Jornada de infarto en el aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas de Madrid, tras cerrarse al servicio por la intrusión de drones, uno de los primeros aviones en despegar, a las tres menos cinco de la tarde, fue un Boeing 747-300, el vuelo AC837 de Canadian Air, con destino a Toronto y 130 pasajeros y tripulantes. El piloto reportó, poco después de despegar, que tenía problemas técnicos y tenía que regresar. Se iniciaban así cuatro horas de angustia, mitigadas por la llamada a la calma del piloto.

El avión había sufrido el reventón de una rueda, que afectó a uno de sus dos motores. Estos daños abocaban al avión a un aterrizaje de emergencia. Como indica un experto, "cuando un avión despega, lleva un peso muy superior al aconsejable para aterrizar, por lo que en estas situaciones hay que quemar el combustible". Y eso es lo que hizo el piloto canadiense, sobrevolar primero las inmediaciones del aeropuerto, para luego realizar giros más al Sur y al Este, en Toledo y Cuenca.

Un caza F-18 despegó de Torrejón para comprobar los daños del avión in situ y acompañarlo. Primero se pensó en la posibilidad de un aterrizaje en el aeropuerto militar, pero finalmente el piloto se dirigió hacia la pista 32L de Barajas, tomada por las unidades de emergencia (seis de Bomberos y diez uvis móviles).

El aterrizaje se realizó sin mayores problemas y con los pasajeros y los tripulantes sanos y salvos.

"Este tipo de aviones puede aterrizar sin problemas sin una rueda, y sin un motor". El problema de perder una rueda es que "se pierde un freno", esencial para el aterrizaje, dicen los expertos.

El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, presente en el aeropuerto durante la emergencia, anunció la apertura de una investigación, asimismo, el presidente del Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (Sepla), Óscar Sanguino González, quiso valorar "la profesionalidad de pilotos, controladores, Cuerpos de Seguridad del Estado, servicios sanitarios y personal de aeropuerto" tras una "dura jornada en Barajas".