Joaquim Torra dejó ayer la Presidencia como la asumió: haciendo de vicario de su antecesor, Carles Puigdemont, y llamando a los catalanes a unas nuevas elecciones plebiscitarias y a una "ruptura democrática, pacífica y desobediente". Torra dejó de ser president poco antes de las cinco de la tarde y todo iba sobre el guión previsto entre JxCat y ERC, que ultiman el pacto para la gestión de un Govern interino de cuatro meses, hasta que el contundente tono empleado por el ya expresident generó incomodidad en ERC.

Torra dedicó sus dos últimos actos a la investigación universitaria y al sector de los discapacitados. Y tras recibir la notificación de un funcionario del TSJC -vestido de forma bastante informal- en el Palau, convocó a un último discurso en el que no se cebó tanto en la sentencia como en un mensaje netamente preelectoral que sorprendió a ERC, el de la "confrontación inteligente" de Puigdemont, expresado en términos muy similares: "Preparémonos para la ruptura democrática, pacífica y desobediente", proclamó. Un "preparémonos" que sonó como el mensaje de su antecesor en el mítin de Perpiñán del 29 de febrero.

Torra no hizo otra cosa que reivindicarse y dar a entender que si por él hubiera sido, habría ido más allá en el desafío independentista.

El ya expresident lanzó dardos indirectos a ERC cuando citó la decisión del Parlament de no publicar las resoluciones contra la monarquía -decisión avalada por su presidente, Roger Torrent- y demostró el tono electoral de su intervención cuando pidió explícitamente que los comicios se conviertan en un nuevo "plebiscito" y en un nuevo mandato que ratifique el 1-O, algo que sus ya exsocios no suscriben.