Los negociadores socialistas tenían tachada en rojo la semana que ahora acaba. Sentados al otro lado de la mesa, los republicanos les habían advertido que no podrían sellar ningún pacto durante estos días. La manifestación de Tsunami Democràtic el pasado miércoles, la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que el jueves reconoció la inmunidad de Oriol Junqueras en contra de las tesis del Tribunal Supremo, y, sobre todo, el congreso de ERC, ayer, hacían imposible escenificar un acuerdo para que Pedro Sánchez fuese investido presidente con la abstención del partido independentista. Ahora que todas estas citas han pasado, el PSOE se prepara para acelerar las negociaciones e intentar firmar la alianza cuanto antes.

Si es a principios de semana, mejor. En la Moncloa creen que todavía están a tiempo de que el jefe del Ejecutivo en funciones sea reelegido antes de que acabe el año, en una segunda votación en el Congreso el 30 de diciembre.

Los republicanos enfrían las expectativas. Contestan que eso solo se daría si nada sale mal en los próximos días: los socialistas tendrían que contentar a ERC con su oferta definitiva de una mesa de negociación sobre el "conflicto político" en Cataluña, una propuesta que tendría que ser validada por Junqueras desde la cárcel de Lledoners, por Marta Rovira desde Ginebra (adonde huyó para evitar ser juzgada por el Supremo) y por el consejo nacional del partido.

Más allá de los ritmos de ERC, de las declaraciones cruzadas y de los anuncios de los republicanos de que la negociación quedaba momentáneamente congelada debido al fallo sobre Junqueras, el puente nunca se ha roto. Esta semana era inútil para anunciar el pacto, no para negociarlo. Y se ha seguido negociando, hasta el punto de que en el PSOE y en una parte de ERC se considera que el acuerdo ya está muy cerca de fraguarse.

A falta de detalles, el PSOE propondrá una mesa de negociación entre Gobierno y Generalitat sobre la crisis territorial que no dependa del Estatut. Es decir, será un órgano distinto a la comisión bilateral, que emana de la ley fundamental catalana y está pensada para abordar cuestiones mucho más concretas y de menor relevancia política, como transferencias y conflictos de competencias.

Si se acaba plasmando, los republicanos consideran que se habrán apuntado un tanto, mostrando que su vía posibilista, al contrario que la de JxCat, logra frutos tangibles y sirve para negociar con el Estado. Pero la apuesta no está exenta de riesgos para ERC. Una parte de sus bases no termina de comulgar con la estrategia.

En el PSOE las aguas tampoco correrán tranquilas tras el acuerdo, si llega a alcanzarse. No es solo que Sánchez haya acabado abrazando una coalición con Podemos que depende del independentismo, una fórmula que rechazó hace solo unos meses y que motivó, según dijo entonces, la repetición de elecciones. Un sector del partido (a la cabeza están los presidentes de Castilla-La Mancha y Aragón, Emiliano García Page y Javier Lambán, respectivamente) lleva semanas mostrando su malestar por las negociaciones y la opacidad que las rodea.

Dentro de esta tendencia a no dar ninguna explicación, Sánchez romperá en los próximos días con dos tradiciones de la política navideña: no hará rueda de balance del año ni ofrecerá un cóctel en la Moncloa