03 de marzo de 2020
03.03.2020

PSOE y Esquerra intentan blindar el diálogo frente a la presión de Puigdemont

Los socialistas advierten de la coincidencia del expresidente catalán con Casado y ERC considera "irresponsable" renunciar a la negociación

03.03.2020 | 01:05

El multitudinario acto del expresidente Puigdemont en Perpiñán ha introducido un elemento de inestabilidad en una mesa de negociación entre gobiernos que no andaba ya sobrada de firmeza. Carles Puigdemont, y su capacidad por convocar a 110.000 personas, según la Gendarmerie, presentó sus credenciales como actor importante en los tratos entre el Estado y la Generalitat. El mensaje de total escepticismo, suyo, y vehementemente en contra, de Clara Ponsatí, dibujan una amenaza para el desarrollo de las conversaciones. Tanto ERC como el PSOE salieron ayer a blindar el futuro de la negociación ante ese escepticismo, aunque por motivos distintos.

Pedro Sánchez quiere identificar a Carles Puigdemont con el PP. La estrategia del jefe del Ejecutivo frente a los ataques del expresident al diálogo con la Generalitat pasa por insistir en que, en el fondo, su discurso no se encuentra a mucha distancia de Pablo Casado. Ambos, según esta versión, están en contra de la negociación política. El objetivo es que Puigdemont, al igual que Casado, acabe siendo visto por la inmensa mayoría de los catalanes como un dirigente "antipático", explican en el entorno del líder socialista, "que pone palos en la rueda del diálogo territorial".

El discurso del PSOE, plasmado ayer por su presidenta, Cristina Narbona, consiste en esforzarse en rebajar la influencia del expresident sobre el independentismo y al mismo tiempo reivindicar a Oriol Junqueras. La Moncloa asume que es harto improbable que Miquel Iceta, candidato del PSC, gane las próximas elecciones catalanas, aún sin fecha, así que sus esperanzas están depositadas en que, como coinciden en anticipar las encuestas, ERC se imponga en las urnas y alcance la presidencia de la Generalitat. Si se revalida el actual esquema, con JxCat mandando sobre los republicanos en el Govern, la mesa de diálogo, señala un importante colaborador de Sánchez, "podría saltar por los aires". Y con ella, la estabilidad de la legislatura española, donde ERC resulta imprescindible.

"No creemos que [las palabras de Puigdemont] vayan a modificar lo que está acordado en la mesa de diálogo. En ese acto todos los presentes tuvieron también ocasión de escuchar a Junqueras, que puso en valor la mesa", dijo Narbona tras la reunión de la dirección del PSOE. "Cuanto más chillen algunos contra esa mesa, más útil será. Cuantas más zancadillas pongan, más fuerte será nuestra apuesta por el diálogo . Y aquí entran tanto los que tienen una postura radical en el independentismo como quienes creen que no hay que hablar con el independentismo", insistió la exministra. Es decir, Puigdemont y Casado.

Posibilismo

ERC, por su parte, sigue con su apuesta de presentarse a los catalanes como el independentismo posibilista y dialogante. Y la mesa de negociación, fruto de su fuerza en el Congreso, es sin duda el bien preciado a proteger.

Por otro lado, los republicanos tienen detectado que los ataques a la posconvergencia repercuten negativamente en las encuestas, por lo que cabe evitarlos. La suma de ambos ingredientes dio forma a la intervención de su número dos, Marta Vilalta. La vicesecretaria adjunta, sin mentar a ningún orador del acto de Perpiñán, tildó de "irresponsable" una eventual renuncia del independentismo a la mesa, algo que aún no ha apuntado ninguna voz de JxCat. Respondiendo directamente a lo dicho por Ponsatí el sábado, Vilalta añadió que contraponer el diálogo y la negociación a la movilización ciudadana, como hizo la exconsejera es un error y llamó a mantener ambas vías activas: "Son las dos caras de la misma moneda", dijo. Por todo ello, y a pesar de que reconoció que la negociación será difícil, aseveró que la mesa no puede fracasar por culpa de la delegación catalana. Dicho esto, ni una crítica directa a la aparente contradicción que vive JxCat y Joaquim Torra, por ejemplo, quien el miércoles paseó por los jardines de la Moncloa y el sábado escuchó cómo se tildaba de "engañifa" lo que él había liderado. Vilalta señala que "no es una buena idea, es un error, contraponer el diálogo con el Estado a la movilización, son instrumentos complementarios para avanzar hacia la consecución de la república catalana, y ambas cuestiones son totalmente compatibles".

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