfrentamiento en las urnas: “Un gran adversario”, dijo de Feijóo, que señaló a la ministra entre “lo más aceptable” del Gobierno.

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